Revista de la Universidad de México
UNAM
NUEVA ÉPOCA NÚM. 100 JUNIO 2012 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Entrevista con Carlos Fuentes:
Palabras que marcan

Guadalupe Alonso y José Gordon
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¿Cómo se rescata la vida y la obra de una persona en unas cuantas palabras? ¿Cómo se comunican los mapas de una memoria, de una respiración, un ritmo verbal, una manera de asomarse al mundo?

Para ir más allá de un resumen se requiere del arte que permite esencializar una historia. Éste es el ejercicio que realizó Carlos Fuentes al tratar de descubrir las palabras que lo marcaban. En el libro En esto creo, Fuentes subrayó 41 palabras que le intrigaron profundamente: amor, amistad, Buñuel, celos, Dios, Faulkner, izquierda, libertad, México, mujeres, y novela son algunos de los  términos que configuraron el mapa de su geografía espiritual, el credo del escritor.

Tuvimos la oportunidad de conversar con Fuentes en varias ocasiones para explorar las partículas elementales de su pensamiento, las palabras que lo definieron, las imágenes que lo rondaban, los fantasmas que le acechaban. Su curiosidad no tenía límites. Lo escuchamos cantar con alegría algunos fragmentos de ópera. Nos habló emocionado de sus aventuras con García Márquez, Julio Cortázar y Milan Kundera en Praga. Nos habló de sus lecturas del entorno internacional, de sus encuentros con Bill Clinton y Mitterrand y de las novelas sobre las que charlaban en la sobremesa.

Abrió su pensamiento en torno al problema de la espiritualidad: le comentamos que en unos pasajes de los libros Las buenas conciencias y Los años con Laura Díaz era notoria una preocupación religiosa. Sus ojos se encendieron con entusiasmo y picardía: “¡Qué bueno que me preguntan sobre este tema! Nadie se atreve a hacerlo porque piensan que soy un ‘comecuras’. Y sí, lo soy. Pero de los curas poblanos. Los curas jarochos me encantan. Tengo una religiosidad emparentada con la de Luis Buñuel y pienso, con Malraux, que el siglo XXI será religioso o no será”.  

Carlos Fuentes nos habló de su ambición de crear la novela Aleph, la novela total, esa que se dibujaba cuando nos contaba de los colores que dominaban en las distintas escenas de los libros o los sonidos que producían los vestidos de los personajes literarios al rozar el piso de madera. La percepción sutil de Fuentes se acompañaba de un ritmo de expresión  intenso tanto en su narrativa como en su manera de hablar, de mover las manos y bracear en  el aire de la imaginación. En esta conversación queda un testimonio de las imágenes y las palabras que lo marcaron y de las palabras invisibles detrás de sus palabras.

Carlos Fuentes con Luis Buñuel, México, 1979

Con Luis Buñuel, México, 1979

Milan Kundera decía que un personaje está cifrado en unas cuantas palabras básicas alrededor de las cuales gira su vida, hablemos del proceso que se dio para identificar algunas de ellas en el libro En esto creo.

Milan ha propuesto a la novela como el sitio de preferencia para presentar a un ser humano como problema, eso es todo lo contrario de la simplificación que se hace en los medios periodísticos. La novela no puede existir sin el personaje problemático. Ese fue el impulso inicial de este libro: presentarme y presentar al mundo como interrogante. No es simple, no es fácil, no está dada la respuesta y eso es lo que lo hace interesante.

Hay palabras que no están dentro de este abecedario pero que se desplazan subterráneamente, como hipervínculos, de un texto a otro. Este es el caso de la palabra atención.

Eso es para mí el eje del libro. Veo mi vida, veo la historia, veo lo que me circunda y siento que por lo menos la mitad de los problemas que hay en el mundo provienen de la falta de atención, del hecho de que no le prestamos atención al otro, lo abandonamos y un día nos decimos: “¿Por qué lo dejé pasar, por qué no le di la atención debida a esa persona?”

Esos reclamos de atención nos rodean y nos asedian políticamente, amorosamente, intelectualmente. Son muchos y hay que seleccionar, es cierto, pero el hecho mismo de saber prestar atención creo que constituye el eje de la bondad de una vida. Atención, sería para mí el subtítulo del libro: En esto creo o la atención.

En Viendo visiones, un libro que escribí sobre pintores, sobre arte gráfico, hay un pequeño preámbulo que dice que prácticamente en cada página, el lector se va a encontrar con dos artistas: Piero della Francesca y Diego de Velázquez. A veces van a estar presentes en el centro del escenario, a veces entre bambalinas, a veces en platea, pero están ahí porque ellos son los que me guían a través del laberinto del arte que estoy analizando: desde el Giotto hasta José Luis Cuevas y Toledo. De manera que hay siempre palabras clave en un libro –sobre todo en un libro de esta naturaleza-- que constituyen el lazarillo del libro, el guía del libro, el Virgilio del libro para ir al cielo, al purgatorio y al infierno.

Nos interesa saber de las palabras que descartaste, aquellas que estuvieron a punto de entrar y que finalmente no entraron.

