Revista de la Universidad de México
UNAM
NUEVA ÉPOCA NÚM. 100 JUNIO 2012 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Una biografía en el sombrío siglo XX

José Woldenberg
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Batia Cohen ha escrito un libro con nervio, pasión e inteligencia. Un libro emocionante, vivo, reflexivo. La reconstrucción de una historia singular que bien puede ejemplificar la tragedia que vivieron los judíos durante la Segunda Guerra Mundial en la zona que hoy ocupan Polonia, Lituania, Bielorrusia. Fruto de sus conversaciones en México con una sobreviviente del holocausto, Szura Pupko; de una investigación profunda sobre los acontecimientos de aquella época negra, de una sensibilidad capaz de ponerse en los pies del otro y de un talento narrativo al mismo tiempo crispado y meditabundo, Una amapola entre cactus es un testimonio descarnado de todo aquello de lo que es capaz la naturaleza humana. Una recreación del infierno en la tierra. Y también de la voluntad de vivir.

El relato es una remembranza, un intento por preservar la memoria, un esfuerzo por descifrar aquel apocalipsis que trasmutó la vida en un campo de terror y exterminio. Szifra Bernstein —primer nombre de la protagonista— nace el 7 de noviembre de 1914 en Vilno, entonces Polonia. Europa está en guerra y su vida será marcada por ese acontecimiento y por la Segunda Guerra. Su madre muere menos de un año después, por lo que la niña va a vivir con sus abuelos maternos a Anyksht, Lituania. Se convierte así en hija de sus abuelos y la imposibilidad de cruzar las fronteras hará que no sea hasta los doce años de edad que conozca a su verdadero padre.

La zona es el espacio de la cultura idish que se reproduce en medio de la convivencia y segregación con “otros”. Lituanos, polacos, rusos, alemanes habitan ese espacio, y las comunidades judías pueden un día ser parte de Alemania y al otro de la Rusia zarista, de una Lituania independiente o de una Lituania anexada. Pero en el ambiente flota y de pronto estalla la pulsión antisemita, los pogroms, que arrasan con escuelas, casas, sinagogas y por supuesto personas, en actos de venganza irracional contra aquéllos a los que se considera portadores de todos los Males. El miedo, entonces, es parte del ambiente en el que transcurre la vida cotidiana y, por ello mismo, no es difícil entender la emergencia de muy diferentes proyectos de emancipación judía: desde el sionismo con todas sus coloraciones hasta el comunismo ortodoxo, desde las corrientes ilustradas que propician la asimilación hasta el Bund que intenta preservar la cultura judía en el marco de un programa socialista.

Portada de "Una amapola entre cactus" de Batia Cohen

Pero ése, en todo caso, es el marco general. Batia Cohen reconstruye la trayectoria de una persona —en singular— y eso emparenta al testimonio con una novela. Las relaciones cálidas con sus abuelos/padres, el reencuentro por carta primero y luego físico con su verdadero y lacónico padre, su madrastra, su media hermana; su asistencia a la escuela, las festividades religiosas. Entiendo que la primera entrevista entre la autora y la protagonista se dio cuando esta última tenía ochenta y cinco años y a partir de entonces se sucedieron los encuentros. Se trata de la añeja pulsión por mantener la memoria viva, por intentar que el pasado no se borre por completo, por darle a la vida un sentido que sólo puede extraerse de las historias de quienes nos precedieron. Y en ese sentido el libro cumple —y con creces— lo que promete.

El testimonio es conmovedor porque reconstruye al mismo tiempo las aventuras/desventuras de una niña/joven/mujer y el desarrollo y altibajos de su propia subjetividad. No es sólo la narración de episodios que en sí mismos tienen una enorme expresividad, sino que también incluye la sensibilidad, los valores y la inteligencia de la protagonista que va modulándolos. Ejemplos: el paso clandestino a Polonia para reencontrar al padre, la deportación en un tren cuyo destino final son los campos de exterminio y del que salta para salvarse o la incorporación a un campamento de la resistencia judía, en sí mismos podrían dar para una saga de aventuras. Sin embargo, Batia Cohen, al utilizar la primera persona del singular para narrar, al transformarse en la propia Szura, combina los acontecimientos y la reflexión, la sensibilidad, la calidez.

La protagonista llega a Vilno, entonces Polonia, con su padre. Se trata de una gran ciudad, de un espacio donde conviven dos o tres mundos separados. En el gueto judío se encuentra la Gran Sinagoga “capaz de albergar a más de cinco mil creyentes”, diversas instituciones religiosas, pequeños comercios, mercados, un universo que vive y palpita en idish. Ella, que procedía de un pequeño shtetl,queda arrobada por el bullicio, el movimiento, la febril actividad. Pues bien, la tragedia mayor de la Segunda Guerra Mundial, lo sabemos, fue el exterminio de ese mundo. Si bien Hitler y sus secuaces fueron al final derrotados, el nazismo se alzó con un triunfo: el mundo judío de esa zona, que hablaba y se reproducía en idish, fue barrido. Un solo dato: si en 1939 había en Polonia alrededor de tres millones de judíos, hoy subsisten alrededor de mil. Y el idish, aunque duela decirlo, es un idioma en extinción.

Batia Cohen opta, con razón, por mezclar la vida privada e incluso íntima con la vida pública de Szura. De esa manera el personaje se vuelve multidimensional, querible, entrañable. Sus dos amores son Judko Eksztejn, que migrará hacia Palestina, y Sioma Pupko, con quien se casará, vivirá los más difíciles episodios para finalmente establecerse en México. Esas evocaciones personales, en ocasiones cándidas y en otras calculadoras, hacen del relato una especie de caleidoscopio en el que el entorno explica muchas de las decisiones de Szura, pero también cómo sus “apuestas” van construyendo o modificando su propia historia.

Szifra, cuando se casa con Sioma, se incorpora a una vida desahogada en la que no faltan los lujos. A su nueva familia su propio nombre le parece vulgar, por lo que la transforman en Szura. La recreación de las relaciones familiares, ese microclima, cargado de solidaridades y tensiones, de intrigas y rencores sordos, es otro de los hallazgos del texto. Nada de idealizaciones vanas, de papilla sentimentaloide, mejor un trazo duro pero comprensivo. La existencia de Szura previa a la guerra, colorida, optimista, despreocupada, se convierte en un alto contraste con lo que sucederá después. Y hace aún más dolorosa la traumática mutación que significó la guerra.

 

José Woldenberg

Nació en 1952, en Monterrey, Nuevo León. Es licenciado en Sociología, maestro en Estudios Latinoamericanos y doctor en Ciencia Política por la UNAM. Es profesor de la Facultad de Ciencias Políticas, miembro del Sistema Nacional de Investigadores y fue director de la revista Nexos.

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