Revista de la Universidad de México
UNAM
NUEVA ÉPOCA NÚM. 102 AGOSTO 2012 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Graham Greene
La presencia del mal

Helena Díaz Page
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El escritor británico Graham Greene, autor de novelas tan aclamadas como El poder y la gloria y Nuestro hombre en la Habana, entre otras, es menos conocido en español como cuentista. Helena Díaz-Page se sumerge en el cuento “The End of the Party”, una fábula sobre el mal y el pecado en la tradición de Henry James y Edgar Allan Poe.

De acuerdo con Paul O’Prey, los primeros cuentos de Graham Greene son considerablemente menos ambiciosos que sus primeras novelas, no sólo en cuanto a extensión, sino también a profundidad, personajes, análisis de motivos y mensaje; el autor tomaba la escritura de sus cuentos con menos seriedad y como formas de escape. Pero, paradójicamente, dice O’Prey, es gracias a esta ausencia de apprentice ambitiousness que algunas de sus primeras narraciones se encuentran entre las mejores. Tal es el caso de “The End of the Party”, que escribió en 1929. En este cuento hay el tema recurrente de la niñez, al que Greene vuelve una y otra vez a lo largo de su obra para estudiarlo desde diferentes ángulos:

In particular, Greene is interested in those moments in childhood where there is a transition from innocence to experience —moments in which characters and destinies are formed, and the future is “let in”, as he says on several occasions. These “transition stories” can be separated into two categories. Firstly, there are stories such as […] The End of the Party, […] which [is] a direct account of childhood experience told from a child’s point of view […] written in the third person. Secondly there are stories […] in which childhood is revisited and explored, […] from the point of view of an adult.1

Graham Greene, 1920
Graham Greene, 1920

A falta de una crítica literaria formal sobre los cuentos de Graham Greene, me basaré en algunas aseveraciones de Charles Moeller que, a pesar de referirse a novelas de Greene, pueden aplicarse a sus cuentos. De acuerdo con este especialista:

Las historias contadas por Graham Greene son aparentemente profanas; el novelista no les da jamás ese toque que orienta el tema en un sentido edificante; muchas de sus novelas se leen como relatos policiacos. Su técnica cinematográfica da a los cuadros sucesivos un poder de sugestión incomparable. Una atmósfera obsesionante se cierne sobre cada libro… Pero el lector menos atento vislumbra que, más allá del drama aparente, se desarrolla otro. Una especie de contrapunto muy oculto da extraña resonancia a los gestos más insignificantes, a las menores palabras. Se percibe en seguida que la atmósfera está habitada por otra presencia: la presencia del mal y del pecado. […] el mundo de pecado que empaña para siempre la inocencia de los niños; […]. Graham Greene, convertido al catolicismo en 1927, está obsesionado por la presencia de Satán: la gracia, la bondad, el poder de Dios están de tal modo sumergidos en el océano del mal, que Dios parece muerto, crucificado una vez más en un mundo ciego y perverso; sus cristianos están hasta tal punto fascinados por esta “muerte de Dios”, que son aplastados por ella; no son santos; son, a veces, menos que hombres. La impotencia aparente de Dios estalla en estas novelas con una fuerza nunca igualada hasta ahora. La tentación mayor es aquí la desesperación ante el silencio de Dios.2

“The End of the Party” es una de las narraciones de Greene que pertenece a su primera etapa; por ello no puede afirmarse que presente aún su célebre técnica cinematográfica; sin embargo, es evidente la influencia tanto de Edgar Allan Poe como de Henry James (la insinuada presencia del mal y del pecado). Hay en el cuento numerosos elementos propios de la literatura gótica que permiten adivinar una atmósfera obsesionante de oscuridad, misterio y miedo; para crear esa conciencia del pecado que tanto le interesa a Greene, el título nos anuncia que al final de la fiesta es donde hallaremos la clave.

Un narrador omnisciente nos presenta al primero de los protagonistas, Peter Morton, cuyo apellido alude a la acepción antigua de la palabra “mort”, muerte. Es 5 de enero; la atmósfera, la de un amanecer gris de invierno; afuera de su casa llueve y se escuchan los golpes del agua contra la ventana. Peter despierta con un sobresalto. Su mirada se pasea hacia el otro lado de la mesa, donde hay una vela consumida. El narrador, entonces, nos presenta al otro protagonista, su hermano Francis, quien aún duerme. Son gemelos, aunque desconocemos su edad. A Peter le preocupa la fecha: 5 de enero; la señora Henne-Falcon3 ofrecerá una fiesta como cada año.

Francis se vuelve, dormido, sobre su espalda y el corazón de Peter palpita con desasosiego. La luz plateada y la lluvia en la ventana apuntalan el ambiente frío y gris. Francis, con el llamado de Peter, despierta de un mal sueño. El narrador nos explica que Peter es el gemelo que nació primero, mientras su hermano aún se debatía en la oscuridad y el dolor por nacer. Entendemos que a causa de este lapso Peter se siente más seguro de sí mismo y protector de su hermano gemelo.
Francis soñó que estaba muerto y Peter le dice que él soñó con un pájaro (porque él mismo lo sintió). Sabe, por experiencia, que su mente y la de su hermano no son un perfecto reflejo una de la otra. Por primera vez en el cuento surge el motivo del espejo como elemento gótico-mágico-misterioso. Mientras los dos gemelos se miran, Peter piensa de nuevo en la fiesta. Su atención se desliza entre los pasteles y los premios para los ganadores de los juegos infantiles: “Egg-and-spoon races, spearing apples in basins of water, blind man’s buff”. Inmediatamente Francis se queja de la fiesta y nos introduce a otros dos personajes del cuento: Joyce y Mabel Warren, dos niñas mayores que los gemelos, la primera de once y la segunda de trece años. Además, el narrador nos informa de la manera como las percibe:

 

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Helena Díaz Page

Estudió la licenciatura en Letras Inglesas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y es pasante de la maestría en Literatura Comparada en la misma facultad. Estudió el diplomado “Los procesos en la edición de libros” auspiciado por UNAM/Caniem.

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