Revista de la Universidad de México
UNAM
NUEVA ÉPOCA NÚM. 102 AGOSTO 2012 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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La ecología digital

Omegar Martínez
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A los eventos públicos en los que se discute el futuro del libro a menudo asisten como público los que he llamado “temerosos” del libro electrónico. Éstos suelen tomar la palabra a la primera oportunidad para defender a ultranza el libro en papel. Muchos se deshacen en mencionar sus virtudes —que son muchas— y sus placeres —que son varios— y lanzan contra el libro electrónico reclamos y exabruptos. Uno de los amparos que en defensa del libro en papel he escuchado decir con cada vez mayor frecuencia a los temerosos es que el libro en papel es más ecológico que el libro electrónico y que por ello los primeros son preferibles a los segundos. ¿Puede ser cierto esto? La respuesta no es sencilla y vale la pena analizarse. Antes de hacerlo quisiera aclarar un punto: los libros, electrónicos o no, constan de dos partes: el soporte y el contenido. El soporte es el papel y tinta en un caso y el aparato de lectura en el otro. Dejaremos de lado por el momento al contenido.

¿Qué tan ecológicos son los libros en papel? La respuesta varía dependiendo de a quién se le pregunte. Son bastante ecológicos si los comparamos con cómo se hacían los libros hace un siglo o más, sí, pero siguen siendo poco ecológicos en un sentido amplio. Por ejemplo, la elaboración del papel sigue siendo un proceso químico bastante contaminante, a pesar de que desde 1940 se utiliza para su fabricación el proceso Kraft, o de pulpeo al sulfato, en vez del método de sulfitos, que era mucho más dañino al medio ambiente. Aunque el blanqueado del papel se hace sin cloro cada vez en mayor medida aún estamos lejos de que sea un proceso ecológicamente neutro. La deforestación es otro problema: aunque mucho del daño causado por la tala de árboles se repone mediante la tala selectiva o el uso de bosques renovables, el daño inicial a las selvas, por ejemplo, es permanente. Y aunque el reciclaje de papel cobra cada vez más auge como reemplazo a las fuentes primarias, no está libre de problemas: para lograr papel de grado lectura a partir del reciclaje se requiere someterlo a un proceso de destintado, el cual es también contaminante en mayor o menor medida. Sin embargo, si se utilizan las técnicas de elaboración y blanqueado más modernas, y si la madera proviene de bosques renovables y sustentables, la producción de papel puede incluso llegar a reducir la cantidad de dióxido de carbono en el ambiente.


La elaboración de aparatos electrónicos también tiene bastante cola que le pisen, pero su mayor daño proviene del desecho de partes. Las baterías, hoy por hoy, son el mayor problema que enfrenta la tecnología digital en cuanto a contaminación se refiere, sobre todo porque recargarlas consume mucha electricidad y a partir de un tiempo de uso pierden capacidad rápidamente y hay que reemplazarlas. Muchos de los elementos que se utilizan en la elaboración de computadoras y otros aparatos electrónicos son fácilmente reciclables y reutilizables, como el plástico, el aluminio, el cobre , el silicón, el estaño y el oro; pero otros son dañinos, tóxicos y complejos de recobrar, tales como el mercurio, el óxido de berilio, el plomo, el sulfuro y el cadmio. A diferencia del papel, no obstante, mucha de la contaminación que generan los aparatos electrónicos, que es cada vez mayor, proviene del mal uso que le dan las personas, al dejarlos encendidos y conectados más tiempo del necesario y al reemplazarlos con cada vez mayor frecuencia, por moda, sin que en realidad sean obsoletos aún.
¿Cuál es más o menos contaminante? Queda claro que la respuesta final para el papel y las computadoras no llegará por varios años, pero en el caso de los libros tiene que ver también con el contenido. Cada año se destruyen cientos de miles de ejemplares de libros sin haber sido vendidos o leídos, puesto que no alcanzaron las apuestas de ventas de sus casas editoriales; otro tanto se desecha porque son publicaciones que se vuelven pretéritas rápidamente (desde periódicos hasta Internet para principiantes, edición 1995). Éste no es un problema con los contenidos en formatos electrónicos. Sin embargo, y en contraparte, sí es un problema de los libros electrónicos el que un aparato que usemos para leer deje de funcionar o se vuelva obsoleto, lo que nos obliga a comprar otro. Un ejemplar del Quijote en papel, bien cuidado, puede sobrevivir fácilmente quinientos años en buenas condiciones. En comparación, en el año 2511 nadie seguirá leyendo en una iPad o Kindle, pues ya serán reliquias; lo harán, tal vez, en otras plataformas, pero probablemente tampoco sea en papel, por más que sus defensores quieran creerlo.

Lo cierto de este asunto es que al final, tristemente, la ecología importa poco para el futuro del libro. Para apostar sobre lo que prevalecerá importa mucho más la practicidad y la economía. Todavía no he hallado un ejemplo en el que las sociedades hayan preferido lo más ecológico por encima de lo más práctico o lo más accesible. En ese sentido, será el formato que los lectores hallen más conveniente a sus intereses el que prevalezca.

 

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Omegar Martínez

Nació en la ciudad de México el 11 de marzo de 1979. Narrador. Estudió la licenciatura en Literatura Latinoamericana en la Universidad Iberoamericana y una maestría en Procesos Editoriales y edición digital en la Universidad Oberta de Cataluña.

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