REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE MÉXICO
UNAM
NUEVA ÉPOCA NÚM. 100 JUNIO 2012 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
Artículos   >>>   Vicente Quirarte

El nacimiento de Fuentes

Vicente Quirarte
citar artículo PDF
aumentar letra disminuir letra

La región más transparente es la última de las novelas de la Revolución mexicana, y la primera en que Fuentes hace la anatomía de ese gran experimento social, prolongado, accidentado y contradictorio. A explorar los múltiples caminos y mitificaciones de esa revolución que ha sido calificada de diferentes formas –continuada, traicionada, interrumpida– Fuentes dedicará varias obras posteriores. Amplificará notas, temas, atmósferas. Por eso no es exagerado decir que La región más transparente es el nacimiento de Carlos Fuentes: respuesta tan inmediata por parte de sus lectores hace más amplio y evidente el horizonte de expectación de nuestro autor: La muerte de Artemio Cruz profundiza en el retrato de Federico Robles como símbolo de la Revolución transformada; Gringo viejo, la vida imaginaria de Ambrose Bierce y su desaparición en el fragor revolucionario; Agua quemada, la biografía fragmentada pero unitaria de una ciudad que cambia con sus personajes pero que en el fondo permanece inalterable.

¿Por qué titula Fuentes su obra La región más transparente? La expresión había sido forjada –rescatada o prestigiada– en 1917 por Alfonso Reyes como declaración de principios o invitación al viaje al frente de su Visión de Anáhuac, texto escrito tres años después de la muerte de su padre, ese 9 de febrero de 1913 en que se convierte en la primera víctima visible de la Decena Trágica. Reyes escribe en el exilio y con la firme voluntad de exorcizar fantasmas de la venganza y el rencor. Síntesis del paisaje que ojos extranjeros tuvieron de nuestra antigua tierra y de cómo la imaginación y la realidad fueron delineando los contornos de un paisaje que es inevitablemente nuestro. A esa expresión llegó Reyes luego de varias generaciones de propios y extraños que habían dejado testimonio de su admiración por la transparencia inverosímil del aire. Thomas Gage, en su libro A New Survey of the West Indies, aparecido en 1648, al tener a la vista la Ciudad de México, exclama: “Nos pareció que la íbamos a tocar con la mano si bien distaba todavía la llanura donde está situada casi diez millas del pie de la montaña”. Dos siglos más tarde, Charles Robert Latrobe, autor del libro A Rambler in Mexico (1836), y quien habla de México como una ciudad de palacios, elogia “una gloriosa mañana en que el brillante sol iluminaba las fachadas de los edificios como plata y esmalte”. Todavía en el México de los años veinte, la revista Ulises incluía la publicidad de los cursos de verano ofrecidos por la Universidad Nacional, y exaltaba la belleza de una Ciudad de México desde cuyas calles podían observarse los volcanes nevados. En estas lecturas del país y la ciudad capital a través de los siglos, México era Casi el paraíso (1956), título de la novela de Luis Spota donde, al igual que en la obra de teatro El gesticulador de Rodolfo Usigli, estrenada en el significativo 1937, un año antes de la expropiación petrolera, la simulación es el secreto para la supervivencia, sin importar los medios que se utilizan. “Dame clase y te doy lana. Dame lana y te doy clase” será una de las frases repetidas por los personajes de la novela.

Portada Inquieta compañía, Carlos Fuentes

Al elegir la frase de Alfonso Reyes para dar título a su novela, Fuentes está trazando la tesis que habrá de sostener su propuesta ideológica y narrativa. La Ciudad de México se levantó en una zona fatal en su asiento pero gloriosa en su clima, su cielo. “México en una laguna” es el título de uno de los capítulos. Tierra enfangada, vacilante, veleidosa. Transparencia del aire que no garantiza la transparencia de sus pobladores, amantes del disfraz, urgidos por hacer de los suyos días enmascarados, por aparentar, por buscarse sin encontrarse, por no dejar de luchar ni siquiera en el aparente estatismo y pasividad de los personajes y situaciones. “Primavera inmortal y sus indicios”, dijo Bernardo de Balbuena en 1605. La frase aparece interpretada de diversas maneras en la obra de Fuentes. De manera particular, la ve como símbolo del estatismo, de la incapacidad mexicana para cerrar ciclos y cambiar de territorio.

“En México no hay tragedia: todo se vuelve afrenta”, dice el preludio de la novela. A lo largo de ella el lector va a encontrar constantemente esas frases críticas y acres. ¿Amargura? No, lucidez y creatividad. “No ha habido dolor ni derrota ni traición comparables a los de México”. Una frase tan lapidaria sólo puede ser dicha por un mexicano y aun así el castigo viene, inevitable y terrible. “A mí nadie me mira así”. Manuel Zamacona es asesinado por un hombre que siente como afrenta la manera en que su prójimo lo mira. 

citar artículo PDF
Vicente Quirarte

Nació en la Ciudad de México el 19 de julio de 1954. Poeta, narrador y ensayista. Estudió la Maestría en Lengua y Literaturas Hispánicas y en Letras Mexicanas, y el Doctorado en Letras en la FFyL de la UNAM.

Leer más   »
Secciones de la Revista
Sitios de interés