Revista de la Universidad de México
   NUEVA ÉPOCA | NÚMERO 46 | dicIEMBRE 2007 | ISBN 0185-1330 |
ARTÍCULOS
POESÍA DE GABILONDO SOLER A SUS CIEN AÑOS
Rubén Bonifaz Nuño
LEYENDA Y VERDAD. JULIO SCHERER
Juan Villoro
ÉTICA Y POLÍTICA
José Woldenberg
FERNANDO DEL PASO. PREMIO FIL DE LITERATURA 2007
Elena Poniatowska
JULIETA CAMPOS: MUJER Y ESCRITORA MÚLTIPLE
Ignacio Solares



Sitio optimizado para resolución de 800 x 600


2007 D.R. Universidad Nacional Autónoma de México
Coordinación de Publicaciones Digitales,
Dirección General de Sistemas de Cómputo Académico




Fernando del Paso.
Premio FIL de
Literatura 2007


E l e n a    P o n i a t o w s k a  

1/3


Elena Poniatowska, autora de libros definitivos como La noche de Tlatelolco, Lilus Kikus y La piel del cielo, entre otros, y Alfonso González, traductor del autor de Palinuro de México, celebran en estos textos la entrega del Premio FIL de Literatura 2007 al entrañable Fernando del Paso, sin lugar a dudas uno de los novelistas más importantes de la literatura en nuestra lengua.

Allí va Fernando del Paso todo envuelto en una suntuosa cauda de palabras. Allí va cargado de una cultura enciclopédica que lo hace hablarnos de Bouvard y Pécuchet, Gargantúa y Pantagruel, el Lazarillo de Tormes y Jonathan Swift, el Barón de Charlus y Marcel Proust, Jean Genet y Gertrude Stein, Mallarmé y William Blake. Allí va sobre los durmientes de los rieles que cubren el mundo entero enseñándonos a jugar al “¿Ahí va un tren cargado, cargado de...?” que él empaca con todos los diccionarios leídos, todos los sinónimos acumulados a lo largo del tiempo. Allí va el sobrino nieto de Francisco del Paso y Troncoso ahora convertido en eje vial. Allí va el locutor y traductor de la BBC de Londres. Allí va el Premio Rómulo Gallegos 1982, allí va el ganador del Premio al Mejor Libro Extranjero en Francia en 1985, allí va el Premio Radio Nacional de España por el mejor programa cultural: “Carta a Juan Rulfo”, allí va el Cónsul General de México en París, allí va el Premio Villaurrutia 1966 y el Premio Nacional de las Artes 1991. Allí va el piloto Palinuro, personaje de la Eneida, que en Virgilio cae al mar durante la tormenta, allí va el que sueña con los ojos abiertos, allí va el que se pone al servicio de sus personajes. Allí va el artesano que engarza las palabras como diamantes, allí va el escritor que ha contribuido a escribir la historia de nuestro país, allí va enfundado en sus trajes color pastel y en sus camisas de libertad, allí va libre y desenfadado, a muy buen paso, sus mejillas enrojecidas por el esfuerzo mantenido por su inexorable fidelidad a sí mismo, a su lenguaje barroco, auténtico, abigarrado, trabajoso, irritante, mágico y deslumbrador.

Lo conocí cuando Arnaldo Orfila Reynal decidió que su novela José Trigo iniciaría la colección literaria de la nueva editorial Siglo XXI, en la esquina de Gabriel Mancera, la casa que mi abuela le legó a Mane, mi hijo mayor. Fernando del Paso, que comparte su segundo apellido Morante con Elsa Morante (la gran novelista italiana), nacido en 1935 en la ciudad de México, artesano de sí mismo, había producido una obra maestra, una joya que cambiaría la literatura así como James Joyce la transformó con su Ulises.

José Trigo se comenzó a imprimir antes de que yo lo terminara de escribir, me faltaba un capítulo: el del Puente de Nonoalco-Tlatelolco, el de en medio, y ya estábamos corrigiendo galeras... Fue algo fantástico, prácticamente me lo arrebató Orfila pero qué bueno, si no me quedo diez años más escribiéndolo. (...) Me angustia muchísimo escribir pero, al mismo tiempo, lo disfruto y para mí lo importante no es tanto haber escrito sino escribir. Lo que me da sentido a mí como escritor es el momento en que estoy escribiendo.

Fernando del Paso quiso ser médico, pero al igual que Palinuro, resultó incapaz de ver sangre y escogió la poesía, la publicidad, el dibujo, la pintura, la gastronomía. Mil veces mejor que ser médico, es volverse escritor, poeta, repartidor de palabras, publicista, esposo de Socorro, padre de cuatro hijos, gourmet y hombre del Renacimiento.

Todas estas profesiones le confieren a la envoltura humana de Fernando del Paso un color sonrosado que le da aspecto de manzana, de esas que llegan cada año de Zacatlán, para desparramarse en la Feria de la Manzana. En vez de manzanas, del Paso desparrama palabras, las palabras ejercen sobre él más imperio que la serpiente sobre Eva. Las palabras lo tejen, las palabras lo cosen, las palabras lo amasan, las palabras lo guisan, las palabras lo hacen vivir, las palabras le dan su razón de ser, las palabras logran que su corazón de manzana enrojezca, madure y tome la pluma, las palabras lo obligan. Fernando es su súbdito y su amo a la vez, su verdugo y su víctima, su patria grande y su patria chica, su vertedero y su presa, la fascinación de su vida.

 

Continúa siguiente