Con la zeta tuve algunas dificultades. No sabía si poner Zapata o zapato, tenía varias posibilidades, pero me decidí por la zebra porque estoy convencido que es un animal mitológico. El hecho mismo de que la zebra originalmente, como se ha comprobado, era una especie de caballo que sólo tenía rayas en la cabeza y el pecho y luego empezó a desarrollar las rayas que le faltaban, lo convierte en un ser muy misterioso, en un ser de la literatura fantástica. Como nos dijo Borges, la teología es una rama de la literatura fantástica, de manera que por el rumbo de la fantasía también se llega a Dios.

Precisamente, salta a la vista que la palabra Dios en tu diccionario adopte la forma de un diálogo. ¿Por qué?

Para mí el origen de todo pensamiento es Platón. Él no se atreve a proponer una tesis abstracta o una tesis solitaria, aislada, todas las tesis se dan en diálogo.

Desde mi punto de vista, el origen de la crítica literaria está en el Cratilo de Platón, donde se reúnen Sócrates y otras dos personas para discutir lo que es un nombre; uno dice que es algo puramente convencional, el otro señala que el nombre es inherente a la naturaleza de las cosas. Sócrates disputa y nos dice que el nombre es la relación entre las cosas, nombramos porque las cosas se relacionan.

Dios no sabe que lo llamamos Dios, no tiene la menor idea o puede que sí porque lo sabe todo, pero en fin, lo llamamos Dios sin pedirle permiso. De manera que mi gran pasión por Platón y por el diálogo socrático se da porque mina la teología impositiva que ha rodeado a todas las religiones para imponer la noción de Dios de una manera prácticamente totalitaria y excluyente del diálogo: “Nosotros sabemos lo que es Dios, ustedes no, siéntense, hínquense y adórenlo”.

Contrapongo en este libro esa idea de Dios a la figura de Jesús,  porque Jesús realmente es el hombre que nos acerca a la posibilidad de lo divino. Nos dice: Dios no es todos los hombres pero todos los hombres pueden ser Dios. Siguiendo esta conducta, esta vida, hay la posibilidad de la dimensión sagrada en todo ser humano. Esto me parece extraordinario y totalmente contrario a la locura dogmática del Dios impuesto, del Dios invisible, el Dieu cache, como lo nombró Pascal.

Esta encarnación o esta posibilidad que da el ejemplo de un hombre oscuro nacido en un pequeño pueblo de Palestina, me parece que marca lo que son mis preocupaciones en el terreno religioso.

Esto se relaciona también con Wittgenstein, en la W de este alfabeto, cuando se refiere al cristianismo como una fe que no es sólo “un creer sino un hacer”.

Sí. Cuando hablo de Wittgenstein, hablo de cuatro filósofos que me importan mucho porque no crean sistemas cerrados, grandes prisiones de hierro con candados. Hegel, Marx, el positivismo y hasta Kant, son enormes estructuras, parecen cárceles, fortalezas, castillos de Kafka. Tienes el temor de que una vez que entras ya no vas a salir más de ahí.

En cambio, existe la filosofía como diálogo, como acercamiento dubitativo, conflictivo, que para mí está en Platón, está en Pascal, está en Nietszche y, sobre todo, en Wittgenstein quien llega a algo que me importa mucho como escritor: la idea de que hay un momento de silencio de la lógica, hay un momento en que la filosofía no tiene nada qué decir, debe guardar silencio y darle la palabra a la poesía y al arte.

LA IMAGINACIÓN Y EL PODER

Se trata de darle entrada a la imaginación, otra palabra presente en todo el libro aunque no forma parte de este abecedario.

Sin la imaginación y el lenguaje yo creo que no hay literatura y no hay sociedad, finalmente. Yo diría que tanto en la política como en la vida social, si no hay imaginación y no hay lenguaje, nos exponemos a las peores aberraciones, desastres, catástrofes, como lo estamos viendo en este temible siglo XXI al que hemos entrado.

¿Por qué cuando una dictadura totalitaria llega al poder lo primero que hace es atacar a la palabra, tratar de apropiarse de las palabras? La propiedad de la palabra es para mí lo que define en gran medida la realidad, porque la palabra o es de todos o no es de nadie y cuando el poder cree que se apodera de la palabra es cuando deja de ser dueño de la palabra, privándosela a los demás.

Ese es el gran descubrimiento de Franz Kafka, a quien considero el principal escritor del siglo XX, a él dedico un capítulo. Lo que describe Kafka es un proceso en el cual el poder se desnuda a sí mismo apropiándose de lo que no le pertenece y en consecuencia espantando a todo el mundo.

Al hablar de la palabra novela, contrapones la literatura al poder, es recurrente tu fe en la palabra, en la necesidad de nombrar ya que, de otra manera, el silencio, el rumor y la furia impondrían su oscura soberanía.

Carlos Fuentes con Vera y Milan Kundera y Silvia Lemus, Paris, 1975

Con Vera y Milan Kundera y Silvia Lemus, París, 1975

 

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Guadalupe Alonso

Periodista y traductora. Se desempeñó como directora de noticias y productora de programas culturales en Canal 22. Es subdirectora de información de TVUNAM, donde coordina y conduce, junto con Ignacio Solares, el Programa de la Revista de la Universidad de México.

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