NUEVA ÉPOCA | NÚMERO 57 | noviembre 2008 | ISSN EN TRÁMITE con número de folio 493 |REVISTA MENSUAL
ARTÍCULOS
EL ARCHIPIÉLAGO DE LOS CHAGOS
J. M. G. Le Clézio



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Fecha de última actualización Noviembre de 2008
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La mentira de la cultura como prioridad
S a r a   S e f c h o v i c h    

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Escuchar música es un hábito cultural muy extendido,20 y según la ya citada Encuesta Nacional, quienes lo hacen dedican a esta actividad entre dos y cuatro horas diarias.21 Muchos usan la radio, más del 87 por ciento, y casi el 80 por ciento de los encuestados afirmó que acostumbra escuchar música grabada y sabemos que se trata de empresas transnacionales que son las principales productoras de discos.

Los datos podrían seguir: cuánta gente asiste a los teatros y qué tipo de obras prefiere ver; qué pasa con el fenómeno de los espectáculos masivos, tanto en los recintos cerrados (como el Palacio de los Deportes o el Auditorio Nacional) como en las plazas públicas (por ejemplo el Zócalo), cómo funciona el negocio de los videos,
cuál es su procedencia y a dónde van las ganancias, cuánta gente usa computadoras (30 por ciento de los entrevistados), Internet (cerca del 25 por ciento) o cualquiera de los demás aparatos que permiten el consumo de lo que se considera cultura.

LA REALIDAD MÁS ALLÁ DE LOS DATOS
¿ Nos sirve de algo saber todas estas cifras, esa “dimensión objetiva” como le llaman Raúl Béjar y Héctor Rosales,22 para entender algo de lo que es y cómo funciona la cultura en México?

Sin duda, los datos nos permiten comprender varias cosas significativas: por ejemplo que, como señala un estudioso, “hay predominio de las industrias culturales sobre las vías tradicionales de acceso a la cultura”, pues los cines son más visitados que las bibliotecas, los museos y las librerías,23 o que la infraestructura cultural es más grande que la realidad de su aprovechamiento, como se observa por la escasa asistencia a museos y sitios arqueológicos y que en muchos casos esa infraestructura cultural no responde a los intereses reales de la población, por ejemplo, los estados de Tabasco, Tlaxcala y Oaxaca tienen el mayor porcentaje de bibliotecas por habitante pero los menores índices de lectura.24 Esto nos permite concluir que la infraestructura y la oferta culturales no necesariamente tienen que ver con el consumo, o dicho de otra manera, que más museos no hacen que más gente acuda a los museos ni más bibliotecas hacen que más gente lea. Y esta observación se puede ampliar hasta afirmar que ni la legislación ni los programas culturales se han traducido ni se reflejan en la participación de los habitantes en lo que, desde los parámetros que hoy se consideran válidos, es la vida cultural.

Un caso emblemático es el estado de Jalisco que con todo y que tiene el conjunto de leyes más amplio relativas a la cultura (veintiún reglamentos por comparación a los nueve que tienen el Distrito Federal y Nuevo León), sus habitantes son los que, de acuerdo a los criterios cuantitativos, consumen menos cultura.25

Ahora bien: si insisto en decir “de acuerdo a estos parámetros” o “según estos criterios” es porque ellos definen un concepto de cultura particular, que deja fuera a otros. Por ejemplo, en Oaxaca las personas no irán a las bibliotecas pero producen artesanías; en Jalisco no irán a los museos pero van a los espectáculos y a las iglesias; en el Distrito Federal no irán a las zonas arqueológicas pero hacen deporte (o van a él como espectadores) y acuden a antros; todo lo cual nos tendría que hacer reconsiderar el concepto de cultura mucho más allá que el consumo de cierto tipo de productos y servicios o la asistencia a cierto tipo de instalaciones consideradas culturales. O como lo ponen Nivon y Villalobos, se trata de “actividades que requieren escasa mediación de las industrias o instituciones culturales”,26 pero eso no significa que no sean cultura. E incluso, son actividades que sí requieren de las industrias culturales pero que no son consideradas como cultura por quienes hacen las definiciones y fijan las políticas: por ejemplo leer best-sellers y revistas o escuchar radio o ir al futbol.

 

 

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