Directorio
   NUEVA ÉPOCA | NÚMERO 59 | ENERO 2009 | ISSN EN TRÁMITE con número de folio 493 | REVISTA MENSUAL
ARTÍCULOS



Sitio optimizado para resolución de 800 x 600
Fecha de última actualización Julio de 2009
2007 D.R. Universidad Nacional Autónoma de México
Se prohíbe la reproducción total o parcial
de los artículos sin la autorización por escrito de los autores
Coordinación de Publicaciones Digitales,
Dirección General de Servicios de Cómputo Académico

Reserva de derechos al uso exclusivo del título:04-2008-050717072200-203





Jesús Reyes Heroles: El político humanista

E n r i q u e     G o n z á l e z     P e d r e r o

1/3

Jurista, politólogo, historiador, ideólogo e intelectual, Jesús Reyes Heroles (1921-1985) es uno de los más grandes políticos humanistas que ha dado nuestro país, en la mejor tradición de ese liberalismo que tanto defendió y puso en práctica. Enrique González Pedrero nos ofrece una semblanza y el ideario político de este gran estadista y fundador de instituciones.

Hace unos días trabajaba en mi estudio, muy quitado de la pena, cuando recibí una llamada telefónica de Federico Reyes Heroles para invitarme a participar en esta mesa dedicada a presentar la nueva edición de El liberalismo mexicano, que publica el Fondo de Cultura Económica. Como siempre estuve cerca de don Jesús y también lo he estado del Fondo, acepté con gusto. Curiosamente, fue en el despacho de Arnaldo Orfila, director del Fondo, donde conocí a Jesús Reyes Heroles. Por tanto, revisé mi archivo y encontré este texto, escrito años atrás, que viene como anillo al dedo. Con algunas modificaciones, helo aquí.

Jesús Reyes Heroles era con el mismo rigor un intelectual y un político. De allí que le gustara autocalificarse como un intelectual político o como un político con ideas (lo que me recuerda aquella metáfora del zorro y el león de que habla Maquiavelo). ¿Prevalecía, ocasionalmente, alguno de esos personajes en apariencia contradictorios? Eventualmente, tal vez: Todo dependía de las circunstancias.

Lo cierto es que preocupación y ocupación, el hombre de ideas y el hombre activo se complementaban. El hombre de ideas, formado en el derecho, la economía, la historia: en las ciencias sociales. El político, hecho en las diversas facetas de la realidad mexicana: primero en la empresa pública. Dina, Pemex. Luego el Partido. Surgen entonces la experiencia de la militancia, la polémica, la negociación no siempre paciente, la madurez de las ideas.

Tengo para mí que los mejores textos de don Jesús son sus discursos, con ese estilo dialéctico entre Gracián y el joven Marx, que cuajó fórmulas (casi consignas) condensadas, precisas, filosas, del tipo: para que no medre la política de la fuerza, hagamos que impere la fuerza de la política... Una sociedad sólo conserva en la medida que puede cambiar, pero, a la vez, una sociedad sólo cambia en la medida en que puede conservar. O como su ingeniosa teoría del Progreso regresivo. Sus discursos son verdaderos ensayos sobre los problemas nacionales. Y ese pensamiento abroquelado surgió, tal vez, en la militancia. (Aunque ya está presente en la espléndida Introducción a las Obras de Otero).

Por último, la experiencia en la administración central del Estado; la Secretaría de Gobernación y la Secretaría de Educación Pública. ¡Qué gran secretario de Hacienda habría sido!

El político tuvo fortuna, la que Maquiavelo sabía indispensable para que floreciera la virtud. La fortuna que complementa, cuando lo quiere el destino, la sabiduría para el quehacer político. Requisito indispensable sin el cual no hay acción fructífera posible. O más bien, se la supo hacer. Hizo de una debilidad su fuerza. Como era bien sabido, en aquella época, don Jesús no podía aspirar a la Presidencia de la República, pero en esa imposibilidad, forjó su poder: en México lo fue casi todo. Tuvo, por ello, una longevidad extraña en el medio. Así me la explico yo.

Hay, por tanto, interacción entre ideas y praxis, pues en su caso no se trata de ideas en abstracto, de ideas artísticas o de ideas metafísicas, sino de ideas políticas que buscaban producir efectos concretos.

La historia misma, que en alguna medida es política pasada, o la política actual que es historia presente, porque historia y política son tiempo concentrado, le sirven para iluminar hechos. Con la experiencia política entiende mejor lo sucedido en el siglo pasado. Con la interpretación de los hechos pasados comprende mejor el presente. Ha y, pues, una relación estrecha entre la experiencia de la cosas modernas y la continua lectura de las antiguas.

Era, por cierto, un Político con mayúsculas como la tradición mexicana los ha formado a veces: como Hidalgo, hecho en la Ilustración; como Morelos, rousseauniano él; como Mora, como Otero, como García Salinas. Como los políticos de la Reforma: liberales heterodoxos. Y, ya en la Revolución, como Luis Cabrera, como Vasconcelos, como Bassols, como Lombardo y como todos los hombres de la Generación 1915 que fueron intelectuales, creadores de instituciones, organizadores, hombres de ideas y, también, hombres de acción.

Jesús Reyes Heroles

Buena parte de las instituciones actuales las armaron los Ignacio Chávez, los Cosío Villegas, los Gómez Morín, los Silva Herzog, los Caso... Un creador de instituciones no inventa: toma los materiales que le ofrece la realidad, los selecciona y los combina según su imaginación y su experiencia. He ahí la nueva creación. ¿Puede haber ocupación de mayor jerarquía o de mayor trascendencia? Hace falta tino y perspicacia, perspectiva, para descubrir y combinar formas nuevas capaces de captar, sin ahogarlas, las expresiones de la realidad de siempre. De esa estirpe, que ha generado vigorosos políticos pensantes, era Jesús Reyes Heroles.

No fue el único, ni se produjo por generación espontánea. Porque sabía pensar actuaba: siempre se movió iluminado por las ideas.

Viene del liberalismo social mexicano, pero conoce la teoría política antigua, la medieval, la renacentista, la moderna, la del siglo XIX, la actual. Comienza a estudiar ciencia política en la Facultad de jurisprudencia (con el maestro De la Cueva, con don Manuel Pedroso) y continúa en Argentina con Silvio Frondizi, que lo relaciona con el pensamiento político italiano y con las corrientes sociales contemporáneas. De modo que es un liberal a su manera: cree en la intervención del Estado y en la dinámica del Estado.

Proponemos —dirá más tarde— que mediante formas amplias de intervención estatal y de participación social, que lejos de negar las libertades las acrecienta, se instaure una planeación económica para que el hombre domine y no sea dominado por imperativos y ciegas fuerzas económicas...

Ideas y acción lo llevan al meollo de la política, a su cimiento y cima: al Estado. Pero no al Estado en abstracto, sino al Estado Mexicano. Revisemos, pues, algunas de sus ideas y algunos de sus actos, a propósito del Estado.

Continúa siguiente