Revista de la Universidad de México
UNAM
NUEVA ÉPOCA NÚM. 102 AGOSTO 2012 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Saramago
Luz que no se apaga

Elena Méndez
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José Saramago ha sido uno de los referentes fundamentales para la literatura contemporánea gracias a obras como El año de la muerte de Ricardo Reis y La historia del cerco de Lisboa, entre otros. La escritora sinaloense Elena Méndez entrevista a Pilar del Río, la compañera del Premio Nobel de Literatura 1988, para ofrecernos un retrato hablado del gran autor lusitano.

Pilar del Río (Castril, 1950), escritora, traductora y periodista, se niega a llamarse “viuda” de José Saramago (Azinhaga, 1922-Tías, 2010), Premio Nobel de Literatura 1998. “Novia”, “compañera de vida”, prefiere que le llamen, asumiendo con entereza la ausencia del amado, cuyo segundo aniversario de fallecimiento será este próximo 18 de junio.

Ella se ha encargado de verter al español sus escritos, de una manera excepcional, debido, en gran parte, a considerarse “una lectora privilegiada”, por tener siempre la primicia de los mismos.

Saramago, luz que no se apaga, vuelve a sorprender a sus lectores este año, con la publicación de Claraboya, novela realizada a sus treinta y un años, cuyo rechazo editorial “le sumió en un silencio doloroso, imborrable y de décadas”, según asevera doña Pilar en el prólogo a la edición en español de dicha obra, publicada por Alfaguara, tras la aparición de la misma en su lengua original, efectuada por Caminho.

Claraboya es “una novela de personajes”, ubicada en un condominio lisboeta de los años cuarenta. La atmósfera opresiva, el infinito tedio, las miradas donde predomina el odio, la mezquindad, el desarraigo, las actitudes gazmoñas podrían tomarse como alegoría de la sociedad portuguesa de aquellos tiempos. El autor conduce la trama por senderos alejados de lo predecible, dejando resquicios para la esperanza, aun desde su ya marcado pesimismo.

Sobre el regalo que Claraboya representa para el público saramaguiano y otros temas de interés, se habla en la presente entrevista.

Además de ser un inédito póstumo, ¿en qué considera usted que radica el principal valor literario de Claraboya?

Lo de póstumo no me parece. Es un libro de vida. El mayor valor literario… Quizá no sea yo la persona… Me gustaría que de la UNAM vinieran los críticos y hablaran de los valores de esta novela. Yo lo que encuentro es una visión nueva de toda la obra, porque arranca desde un espacio de juventud y nos ilumina a nosotros los lectores acerca de la vida de Saramago a lo largo del tiempo. Yo sé que la he disfrutado y me ha gustado muchísimo.

Según su criterio, ¿cuál es la mejor obra literaria de Saramago?

Depende del momento, de la situación anímica. Hay días que considero que es El año de la muerte de Ricardo Reis, otros me parece que es, indudablemente,  El Evangelio según Jesucristo. Otros días me parece que es Las intermitencias de la muerte —poesía pura—, y otros que es Ensayo sobre la lucidez, porque está reflejado este mundo de forma ritual.

Pilar del Río
Pilar del Río

Soy cambiante como una veta, porque Saramago es toda una aventura.

¿Qué tan complicado ha sido traducir las obras del Nobel portugués, dados el idioma, léxico, sintaxis, ritmo, etcétera?

Lo ha sido en cuanto a la musicalidad y la armonía, porque el problema es encontrar algo similar en español. Yo lo he hecho escuchando a Saramago, que para eso lo tenía a un lado.

Usted ha declarado que ya era lectora de Saramago desde antes de entablar una relación con él. ¿Cuál fue el primer libro que conoció y qué le atrajo de éste?

Memorial del convento, porque estaba leyendo a un contemporáneo que, sin embargo, tenía la dimensión de lo clásico y de lo eterno. Y leía una página y volvía a la solapa. “Es mi contemporáneo, no lo puedo creer”.  Fue un deslumbramiento porque leí a Saramago sin saber quién era, simplemente me llamó la atención el título. Lo dije entonces como periodista, y lo digo ahora: que había encontrado a uno de los mejores escritores. Y lo sigo encontrando en mi experiencia de lectora. Creo que es uno de los grandes del siglo XX.

¿Qué diría don José si pudiese atestiguar que cada vez más se confirman sus ideas pesimistas en torno a la voracidad del sistema, la miseria de la sociedad y otros asuntos que le preocupaban?

Yo no sé lo que diría José Saramago; sé lo que dijo. Y lo que dijo está en Ensayo sobre la lucidez.

¿En qué proyectos trabaja actualmente la Fundación José Saramago que usted preside?

En que los ciudadanos no podemos permitir que esté pasando lo que está pasando. No podemos permitir que nos quiten derechos, o que consideren que nuestros derechos son privilegios. Pero tampoco podemos permitir no asumir deberes. Tenemos deberes humanos, y hay que cumplirlos.

¿Está planeado llevar la exposición “La consistencia de los sueños” a algún otro país?

El 13 de junio —fecha en que se celebra el natalicio de Fernando Pessoa, gran inspiración de Saramago— se inaugurará la nueva sede de la Fundación, y ahí estará el acervo en forma permanente. Pero sería itinerante dentro de Europa.

Resulta enternecedora la anécdota en que don José refería haber atravesado el pasillo más solitario de su vida, al anunciársele en el aeropuerto de Frankfurt que había obtenido el Nobel, y no estar usted acompañándolo. Sería interesante que me compartiera qué ocurrió —desde su perspectiva— cuando al fin estuvieron juntos tras la memorable noticia.

Mi avión había llegado más tarde que el suyo, pero nos comunicamos de cabina a cabina, y me recibió con un ramo de flores hermosísimo. Y seguimos construyendo juntos, como si no hubiese sido el Nobel.

¿Qué opina de lo ocurrido al rey don Juan Carlos I al accidentarse en Botswana, donde se hallaba cazando elefantes —relacionando esto con la novela El viaje del elefante—?

Que Saramago protegía al elefante, escribió sobre una elefanta de zoológico, la Susi —que por cierto, también la reina, doña Sofía, se interesó al respecto— y luego escribió un libro, fascinado porque un capricho real le hubiera hecho a un elefante atravesar Europa. Respetaba a los elefantes y lo único que puedo decir es que Saramago no mata elefantes, respeta a los elefantes, escribe sobre elefantes, y los elefantes son animales con memoria. Con una inmensa memoria. Y no le gusta que se maten elefantes.

 

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Elena Méndez

Nació en Culiacán, Sinaloa, en 1981. Narradora y periodista. Licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Ha sido redactora de homines.com y subdirectora de espiral.org.

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