Revista de la Universidad de México
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NUEVA ÉPOCA NÚM. 100 JUNIO 2012 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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A través del espejo
Suave entrada del verano

Hugo Hiriart
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Aterricé en Nueva York el 20 de abril.

El historiador y político Arthur Schlesinger Jr., cuyos diarios me encontré al llegar y estuve  ojeando de pie, aseveró poco antes de morir que el presidente que en toda la historia de Estados Unidos ha mezclado más y con mayor energía la política con la religión ha sido George W. Bush. Deplora, claro está, como toda persona ilustrada y cuerda, la manipulación política del fervor religioso, manipulación que conduce siempre al fanatismo y la atrocidad (como en la repulsiva película Cristiada, reciénestrenada allá en México). En Estados Unidos, país liberal por excelencia, en su constitución, donde está citado John Locke, es obsesiva la defensa de dos libertades: la religiosa y la del individuo frente al poder del Estado. La segunda, en cierta medida, fue vulnerada por Bush con las leyes de emergencia, nacidas, se supone, para combatir el terrorismo. Los prisioneros en la cárcel de Guantánamo, por ejemplo, recluidos sin acusación, condena ni juicio alguno, en un espantoso limbo jurídico.

Pero dejemos esa memoria triste. La vida aquí en Nueva York sigue apareciendo ante el visitante curioso llena de toda clase de estímulos deleitosos. De los que, por desgracia, no voy a hablar.

El verano se anuncia con un discreto “mejor tráete un suéter porque está haciendo fresco”. Lo que es reconstituyente. Aunque los calorones no han llegado, la temperatura por primera vez en meses alcanza sesenta grados al mediodía. Y claro, es delicioso deambular por las amplísimas aceras de la ciudad y sentir en la noche el soplo refrescante del viento del río. Así pues, no hay ninguna violencia en la entrada del verano, todo es suave, ligero, cordial.

Y con el verano inminente recuerdo al azar que Lolita cumplió ya cincuenta años. Lolita, la eterna impúber, la preadolescente, es ya una obesa cincuentona, galana otoñal, como se decía de Rossano Brazzi. La extraordinaria novela de Nabokov se ha establecido como éxito definitivo de público y crítica. “La única historia de amor convincente de nuestro siglo”, afirmó en su momento la revista Vanity Fair.

Plaza Verdi, Nueva York

No fue siempre así, su arranque fue vacilante. Primero, como Madame Bovary, Ulises o El amante de Lady Chatterley, tuvo el honor de ser perseguida judicialmente. Las principales editoriales americanas le cerraron las puertas: Viking, Simon & Schuster, New Directions, Farrar, Straus, y Doubleday se negaron a publicarla por temor a consecuencias judiciales. Por tanto, la publicación que se conmemora es la benemérita de París, dada a la estampa por Olimpia Press, de tapas verdes, editorial que había publicado a Miller y Genet. Nabokov pensó publicar la novela oculto en el seudónimo de Vivian Darkbloom, que es anagrama de Vladimir Nabokov, pero Laughlin, poeta, director de New Directions, le recordó que el estilo del libro es tan inconfundiblemente nabokiano que es inútil tratar de esconderlo. El libro publicado en París fue descubierto por Graham Greene que lo divulgó declarándolo una obra maestra.  Cuando la novela fue acusada de pornográfica, Nabokov se defendió ante el juez usando un argumento de preceptiva literaria: en las obras pornográficas, explicó Nabokov, las escenas eróticas deben ir en aumento de audacia e intensidad de principio a fin. En Lolita todas las escenas eróticas se concentran en la primera parte, la segunda es blanca por entero, en consecuencia, dado que contraviene la regla, no se puede decir que la novela sea pornográfica.

Es domingo, mucha gente pasea lenta, despreocupadamente, por las calles, aun en la Plaza Verdi, frente adonde vivo, todos los bancos de piedra están ocupados, también los perros tienen su día de salida, perros finos, galgos aerodinámicos, bulldogs señoriales, y perros corrientes, con collar y correa, bien alimentados y llenos de mimo. Y claro, descuellan, ante los ojos mexicanos, los solitarios, solitarios de todas las edades, pero sobre todo viejos y viejas, ancianos que deambulan, arrastrando su existencia, en penoso aislamiento, como un fardo ya muy pesado de levantar. 

Es curioso el desfile de lo que va apareciendo en la mente cuando andamos divagando.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hugo Hiriart

Nació en la Ciudad de México el 28 de abril de 1942. Narrador, dramaturgo, guionista y ensayista. Estudió filosofía en la FFyL de la UNAM. Ha sido director y productor del Teatro Santa Catarina y director del Instituto de México en Nueva York.

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