NUEVA ÉPOCA | NÚMERO 57 | noviembre 2008 | ISSN EN TRÁMITE con número de folio 493 |REVISTA MENSUAL
ARTÍCULOS
EL ARCHIPIÉLAGO DE LOS CHAGOS
J. M. G. Le Clézio



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Fecha de última actualización Noviembre de 2008
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El Archipiélago de los Chagos

J.M.G.   L e   C l é z i o         

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Traducción de Adolfo Castañón

Océano Índico. En 1975, la pequeña isla situada a más de 2,000 kilómetros de la isla Mauricio fue vaciada definitivamente de sus habitantes. J.M.G. Le Clézio, Premio Nobel de Literatura 2008, expresa su emoción ante esta deportación orquestada por los británicos y los usamericanos desdeñando los derechos del hombre.

Hubiese podido ser el paraíso. Perdido en el Océano Índico a más de 2,000 kilómetros de la isla Mauricio y de las islas Seychelles, un rosario de islas de coral sembrado bajo los bancos de arena blanca, encerrando lagunas color turquesa, cada isla con una cabellera de cocoteros inclinados bajo la suavidad de los vientos alisios, lejos de cualquier peligro de ciclón. Para los habitantes de esas islas, el lugar fue durante generaciones no el paraíso, sino su tierra, suspendida entre el cielo y el mar. Ahí la vida no era idílica.

En su mayoría descendientes de los esclavos africanos importados a la isla por los franceses en el siglo XVIII, los chagosianos debían trabajar duro en la fábrica de copra solamente recibiendo como salario raciones en víveres y en productos de primera necesidad, viviendo así fuera de todo sistema monetario (lo cual los hacía más vulnerables). Pero por lo demás, podían pescar libre m e nte los peces que abundaban en las lagunas vecinas —como el extraordinario banco de los Chagos de 30 kilómetros de ancho— cultivar su pedazo de tierra, o criar gallinas o cabras. Dos veces al mes, el barco que comunicaba entre sí las dependencias aledañas de la isla Mauricio, traía las noticias del mundo exterior, y los complementos de víveres y mercancías que apenas podían comprar en la tienda de la Compañía. Esto hubiese podido durar eternamente, y Chagos hubiese podido deslizarse suavemente en el nuevo milenio con la gracia despreocupada de las sociedades criollas, e incluso recoger un poco más de ese maná providencial [...]

Pero la realidad fue muy distinta. Entre 1968 y 1971, las trescientas familias que comprendían más de mil quinientos chagosianos ligados a ese territorio durante generaciones fueron expulsadas sin miramientos, no sólo de la isla llamada Diego García sino también de las islas vecinas, Salomon y Peros Banhos. Ni siquiera fue necesario recurrir a la violencia. Muchos de los isleños que andaban de viaje en Mauricio, como la cantante Chartesie Alexis en 1968 o Christian Ramdas en 1971 vieron que se les negaba el derecho de regresar a Chagos para recoger sus cosas, y se quedaron en el destierro con sus maletas.

Como habían vivido siempre apartados, los chagosianos carecían de defensa y de representación verdadera. La desaparición de la fábrica de copra, su única fuente de aprovisionamiento, los puso a merced de las autoridades. Al fin de evitar toda crítica, el gobierno inglés recurrió a los servicios de lo que podría llamarse una milicia privada para proceder a las expulsiones. Las últimas deportaciones en 1971 fueron particularmente dramáticas. Ancianos, mujeres y niños fueron reunidos y embarcados por la fuerza en el barco Norduaer abandonando todo detrás de ellos, sus casas, sus campos, sus animales de granja y hasta sus perros. Según los testimonios, a quienes intentaban resistir se les oponía la “opción de Hobson” (nombre del oficial usamericano encargado de vigilar el embarco): “Váyanse o muéranse de hambre”.

Las condiciones de instalación en Mauricio no fueron menos dramáticas. El gobierno inglés no mantuvo ninguna de sus promesas, y la situación económica de Mauricio en los años que siguieron a la independencia volvió particularmente difícil la inmersión de los nuevos emigrantes. Una gran parte de las familias chagosianas encontró refugio en los abrigos anticiclones prestados por el gobierno inglés —eran algo parecido a medios cilindros de hierro cubiertos de zinc que de día se transformaban en hornos y donde eran evidentes las condiciones de falta de higiene y de promiscuidad. Otras lograron encontrar alojamiento mal que bien en los barrios pobres de Port-Louis, en Cassis, en Point aux Sables, en Cité la Core, en Duckers Flat, en Rochebots. No había trabajo. A pesar de la voluntad de los chagosianos de conservar su dignidad, sus condiciones de vida eran las de proscritos sin ni siquiera el estatus de refugiados políticos viviendo en la miseria.

 

 

 

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