Revista de la Universidad de México
UNAM
NUEVA ÉPOCA NÚM. 102 AGOSTO 2012 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Mauricio Molina
Lo extraño y lo siniestro

Guillermo Vega Zaragoza
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Mauricio Molina pertenece a una estirpe poco común de escritores en las letras mexicanas: es un “raro”, como lo quería Rubén Darío; un excéntrico que no es fácil de colocar en ninguna de las categorías tradicionales de nuestra literatura, en la que domina el realismo, y donde se ve a aquellos que se atreven a incursionar en la literatura fantástica como extraños, como eternos insatisfechos a los que no les basta “esta realidad” para inventar historias y se ven forzados a crear otros mundos y habitarlos con tramas y personajes insólitos.

Con frecuencia se olvida que la literatura propiamente dicha se inició a partir de lo fantástico, de la invención de historias imaginarias para tratar de explicar los fenómenos de la naturaleza y el universo que el hombre no era capaz de explicar con su limitado conocimiento acerca de la “realidad”. Los fabuladores, los creadores de mitos, siempre han sabido que hay una “realidad” más allá de ésta que percibimos todos los días y se nos revela a través de los pliegues de lo cotidiano; una “realidad” que lo mismo nos asoma a los abismos del alma humana, que nos acerca a la inmensidad de lo divino. Nada menos que Jorge Luis Borges señaló que la teología es “la perfección del género de la literatura fantástica”.

De esta forma, Mauricio Molina es un atisbador consumado de esa “otra realidad” a través de sus ficciones. Se encuentran aquí textos de sus libros Mantis religiosa, Fábula rasa, La geometría del caos y Telaraña, veintitrés de los cuales compila en este volumen acertadamente titulado La trama secreta. En efecto, los cuentos de Mauricio Molina —género del cual se reveló como un maestro desde muy joven y que le ha valido recibir el Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí— nos revelan esa trama que se oculta en lo evidente, como quería Henry James: el trabajo del lector es desentrañar la figura que se esconde en cada hebra que conforma el dibujo de la alfombra persa que es el relato.

Mauricio Molina
Mauricio Molina
©Leda Rendón

Mauricio Molina señala que estos cuentos de La trama secreta compendian cerca de veinte años de su trabajo como narrador, durante los que ha incursionado en los terrenos de la ficción fantástica, el relato de terror y hasta la ciencia ficción, sin descartar desde luego algunos relatos fincados en la realidad, pero que nos revelan vértices insólitos cercanos al sueño y la pesadilla.

Como ha señalado Jaime Alazraki al analizar los cuentos de Julio Cortázar, en la actualidad podemos hablar de un género “neofantástico”, el cual, desde finales del siglo XX hasta ahora, principios del XXI, “ya no busca transgredir un mundo racional y conocido, sino que pone en tela de juicio la misma interpretación de ese mundo que se tenía por real, conocido y racional”. Así se aproxima Mauricio Molina a las historias de sus personajes: hombres y mujeres al borde del abismo de la existencia que encuentran un resquicio mediante el cual se asoman a otros mundos, que les resultan aterradores o simplemente extraños, y que cuestionan lo que tradicionalmente se entiende por lógica, razón o buen juicio. Como el personaje de “La estatua de fuego”:

Conjugar el verbo morir en primera persona y en pasado es casi una aberración verbal, pero puedo afirmar que morí y que durante el tiempo que estuve muerto algo sucedió conmigo, una transformación radical que iba más allá de lo que llamamos muerte. Los cuerpos se descomponen pero la vida espiritual siempre continúa. Encerrado en mi departamento pasé por todos los estadios de la muerte. Olí mi propia descomposición, asistí a mi propia conversión en polvo y en materia muerta. Fui parte de un vasto proceso de fusión con todas las cosas y los seres, fui gusano y mosca, fui pájaro y árbol y planta y de nuevo ser humano. Estuve en dos lugares al mismo tiempo: en la tumba, pudriéndome despacio, y en mi casa llevando la vida de un fantasma, escuchando las obsesivas llamadas de los que al parecer habían muerto conmigo.

