Directorio
   NUEVA ÉPOCA | NÚMERO 59 | ENERO 2009 | ISSN EN TRÁMITE con número de folio 493 | REVISTA MENSUAL
ARTÍCULOS



Sitio optimizado para resolución de 800 x 600
Fecha de última actualización Julio de 2009
2007 D.R. Universidad Nacional Autónoma de México
Se prohíbe la reproducción total o parcial
de los artículos sin la autorización por escrito de los autores
Coordinación de Publicaciones Digitales,
Dirección General de Servicios de Cómputo Académico

Reserva de derechos al uso exclusivo del título:04-2008-050717072200-203





La Suave Patria: Sus enigmas y la gitana

E d u a r d o     R.     H u c h i m

1/3

La Suave Patria de Ramón López Velarde, es uno de esos poemas destinados al asombro permanente. Versos diáfanos convergen con estrofas aparentemente oscuras o provenientes de un lenguaje privado al que es preciso descifrar. Eduardo R. Huchim se lanza con fortuna a la laboriosa tarea de interpretar algunos de los enigmas que contiene el gran poema nacional y nos ofrece una imagen postrera y entrañable del gran poeta jerezano.

Jean Cottereau, líder de una rebelión promonárquica de campesinos ocurrida en 1793 en Francia, era hijo de un comerciante de zapatos, Pierre Cottereau, quien tenía por sobrenombre Chuan (castellanizado del francés Chouan), de modo que sus hijos Jean, Pierre, François y René fueron conocidos como los Chuanes, y su insurrección como chuanería o Guerra de los Chuanes.

En su obra El conde de Chanteleine, Julio Verne escribió:

Chanteleine y los suyos consiguieron rehacer algún tanto, con su presencia, el ejército realista que a cuyo frente se hallaba La Rochejaquelein, que acababa de ser nombrado generalísimo; volvieron de nuevo contra los republicanos, que, a pesar de tener a su frente a un hombre como Kléber, no pudieron evitar que los blancos alcanzasen una gran victoria delante de la ciudad de Laval, en cuyo distrito habían nacido los cuatro hermanos Chuanes, que dieron nombre a la chuaneríade la Vendée. Aquella victoria fue, no obstante, la última que tuvieron los realistas en tan sangrienta campaña.1

Y bien, ese episodio de la Francia de fines del siglo XVIII contribuye a explicar una de las estrofas quizá más obscuras de “La Suave Patria” de Ramón López Velarde (algunas clarificadas y otras todavía no). Es la segunda del proemio del célebre poema y dice:

Navegaré por las olas civiles con remos que no pesan, porque van como los brazos del correo chuan que remaba la Mancha con fusiles.

Habida cuenta de que en el proemio de su poema López Velarde nos dice cómo le va a cantar a la patria, pareciera que su navegación sobre “olas civiles con remos que no pesan” anuncia su intención de no detenerse en hazañas militares, ni en loar a los generales revolucionarios de la época (1921) en que publicó su poema.

El episodio de remar con fusiles figura en la novela El caballero Destouches de Jules Amédée Barbey D’Aurevilly (1808-1889), novelista y crítico francés que la publicó en 1864. A él se atribuye la frase “hay pasiones que la prudencia enciende y que no existirían sin el riesgo que provocan”. Riesgo y prudencia estuvieron presentes en el caso porque, en su relato, dos hombres se trasladaban en una canoa con cupo para uno solo y por ello estuvieron a punto de zozobrar, aunque prudentemente habían suprimido todo peso prescindible, incluso los remos, sustituidos por los fusiles, como lo señala Jorge Mendoza, citando a David Huerta y José Emilio Pacheco.2

En un ar tículo publicado en la revista Proceso, David Huerta escribió:

En las páginas 55 y 56 de la edición mexicana de El caballero Destouches están estas palabras: “... habían venido desde Guernesey a la costa de Francia en aquella canoa de Destouches, que no podía admitir más que un solo hombre, y que estuvo a punto de zozobrar cien veces bajo el peso de los dos. ¡Para suprimir toda carga inútil remaron con los fusiles!...”. Bien: de ahí esas líneas de “La Suave Patria”; pero queda una interrogante: ¿se identificaba López Velarde con Barbey D’Aurevilly? Se ha dicho que su célebre poema es un texto “refractario” a la Revolución Mexicana; por eso le parece que la “clave de la dicha” para la Patria consiste en no cambiar, en ser “siempre igual, fiel a tu espejo diario”. López Velarde parecería algo así como un defensor del “antiguo régimen”, exactamente como el “diabólico” novelista francés de cuya narración extrajo esa alusión a los chuanes. ¿Hay, pues, conservadurismo y aristocratismo en “La Suave Patria”?3

Ramón López Velarde a los dos años
Ramón López Velarde a los dos años

LOS VERSOS DEL TRUENO

Otra estrofa también enigmática es la última del primer acto:

Trueno del temporal: oigo en tus quejas crujir los esqueletos en parejas, oigo lo que se fue, lo que aún no toco y la hora actual con su vientre de coco. Y oigo en el brinco de tu ida y venida, oh trueno, la ruleta de mi vida.

No he hallado, entre los varios estudios sobre López Velarde consultados, una interpretación convincente sobre el primer dístico de esta estrofa, de modo que aventuraré una, basada en el catolicismo que, a tono con sus estudios de seminarista, asoma una y otra vez en los versos de “La Suave Patria” y, en general, en el lenguaje metafórico del poeta. Una breve digresión: al hablar de las fuentes metafóricas utilizadas por López Velarde en su poesía y su prosa, Allen W. Phillips sostiene que la más importante de ellas es la liturgia católica.

Desde fecha temprana —apunta— le ofreció modos de expresión, y los símbolos religiosos aparecen y reaparecen con reiteración que vienen a constituir un verdadero acervo lingüístico… óleos, cirios, custodias, panes eucarísticos, olores de incienso, clavos, espinas y otros objetos análogos en interminable procesión. Esa predilección por elementos eclesiásticos, que le trae al poeta un eco de su juventud y de sus días de seminarista, aparece más acentuada en sus poemas y prosas juveniles, aunque no desaparece en etapas posteriores.4

Pues bien, “Trueno del temporal” me remite al apóstol san Juan, llamado “Hijo del trueno” por Jesús, igual que su hermano Santiago. Quizá López Velarde imaginó a Juan escribiendo su Apocalipsis, libro bíblico que alude justamente al fin de la vida temporal, para dar paso a la vida eterna, trance en el cual Juan ve escenas espeluznantes y escucha voces y ruidos atronadores, mientras que el poeta escucha “en tus quejas crujir los esqueletos en parejas”.

Continúa siguiente