NUEVA ÉPOCA | NÚMERO 56 | OCTUBRE 2008 | ISSN EN TRÁMITE con número de folio 493 | REVISTA MENSUAL
ARTÍCULOS
1968 ABRIÓ UN PORVENIR
Elena Poniatowska
IMÁGENES DEL 68
Carlos Martínez Assad



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1968: la herencia en busca de herederos
C a r l o s  M o n s i v á i s   

3/5

LAS ALTERNATIVAS CULTURALES Y SU CONQUISTA DEL ESPACIO PÚBLICO

Una consecuencia muy positiva del 68 es el fin de los intentos oficiales de regir la vida cultural a través de la censura, del hecho monopólico (el Estado era el primer y casi único patrocinador de la vida cultural), de la debilidad de los esfuerzos independientes. Después de 1968 aunque el Estado sigue siendo un gran impulsor de la vida cultural, ya no es el único y la censura pierde fuerza en el cine y el teatro, aunque la conserva en la televisión y en una parte medular de la prensa. En la década de 1970 se impone el rock (el festival de Avándaro, los grupos independientes, el impulso de la música como motivadora de nuevas formas de vida), y se multiplican el teatro independiente, las comunas de hippies o jipitecas, la contracultura en suma. Y lo principal es la convicción dominante: al Estado no le toca regir los procesos culturales sino, por obligación, sostener su desarrollo. Ya a fines de la década de 1970, en lo básico, la censura que se ha conocido nada más continúa en la televisión y en una parte de la provincia.

1985: LO S ESTREMECIMIENTOS DEL CAMBIO

El 19 y el 20 de septiembre de 1985 dos terremotos en la Ciudad de México arrojan un costo de cerca de veinte mil muertos. El 20 de septiembre, día del segundo sismo, se vuelve súbitamente creíble (compartible) la idea de sociedad civil. A lo largo de unos días, ante la ineficacia notable del gobierno de Miguel de la Madrid, paralizado por la tragedia o por su ineptitud, ustedes elijan, la comunidad capitalina, un minuto antes ignorante de su propia existencia, se organiza con prontitud y destreza, y en una semana cerca de un millón de personas participan en la creación de albergues, el aprovisionamiento de víveres y de ropa, el rescate de muertos y de atrapados entre los escombros, la organización del tránsito, la demolición de edificios dañados, etcétera. A los voluntarios los anima, de modo literal, su pertenencia a la sociedad civil, y esta voluntad de autonomía es su crítica interminable al régimen y su incapacidad para atender a víctimas y damnificados. De modo inaugural, la protesta popular actúa organizadamente en la solución de problemas.

Ha llegado el tiempo de la sociedad civil y el término sintetiza el hartazgo ante las grandes torpezas y corruptelas de los gobernantes, y también anuncia el fin de los espectadores pasivos. A cientos de miles les estimulan las nuevas formas de relación entre el gobierno y la sociedad civil, y entre cada uno de ellos y los deberes ciudadanos, que de tan pospuestos hacían del civismo una sucursal de los recuerdos escolares. Sin esta reacción no se entienden las movilizaciones de septiembre y octubre de 1985. Y en un número significativo de estos voluntarios se deja ver la p e rtenencia o la admiración por “el espíritu del 68”.

* * *

A lo largo del Movimiento del 68 no se menciona siquiera a la sociedad civil, expresión entonces ni constante ni entendible, y lo que se demanda es el castigo a los autores de la represión, lo que, traducido al idioma actual, sería la defensa y el reconocimiento de los derechos humanos. En 1985 el concepto se impone sin debates previos, sin precisiones de Antonio Gramsci, bajo el anhelo único de espacios de autonomía política y social. Como es previsible, dura poco la pretensión de un “cogobierno” cuya parte civil se apresta a salvar vidas y restaurar o instaurar el orden urbano. Ésta es la gran novedad política y civil de 1985; la colectividad que descubre su propia existencia, una idea difusa a la que ponen de relieve los cientos de miles que se consideran sus representantes.

En un acto de “teoría inesperada”, el presidente Miguel de la Madrid se opone al uso “irresponsable” del término, y sentencia: “La sociedad civil es parte del Estado”. ¿A quiénes lanza esta rectificación? No a los alumnos de la Facultad de Leyes, ni a los que podrían ver en la televisión el pizarrón del aula, sino, francamente, a nadie. El ímpetu de la sociedad civil no se detiene en una puntualización de fin de semestre. Por su lado, y tardíamente, el gobierno del Distrito Federal, con el regente Ramón Aguirre, y el PRI, con su acarreo de “voluntades”, califican a la sociedad civil de parte del Estado. Y la táctica inusual es: compra de líderes, regalos y dádivas. Todo lo que anula la experiencia de cientos de miles, obstinados en diversas medidas en hacerse cargo de sus destinos. En última instancia, el concepto de sociedad civil rehabilita o le da forma a las experiencias y lecciones del 68.

DE LA ESPERANZA COMO VOLANTES Y SUCESIÓN DE PINTAS…

¿Qué queda para entonces de las esperanzas y las frustraciones del 68? Las marchas del 2 de octubre son rituales aunque, cómo evitarlo, disminuyen la información de los participantes sobre el Movimiento; los aniversarios luctuosos de Gustavo Díaz Ordaz se envuelven en la bruma en donde, invariablemente, su Jefe del Estado Mayor lo defiende contra “los enemigos de México”; aumentan los documentos y los documentales… El 68 es ya en la década de 1980 un hecho definitorio del México del siglo XX, y la noción de los derechos humanos resulta primordial en la actuación de los sectores de izquierda. Allí se traslada la herencia del 68, ya también expresada en batallas culturales y luchas políticas. Al cabo de todo, el 68 se aísla como movimiento y fenómeno político, cultural y moral, algo que en sí mismo se explica y cuyas mayo res y mejores consecuencias ocurren en el gran cambio de mentalidad que auspicia en sus participantes.

* * *

Desde 1985, se levantan objeciones, algunas muy meditadas, al súbito fervor civilista. Unas son teóricas (“Se equivocaron en el uso del concepto gramsciano”); hay reparos más bien pragmáticos (¿quién cree posible independizarse del Estado?), y cunden meras fórmulas cort esanas. “¿Para qué la sociedad civil si el gobierno es la única solución viable?”. Se critica a los que, exaltándola, conciben a una sociedad civil contestataria, antiautoritaria por excelencia, progresista (con la carga antigua del término). Y se argumenta, ¿no es también sociedad civil la surgida de la derecha, y sus grupúsculos ultra como Pro-Vida, la Unión Nacional de Padres de Familia, etcétera? El término, se arguye, se oscurece si sí se le abandona en el campo de los buenos deseos, el de ahora no es un tiempo de utopías sino de luchas por reformas específicas. Desde el gobierno, y con algarabía, se resucita al pragmatismo, fórmula antes peyorativa. El presidente Adolfo López Mateos (1958-1964) exclamó: “A mi izquierda y a mi derecha está el abismo”, y el presidente De la Madrid podría decir: “ Fuera del Estado sólo hay vacío conceptual y desacato administrativo”. Y en unos cuantos meses, luego de las intervenciones clientelares del aparato oficial, parece asimilado por entero el espíritu del 19 de septiembre de 1985, como se cree diluido fantasmal el del 68.

 

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