En este nuevo compendio de sus cuentos salta a la vista otra vez la impronta de los maestros de Mauricio Molina: Poe, Cortázar, Borges…, y también nos reencontramos con su “obsesionario”, como él lo llama: el tema del doble, el Doppelgänger, la tensión y unión entre los opuestos, entre la realidad y la fantasía, entre la vida y la muerte que oscilan en el tiempo y espacio de la existencia.

En uno de sus ensayos incluidos en el libro La mente del escritor, el escritor y neurólogo Bruno Estañol explora la figura del doble en la literatura. Señala que no se sabe quién inventó el tema del sosias como ejercicio literario, pero recuerda que ya Sigmund Freud se había interesado en él en el análisis que hace acerca de “lo siniestro” a partir del cuento de E. T. A. Hoffmann titulado “El hombre de arena”. Para Freud, lo extraño no es algo que ocurra fuera del contexto de la vida cotidiana, sino que se encuentra dentro de lo familiar, de lo común de la vida. La sensación de extrañeza ocurre porque despierta fantasmas inconscientes reprimidos desde la infancia. El escritor, al tener acceso momentáneo al inconsciente, puede traer estos fantasmas a la conciencia, y “puede quedar dañado o salir indemne de este buceo interno”, apunta Estañol. Para el niño, el sentimiento de extrañeza surge como consecuencia de “la novela familiar”. Él mismo se siente “extraño”, fabula que no pertenece a esa familia, que quizá fue adoptado, robado o recogido porque no se siente identificado con sus padres ni con sus hermanos. A la larga, estas ideaciones tienden a ser reprimidas, pero pueden resurgir en circunstancias propicias. Por ejemplo, al escribir una historia, un cuento o una novela.

Estañol aventura una pequeña antología de relatos que abordan el tema del doble: “William Wilson” de Poe; “El Horla” de Maupassant; El doctor Jekyll y mister Hyde de Stevenson; Aura de Carlos Fuentes; “Borges y yo” de Borges; “Continuidad de los parques” de Cortázar, entre otros, y aunque incluye a algunos autores mexicanos más recientes, como Hernán Lara Zavala y Rafael Pérez Gay, resulta extraño (ya que estamos en el tema) que no mencione algún relato de Mauricio Molina. Desde luego, no se puede entender esta ausencia como descuido o mala fe: simplemente quizás el maestro Estañol no ha tenido la oportunidad de adentrarse en los relatos de Mauricio Molina, y la publicación de estas ficciones reunidas son una inmejorable oportunidad.

Portada La trama secreta

En otro cuento del libro, titulado “Planta de sombra”, el protagonista afirma que “la realidad es una enfermedad que sólo se cura con el sueño”. Es precisamente en el ámbito de la duermevela, de lo onírico, lo pesadillesco, donde mejor se desarrolla la narrativa de Mauricio Molina. Resulta una paradoja que mientras el mundo de los personajes se vuelve cada vez más indefinido y caótico, la prosa de su autor se destaque por su precisión, por su tersura, por la exactitud con que nos desliza en la enmarañada trama oculta de las realidades que nos asaltan en cada página de esta compilación. La suya es, sin duda, una de las prosas más atildadas de los escritores que forman su generación.

Afirma Mauricio Molina que el proyecto narrativo que imaginó en este ciclo de relatos se ha clausurado. Queremos entender esto como una especie de corte de caja, y que en adelante incursionará en otros terrenos, que nos ofrecerá otras sorpresas con sus libros venideros. Así lo esperamos con franca y cariñosa extrañeza.

 

Mauricio Molina, La trama secreta. Ficciones, 1991-2011, Fondo de Cultura Económica, México, 2012, 226 pp.

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Guillermo Vega Zaragoza

Nació en México, Distrito Federal en 1967. Escritor, periodista y maestro universitario. Ha publicado un libro de cuentos: Antología de lo indecible (Plan C/FONCA/CONACULTA, 2004), y dos de poemas: Desde la patria del insomnio (Fridaura, 2007); Sinsaber (edición de autor, fuera de comercio)...

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