Revista de la Universidad de México
UNAM
NUEVA ÉPOCA NÚM. 100 JUNIO 2012 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Para leer a Fuentes

Julio Ortega
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Pero, ahora, en los primeros balances, creo que la figura del intelectual público, que vivió como una vocación de servicio, limitó el acceso a su obra, que en los últimos años fue leida, simplificadoramente, como un subproducto de la crisis mexicana, que es la crisis del proyecto moderno en cada una de sus promesas. Es cierto que el intelectual público satura el espacio de la atención con sus opiniones, al punto de que se suele dar por leídos sus libros, lo que es una paradoja de las comunicaciones actuales. Hay varias zonas de la obra de Fuentes que cada lector puede explorar para encontrar, a su suerte, con cuál de ellas sintoniza mejor. Fuentes, se diría, inventó en cada libro a su lector, al operador de ese libro, que se enciende con el manual de lecturas que la novela misma incluye. Por eso, pienso que ahora lo más importante es dejar libre al lector entre los libros de Fuentes, para que sean leidos como lo que son, grandes proyectos de ficción, laboratorios de transformar el tiempo histórico en tiempo narrativo, en cuento, en lenguaje ficticio capaz de revelar las verdades que nos definen como laboratorio de lo moderno, de la mezcla y la creatividad. No escribió dos novelas iguales porque siempre buscó a un nuevo lector, forjado por cada lectura, desplegada sobre el porvenir, sobre la página siguiente y la siguiente, como un calendario de leer donde somos el tiempo que hemos leído.

Por lo demás, he llegado a creer que Carlos Fuentes practicaba una irrestricta novelización; la cual nos incluye y, en la lectura, nos toca descifrar. Nos ha dado un papel en las operaciones de la leer, y varias veces me ha parecido encontrarme en la prensa capítulos de una novela que Fuentes no ha escrito aún. Es el caso de ciertos políticos mexicanos, que parecen estar buscando su lugar en alguna página apocalíptica y jocosa de Cristóbal Nonato. Por lo demás, casi todo lo que escribe habría que leerlo como la saga de un relato que convierte a la historia en ficción, a la política en esperpento, a la biografía en enigma, y a la novela misma en el discurso que hace y rehace nuestro tiempo como si pudiese ser otro, siempre en proceso de configurarse, y a punto de ser más libre. Leer a Fuentes es exceder límites, cruzar fronteras, ensayar la hibridez, y reconocer, entre esos umbrales, un nuevo espacio de reconstrucciones. Comunica una energía inquieta, una complicidad tan imaginativa como crítica.

Portada Retrato de Carlos Fuentes

Por eso, todo encuentro con Fuentes y su obra ocurre en una temporalidad paradójica, hecha de varias instancias y destiempos. Su "Edad del Tiempo," el reordenamiento de sus novelas en la Editorial Alfaguara, incluye a la historia (curso temporal) y al mito (decurso de las edades); pero como se rehúsa al orden cronológico en que fueron escritos esos libros, noveliza también nuestra lectura. Así, propone que esos libros empiezan con Aura ( donde un joven lector, historiador de oficio, traduce las memorias que lo reemplazan en una historia sin edad) y culminan con "Las dos Américas" de El naranjo (esto es, con un Cristóbal Colón reescrito, cuyos diarios de abordo serían la primera novela del boom latinoamericano). De modo que si esta obra no se ordena por la cronología de la escritura y mucho menos por la histórica es porque organizan otra temporalidad, hecha de anticipaciones y anacronismos, consumando y consumiendo los escenarios de su energía empática y su traza barroca.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Julio Ortega

Nació en Casma, Perú, en 1942. Crítico, ensayista, profesor, poeta y narrador.
Estudió Literatura en la Universidad Católica en Lima. Emigró a Estados Unidos como profesor visitante en las Universidades de Pittsburgh y ...

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