Revista de la Universidad de México
   NUEVA ÉPOCA | NÚMERO 46 | DICIEMBRE 2007 | ISBN 0185-1330 |
ARTÍCULOS
POESÍA DE GABILONDO SOLER A SUS CIEN AÑOS
Rubén Bonifaz Nuño
LEYENDA Y VERDAD. JULIO SCHERER
Juan Villoro
ÉTICA Y POLÍTICA
José Woldenberg
FERNANDO DEL PASO. PREMIO FIL DE LITERATURA 2007
Elena Poniatowska
JULIETA CAMPOS: MUJER Y ESCRITORA MÚLTIPLE
Ignacio Solares



Sitio optimizado para resolución de 800 x 600


2007 D.R. Universidad Nacional Autónoma de México
Coordinación de Publicaciones Digitales,
Dirección General de Sistemas de Cómputo Académico




Leyenda y verdad. Julio Scherer
J u a n    V i l l o r o

3/4

Julio Scherer
Julio Scherer

La valentía no lo ha abandonado al enfrentar las amenazas y la adversidad sutil de las adulaciones.

Su mejor testigo, Vicente Leñero, ha dicho de él:

No es profeta, ni visionario, ni orientador. Es testigo, sin partido político que lo ampare, sin compromiso que lo ate, sin futuro que lo consagre. El reportero es un hombre conjugado en el presente cuya misión es lanzar preguntas, no dictar respuestas. Pocos reporteros son, en México, tan reporteros como este Julio Scherer de corazón abierto a la curiosidad.

En uno de los muchos diálogos que han sostenido, el periodista por antonomasia le dijo a Leñero: “¿Sabes cuál es la diferencia entre tú y yo? Que si visitáramos a Picasso, tú te pondrías a ver los cuadros y yo le haría una entrevista”.

La única noticia falsa que ha dado Scherer es la de su retiro como guía de esfuerzos ajenos cuando dejó la conducción de la revista Proceso, que hoy dirige con acierto Rafael Rodríguez Castañeda. No hay forma de que deponga su gusto por sugerirle temas a los colegas o de que se abstenga de interrogar la realidad. Su entrega al periodismo es adictiva.

Leñero ha dejado constancia de la noche en que una fotografía de Raúl Salinas de Gortari iba a ocupar la portada de Proceso y no encontraban una frase para respaldarla. Cuando las ideas parecían agotadas, Scherer dio con una que ha transformado el habla popular de México: “El hermano incómodo”. Lo mejor de la anécdota es que la puntería del director reveló, una vez más, su entusiasmo por el oficio. Los ojos le brillaban cuando le comunicó el titular a Leñero: “Dime que te gusta, dime que te fascina, dime que te enloquece”. Scherer es injubilable porque el periodismo no representa para él un trabajo sino un acto de pasión.

Aún en la calma, sus llamadas telefónicas tienen la crispada energía de quien asigna tareas. Para un periodista contemporáneo, oír esa voz es lo más cerca que puede estar de hablar con Zeus. Al recibir una llamada de Scherer, el admirado interlocutor piensa con una mezcla de temor y vanidad: “Si me pide que cubra la guerra de Troya, no me voy a poder negar”.

Pero la curiosidad también lleva a Scherer a hacer llamadas a propósito de temas que no serán noticia. En una ocasión me pidió que habláramos del Quijote. El autor de Vivir matando, jamás actúa por pose. Me dijo con absoluta franqueza que el personaje más célebre de la literatura lo tenía sin cuidado. Sin embargo, gente que lo conocía muy bien, insistía en compararlo con ese dichoso engendro. Me pidió que discutiéramos el tema sin que él tuviera que someterse a leer los desvaríos de un enfermo de literatura.

El recelo de Scherer no podía ser más comprensible: el Caballero de la Triste Figura vive inmerso en la mentira y él, reportero de raza, persigue la ve rdad. Al mismo tiempo, no hay personaje que se le parezca más en el combate contra las desmesuras del poder. Y no sólo eso, en su discurso sobre las armas y las letras, el Quijote contrapone al hombre de acción con el poeta y toma partido por el soldado, el “mílite guerrero”, que se juega el cráneo en cada lance. Para Cervantes, la ética no es nada sin la valentía. Egresado de Lepanto, busca una síntesis entre el intelecto y la acción. Su protagonista malinterpreta el mensaje y pone la espada al servicio de su delirio. Nada puede ofender más a Julio Scherer, que pone la palabra al servicio del combate y asume el riesgo superior de no confundir a los molinos de viento con gigantes y enfrentar al huésped que no paga alquiler en Los Pinos.

De acuerdo con Reporteros sin Fronteras, México es actualmente el segundo país más peligroso para ejercer el periodismo, sólo superado en riesgos por Irak. En este entorno, Scherer prolonga una saga de caballería; si critica al Quijote es porque no le gusta que un colega se extravíe en la magia de las palabras en vez de vigilar los hechos.“ El periodismo es rudo por naturaleza”, ha dicho Scherer. Al modo de los grandes del box, está más orgulloso de sus heridas que de sus trofeos. La valentía no lo ha abandonado al enfrentar las amenazas y la adversidad sutil de las adulaciones. Hay periodistas que deben moderar el tono de sus artículos porque esa mañana el director de su periódico desayunó con el político que ellos pretendían criticar. La conciencia de Scherer no depende de su estómago. No hay oferta o halago que altere su tono. Basta ver la forma en que conversa, incluso con la gente que no le simpatiza. Su mano toma con firmeza el antebrazo del interlocutor, le golpea la rodilla, lo ve a los ojos con mirada hipercuriosa, el pelo agitado en tirabuzones, como un director de orquesta en un fortissimo. Scherer atenaza, atrapa en la conversación. No hay modo de distraerlo para que acepte un terrenito o un golpe para volver a Excélsior.

 

 

anterior Regresa / Continúa siguiente