Revista de la Universidad de México
UNAM
NUEVA ÉPOCA NÚM. 102 AGOSTO 2012 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Mardonio Carballo
Hablemos de poesía

Sandra Lorenzano
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La poesía indígena en nuestro país encuentra en Mardonio Carballo a uno de sus más destacados representantes. Al comentar Xolo, la obra más reciente del poeta, Sandra Lorenzano se sumerge en los enigmas de la palabra poética, al tiempo que reivindica una tradición incesante y siempre marginal.

I

Hablemos de poesía. Que de eso se trata. De la conmoción que provoca la palabra poética. Del sacudimiento que generan imágenes sorprendentes, giros inesperados. Del escalofrío ante la metáfora aguda. Del ritmo envolvente. Del ritmo, señoras y señores.

Estoy llorando
Derramando lágrimas
(donde sea que me paro,
Donde siembro mis pies,
Revientan las flores de sal).

Las flores de sal que son versos, palabras que alumbran el abismo, que descubren el silencio, porque sólo desde allí existe la poesía. Palabras que le crecen a Mardonio como flores. A veces con llanto, como en este poema, a veces con risa, con música, con el cuerpo que descubre el goce y la caricia. Con picardía, con gracia, con sorpresa. Leo un fragmento de “Palabra de mujer”:

Nuestros hijos se han marchado ya
Sólo tú
Sólo yo
Sentémonos ya
Sólo tú
Sólo yo
A mirar cómo se apaga el día
¡Viejo, alegra mi corazón!
(y te daré buena comida)
Verás cómo el hambre se te vuelve a despertar.

Mardonio Carballo y Juan Pablo Villa
Juan Pablo Villa y Mardonio Carballo

Porque la vida es el motor que alimenta a Mardonio. La vida que busca su propio cauce. Allí donde la tradición y los versos antiguos no paralicen con su peso polvoriento, donde no impidan explorar nuevos caminos. Encontrar la propia huella más allá de los relatos. Y si hay que romper, romperá la voz la historia repetida desde siempre. ¿Acaso habla de otra cosa este poema? Uno de mis favoritos del libro, por cierto:

Dicen que me hicieron con un poco de barro
Reniego pues de la historia
Y si esas palabras verdaderas resultaran
Meteré una rosa blanca por mi boca
La tragaré como si fuera una pastilla
Y cuando pase por mi garganta
Me desgarrarán de la rosa sus espinas
Roja se hará la blanca rosa
Y haré trizas la primera historia
Comenzará a latir dentro de mi cuerpo
Una rosa roja en el ojo de mi pecho.

Por eso quizás, o por eso también, el xolo como símbolo: perro desnudo, como la muerte que nos espera al otro lado del Mictlán. La desnudez es un modo de hacer carne lo que nos precedió. Somos también el pan de aquellos huesos.

Portada de "Xolo" de Mardonio Carballo

“Una antiquísma tribu, los yanomamis, que habitan la selva amazónica (...) practican un extraño canibalismo: se comen entre todos a su propios muertos, pero tras reducirlos a ceniza, en una fogata que consume no sólo el cuerpo del muerto sino cuanto le pertenecía...”. De manera inversa a la magdalena proustiana a partir de la cual se despliega el universo completo de la memoria, el rito yanomami busca la compresión, la reducción de la memoria a un solo punto, Aleph que reúne con las cenizas del muerto mezcladas con plátano, su nombre, su historia, sus pertenencias.

 

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Sandra Lorenzano

Nació en Argentina en 1960. Radica en México desde 1976. Ensayista, narradora, editora y crítica literaria. Doctora en letras por la UNAM, se especializa en arte y literatura latinoamericanos...

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