NUEVA ÉPOCA | NÚMERO 57 | noviembre 2008 | ISSN EN TRÁMITE con número de folio 493 |REVISTA MENSUAL
ARTÍCULOS
EL ARCHIPIÉLAGO DE LOS CHAGOS
J. M. G. Le Clézio



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Fecha de última actualización Noviembre de 2008
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El MuAC: Libertad creativa, libertad de creación

S e a l t i e l    A l a t r i s t e          

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La apertura de un museo —de un espacio creativo y de creación como el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MuAC)— que pretende convertirse en foco principalísimo del quehacer artístico en México y América Latina, conduce ineludiblemente a que se formulen una serie de reflexiones. La primera, sin duda, sería responder a una pregunta que todo mundo se hace: ¿por qué la Universidad Nacional Autónoma de México ha asumido la tarea de llevar adelante un proyecto comoéste? Para los que colaboramos con el nuevo museo no es una pregunta difícil de responder: la UNAMha sido el lugar donde han nacido, o se han desarrollado, la mayoría de los movimientos artísticos del siglo XX. Sin su participación es imposible comprender, por ejemplo, el desarrollo del teatro de vanguardia: las propuestas de Margules, Mendoza, o De Tavira surgieron en los teatros promovidos por la UNAM y fue gracias a ello que muchos de los dramaturgos mexicanos y extranjeros pudieron ser conocidos. La creación literaria del medio siglo, para poner otro ejemplo, también surgió en la UNAM. Los escritores que a lo largo de los últimos años han dado realce a las letras nacionales se educaron e hicieron su obra al amparo de la UNAM: Octavio Paz, Carlos Monsiváis, Rosario Castellanos, Carlos Fuentes, Rubén Bonifaz Nuño, Salvador Elizondo, Sergio Pitol o Juan García Ponce, para citar sólo algunos, han estado ligados como alumnos, maestros o investigadores a nuestra Universidad. La UNAM tiene una amplia vocación educativa que la ha llevado a ser la promotora de la cultura nacional, a conve rtirse en un mecenas de excepción que posee en sus entrañas el espíritu necesario para impulsar la cultura y a los artistas del país.

Por tanto es lógico que ahora que el movimiento plástico contemporáneo ha tomando relevancia, y por todos lados surgen artistas con nuevas y novedosas ideas, la Universidad se propusiera crear un museo en el que no solamente estos artistas pudieran exponer sus obras, sino que parte de ellas se incorporara a su acervo para ir conformando poco a poco una de las más completas colecciones de la cultura plástica de nuestros días. El MuAC surge como un sitio desde el que gravitará la creación contemporánea, donde el público, a veces poco acostumbrado a descubrir los secretos de estas manifestaciones, admire su surgimiento y desenvolvimiento. Todo esto, además, dentro de un edificio de belleza excepcional diseñado por Teodoro González de León, que es por sí mismo una gran obra de la arquitectura contemporánea. Basta pararse frente a su imponente ventanal para comprender que la UNAM sigue siendo la institución pujante de hace un siglo, cuando obtuvo el carácter de Universidad Nacional: una institución que mantiene incólume su vigor, que a su misión educativa ha sabido sumar la de ser un centro sin par de investigación científica, humanista y artística. Para la UNAM, mantener su misión como difusor de la cultura es tarea ineludible. Ahí está el Museo Universitario Arte Contemporáneo para demostrarlo.

El arte actual se caracteriza por haber hecho añicos valores estéticos tradicionales: la permanencia en el tiempo, la trascendencia a través de los objetos, el uso de materiales no considerados bellos, o la fusión de elementos de otras disciplinas. El arte contemporáneo se basa en el concepto, puede ser también versátil y fugaz como un instante efímero; el arte contemporáneo se sirve de cualquier cosa, utiliza como pretexto estético multitud de objetos que para muchos serían intrascendentes; el arte contemporáneo se sirve del ruido, la basura, el desperdicio, la fugacidad de la luz, la inmanencia de la memoria, para dar forma a sus piezas e instalaciones. Es indudable, por ello, que la característica que aglutina, da cohesión y sentido a sus artistas, es la libertad. Sin una libertad prácticamente ilimitada es impensable que una instalación sonora, una pieza que juega con la luz y que tal vez durará unos cuantos días, o el uso de una rueda como símbolo de quietud se conviertan en objetos artísticos.

