Este acceso a la verdad de una magna obra de arte emblemática
consiste en un plan de trabajo, en función de
un objeto de estudio concreto, en este caso, el llamado
Espacio Escultórico.
Forma parte del patrimonio de la Universidad Nacional
Autónoma de México (UNAM). Su emplazamiento
se da, como el resto de la magna Ciudad Universitaria,
en medio del océano de lava volcánica, conocido bajo el
nombre de Pedregal de San Ángel, cuyo origen prehispánico
se atribuye a la erupción del volcán Xitle, hoy
apagado, aun cuando su cono, cubierto de vegetación, se
pueda admirar hasta la fecha en las laderas de la serranía
del Ajusco, la espléndida montaña que domina la Ciudad
de México, en dirección del sudponiente y que la
contaminación, con su manto fúnebre, la ha vuelto casi
invisible, salvo en días excepcionales de cielo despejado.
Existen otros espacios escultóricos en muchos países.
Sin ir más lejos, está el famoso de la Fundación Sebastián,
en Isla Mujeres, en el Caribe mexicano. Algunos podrán
ser monumentales, e igualmente transitables, como lo es
el del Pedregal de San Ángel, pero ningún otro es emblemático,
por sus peculiaridades. Y conste que la palabra
/ peculio / tiene el significado filosófico de / esencia /,
según lo enseña el maestro García Bacca.
Lo peculiar tiene que darse primero al nivel del significante,
es decir, lo visible, para lo cual conviene enumerar los datos elementales con respecto a las estructuras,
las medidas, los materiales de construcción, a fin de poder
entrar de lleno en materia.
Para esta parte inicial de datos, se aprovechan los textos
del catálogo correspondiente que publicara la UNAM
en 1980.
El Espacio Escultórico es una superficie del terreno natural
del Pedregal libre de toda vegetación [el desmonte y
la “limpieza”, que incluyó la de los nidos de víbora de cascabel
y de escorpiones, fue una de las hazañas de Hércules]
y encerrado por una plataforma envolvente de forma circular, que comprende dos niveles: una plataforma de desplante
y una serie de módulos geométricos colocados sobre
la misma.
El diámetro exterior de la plataforma envo l vente mide
120 metros y el diámetro interior 92.78 metros, lo que
hace un ancho de la plataforma de: 13.61 metros [queda,
justamente, el camino transitable, en el círculo y entre los
módulos].
La plataforma está construida con base en dos muros
de piedra volcánica, a junta seca, que contiene un relleno
de balastra con objeto de lograr un piedraplén permeable.
La altura de estos muros es variable, dada la particular
topografía de la zona, que oscila entre 0.50 metros y 9 metros. La superficie de la plataforma está acabada en grano
de tezontle planchado, con objeto de mantener la permeabilidad
[o sea, que no se encharque a causa de aguaceros
prolongados] y proporcionar un toque de color. [Conviene decir que en lo relativo a este admirable basamento o
soporte, jugó un papel decisivo el arquitecto Raúl Kobe,
de la Dirección General de Obras, en una tarea que, en coordinación con los escultores, estuvo bajo mi responsabilidad].
Sobre esta plataforma se levanta una serie de módulos
poliédricos, de base rectangular [que constituye el núcleo
de la genial propuesta escultórica] de 9 x 3 metros, con una
altura de 4 metros. La disposición de estos módulos es
radial y por cuadrantes; en cada cuadrante están dispuestos
16 módulos, separados entre sí por una calle que tiene
1.75 metros sobre el perímetro interior, y 2.67 metros
sobre el exterior. De esta forma, toda la plataforma envolvente
consta de 64 módulos.
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