Revista de la Universidad de México
   NUEVA ÉPOCA | NÚMERO 46 | DICIEMBRE 2007 | ISBN 0185-1330 |
ARTÍCULOS
POESÍA DE GABILONDO SOLER A SUS CIEN AÑOS
Rubén Bonifaz Nuño
LEYENDA Y VERDAD. JULIO SCHERER
Juan Villoro
ÉTICA Y POLÍTICA
José Woldenberg
FERNANDO DEL PASO. PREMIO FIL DE LITERATURA 2007
Elena Poniatowska
JULIETA CAMPOS: MUJER Y ESCRITORA MÚLTIPLE
Ignacio Solares



Sitio optimizado para resolución de 800 x 600


2007 D.R. Universidad Nacional Autónoma de México
Coordinación de Publicaciones Digitales,
Dirección General de Sistemas de Cómputo Académico




Leyenda y verdad. Julio Scherer
J u a n    V i l l o r o

4/4

Julio Scherer
Julio Scherer y Carlos Monsiváis
Julio Scherer
Julio Scherer y Carlos Monsiváis

 

Y cuando no tiene a quien entrevistar, se entrevista a sí mismo. Su libro más reciente, La terca memoria recorre pasajes de los que ha sido testigo. Desde el presente, Scherer cuestiona al Julio que estuvo ahí; pone en tela de juicio al que vio aquello, le exige razones y respuestas.

Hace unos días, el fulminante caricaturista Gonzalo Rocha me señaló la importancia que la cárcel ha tenido como espacio periodístico y metáfora del oficio en la obra de Julio Scherer. En efecto, el reportero que anhela la libertad se ha ocupado de la mente cautiva (Siqueiros en Lecumberri), los reclusorios mexicanos y ciertos personajes impunes cuya única condena es la celda provisional que el cronista les otorga.

En 2001, Scherer entrevistó al subcomandante Marcos para Proceso y Televisa. El diálogo no podía ser fácil: enfrentaba a dos talentos de la retórica y a dos líderes naturales, acostumbrados a llevar la voz cantante. El resultado fue una pieza histórica, en la que ambos se esforzaron por entenderse y destacar ante los oídos del otro. Como en una partida de ajedrez, al final de la conversación, el periodista pidió al guerrillero que resumiera en un cuento su marcha a la capital. Marcos improvisó una fábula. Luego preguntó con el obligado candor que alguien de mi generación muestra ante Julio Scherer:“ ¿Pasé el examen?”.

Scherer es el maestro. Por eso me desconcertó tanto que asistiera a un seminario que un grupo de colegas impartíamos en la revista Proceso. “Vengo a aprender”, dijo en forma desarmante. Después de las exposiciones, fue un alivio que nos corrigiera desde su silla de falso alumno. La vida había vuelto a la normalidad.

Cuando yo tenía doce años pensaba que el periodismo servía para ganar una casa. Hoy pienso lo mismo, pero por otras razones. En Excélsior y en Proceso, Julio Scherer construyó un espacio para la verdad, ruidoso y a veces exagerado, pero de puertas abiertas, hospitalario. Numerosas presiones lo asediaron y es un privilegio poder decir esta tarde en Oaxaca que le hicieron lo que el viento a Juárez.

“La mayoría de las vidas humanas son simples conjeturas”, escribió Julio Ramón Ribeyro: “Son muy pocos los que logran llevarlas a la demostración”. No es casual que la Fundación de Nuevo Periodismo, creada por Gabriel García Márquez, decidiera que su primer premio a
una trayectoria ganada desde el periodismo fuera para Julio Scherer, que ha llevado su vida a la demostración.

Concluyo con una fábula sobre el inconforme ante el poder. En su biografía de Montesinos, el cronista peruano Luis Jochamovitz, narra toda clase de descalabros morales y abusos políticos, pero desemboca en una nota esperanzadora. Durante años, Montesinos, hombre fuerte de Fujimori, corrompió en la sombra a infinidad de gente. Sin embargo, una tarde se enfrentó con alguien que tranquilamente le dijo que no y salió por la puerta como si su vida no estuviera en peligro. Que uno solo se negara a doblegarse, indicaba que no todo estaba perdido.

Demasiadas veces, los periodistas se han visto forzados a desviar la vista. Entre nosotros ha habido al menos uno que no ha cerrado los ojos. Como el rebelde de la fábula, él nos justifica a todos. Pronuncio el nombre de quien ha vivido para la verdad pero, muy a su pesar, ya se inscribe en la leyenda: Julio Scherer García.

 

 

Regresar anterior