Es bajo esta consideración que en el MuAC nos preguntáramos por dos términos que consideramos esenciales y que con mucha frecuencia se confunden: la libertad de creación y la libertad creativa. Creativo, dice el Diccionario de la Real Academia, es aquél que posee o estimula su capacidad de creación o invención; mientras que creador es quien crea, establece o funda algo. La creatividad es una potencia, una posibilidad; el creador es quien ha hecho uso de esa potencia y la ha plasmado en una obra. La libertad creativa, por tanto, no conoce límites, pero es la libertad de creación la que está reflejada en el objeto artístico. La creatividad puede desbordar al artista, mientras que la creación es la cifra palpable de que ha sido capaz de dominar aquellas fuerzas que estuvieron en el origen de sus obras. Eso que los flamencos llaman duende ha dado origen a los mejores bailaores, pero también ha sido la causa de que muchos se pierdan en el marasmo de su propio genio. Si el duende preexiste al artista, la obra le da el cuerpo.

¿Cuál es entonces la función de un espacio creador y creativo (como lo definimos al principio) como el MuAC?, ¿cómo podemos estimular la libertad creativa y cimentar la de creación? Creemos que en la respuesta a estas preguntas está el quid de nuestra misión. Si el artista contemporáneo tiene a su disposición cualquier elemento para dar forma a sus obras, si se puede servir del color, de la luz, de objetos que encuentra en la basura; si tiene a la mano soportes como el video, la fotografía, la pintura, y puede utilizar diferentes programas de computadora; si le da igual que su creación dure unos cuantos momentos pues lo que pretende es provocar una reacción en el espectador, y que esa reacción sea su obra, su libertad creativa tiene que estar potenciada al límite. En el arte contemporáneo no hay leyes, no hay reglas, prácticamente no hay tendencias, sólo creatividad. Es posible que esas fuerzas creativas no conduzcan a nada (ha pasado muchas veces a lo largo de los siglos) y por más que lo intente el duende del arte nunca viste al artista, pero él tiene que intentarlo, en ello se le va la vida. La libertad creativa está en el centro del proceso del arte contemporáneo, es su médula espinal, su razón de ser. Si algunas obras nos parecen incomprensibles, si nos quedamos atónitos frente a ellas, es porque no comprendemos que su estética se funda en la libertad y no en lo que tradicionalmente hemos entendido por belleza. Libertad creativa y de creación se funden, así, no tanto en la obra sino en el proceso que le da forma y sentido, y es la responsabilidad del artista lo que da continente a esta fusión.

Quizá resulte una verdad de Perogrullo, pero frente a este fenómeno la misión de un museo está precisamente en estimular esa libertad creativa, en proporcionar al artista un espacio que potencie su duende, y que sea él mismo, el artista, quien modele y modere su cre atividad para convertirla en creación. La libertad y la responsabilidad son de él, al museo le corresponde, acaso, la responsabilidad de la curaduría. Si la censura siempre fue un enemigo del arte, ahora es un abortivo: exactamente su contrario, un virus mortal. Es posible que en el pasado cierto tipo de censura haya limitado la creatividad de los artistas sin haberla destruido. Pienso, por ejemplo, en el Realismo Socialista: aun dentro de la censura que ejercieron los regidores burocráticos de la URSS surgieron obras maestras que no son otra cosa más que Realismo Socialista. Es cierto, el acto de censurar es repugnante, pero llevarlo a cabo hoy es más grave: la censura no limita al arte contemporáneo, lo destruye, destruye el núcleo estético de sus obras. Es el a rtista, repito, quien pone coto o libera sus fuerzas creativas para dar forma“artística” a sus deseos; es él, quien responde frente al público, quien sabe de las ligas que establece entre su estética y su ética.

En las primeras muestras que se exhiben en la inauguración del MuAC hemos querido plasmar esta filosofía. Hemos cuidado la selección, hemos curado cada pequeño objeto; hemos financiado el hermoso edificio que las albergará, y hemos procurado que los artístas se manifiesten a sus anchas, y que, como simpre pasa, sea el público quien diga si ambos artístas y museo, hemos dado en el clavo.