Lo anunció un instante antes de que la voz de la
médium cambiara de tono, volviéndose notoriamente masculina y muy ronca. La médium tenía la cabeza tan
echada hacia atrás en el respaldo de la silla que parecía
desprendida del cuerpo.
— Aquí estoy.
—¡Es él, Porfirio! —gritó una mujer algunos lugares
más adelante de Obregón, con un chillido tan hiriente
que la mano de su compañera se re volvió en la suya
como un ciempiés.
Era una voz seca e impostada, como de un muñeco
de ventrílocuo, pero de una marcada virilidad.
— Aquí hace mucho frío —dijo, de entrada.
Ellos, por el contrario, padecían un calor espantoso
porque la médium había cerrado todas las ventanas
antes de empezar la sesión.
— Porfirio —dijo la médium— dale algún consejo aÁlvaro, de ser posible dile lo que le va a suceder en el
futuro inmediato.
La voz, siempre ronca, muy alta, se adelgazó por la
emoción hasta casi volverse inaudible, muy pausada.
— Qué bueno que puedo compartir contigo esta experiencia,Álvaro. Te conozco muy bien, sé de ti por una
infinidad de referencias que me dan aquí, en este otro
mundo, y te aseguro que estás señalado por el dedo del
destino para salvar a nuestra amada patria. Volver a
adormecer el tigre que despertó Panchito Madero. Sólo
necesitas redoblar tu paciencia y tu valor, lo que no será
fácil, te lo puedo adelantar, porque aún recibirás un par
de pruebas muy dolorosas.
— ¿ Cuáles, cuáles? —quiso saber alguien.
—Especialmente un atentado en el próximo mes de
julio, que Álvaro deberá enfrentar tranquilamente
porque saldrá indemne de él, se lo puedo asegurar. Hay
cosas de allá que desde aquí se ven con toda claridad.
Hubo un silencio de plomo. La médium tenía la cara
ligeramente de lado, con un perfil afilado y la luz de la
linterna espejeándole en los lentes. La voz de Porfirio
contestó, muy ronca, con otra pregunta:
— ¿Qué es México para los mexicanos sino un
enigma, un vago fantasma, un monstruo sin nombre?
Pues aquí, en el otro mundo, la imagen se magnifica.
Aún mayor desprecio nos producen los egoístas que son
incapaces de renunciar a sus privilegios, conseguidos
con la sangre de los más pobres, o los pusilánimes que no
se atre ven a reclamar ninguno de sus derechos. Por eso
en la reunión privada que tuve con Panchito Madero le
dije: “Hagamos una especie de representación teatral, yo
soy el malo y tú eres el bueno. Pero aguas con nuestros
enemigos mutuos porque te van a sacar las uñas. Duro
con ellos”. Pero Panchito no hizo caso de mis consejos
por su ingenuidad y su bondad irredenta y echó a rodar
nuestro proyecto y al país mismo. Por eso, mi único
consejo al compañero Álvaro es: mano firme, puño de
hierro y detecta muy bien a tus enemigos. Si todo sale
bien, aquí nos vemos… ¿te gusta, Álvaro? Dentro de
unos cincuenta años… por lo menos…
— Gracias, Porfirio —la médium sacudió la cabeza
como si la sacara del agua y soltó un gemido
preocupante. Cambió de voz como dicen los psiquiatras
que les sucede a los enfermos que padecen de una doble
personalidad. Pe ro enseguida le vino un
desvanecimiento: la cabeza le rodó por un brazo y fue a
golpearse con el filo de la mesa (tuvo que dolerle en
serio). Todos se pusieron de pie y fueron a auxiliarla.
Calles mantenía un gesto duro, aún más cuadrada la
quijada, y en voz baja le dijo a Obregón:
— ¿ Ves cómo no tienes de qué preocuparte en
relación con nuestros enemigos, Álvaro?
Abrió las llaves de la bañera, templando el agua, a la
que agregó algunas hojas medicinales para recomponer
el cuerpo y ayudar, según le explicó la Lorenza, a la expectoración
después de un día de fatigas, con poco sueño
y abundantes pesadillas. Se friccionó la espalda con
un cepillo de cerdas naturales y suavísimas. La limpieza ,
el cuidado del cuerpo habían sido para él la única
religión que practicaba a conciencia.
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