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   NUEVA ÉPOCA | NÚMERO 67 | SEPTIEMBRE 2009 | ISSN EN TRÁMITE con número de folio 493 | REVISTA MENSUAL
 EDITORIAL
ARTÍCULOS
NIETO Y ABUELO
Gonzalo Celorio
IN MEMORIAM
JAVIER WIMER (1933-2009)

Luis Ortiz Monasterio, Carlos Payán Velver, Jorge Eduardo Navarrete, Marilina Barona del Valle



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Nueva imagen del Estado teotihuacano
E n r i q u e   F l o r e s c a n o

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El simbolismo guerrero del edificio de la Serpiente Emplumada está confirmado por los 200 militares ahí sacrificados y por la asociación de este lugar con uno de los mayores talleres dedicados a fabricar los famosos incensarios de Teotihuacan (figura 4). Según varios autores, el incensario era el instrumento utilizado para celebrar un culto a quienes morían sacrificados en la guerra para proporcionarle corazones al Sol. Karl Taube vinculó los numerosos ejemplos de sacrificios humanos y culto bélico hallados en este monumento con el mito del Quinto Sol, cuyo mensaje exigía la sangre de los guerreros para mantener la energía solar. Como sabemos, este culto se prolongó hasta los mexicas. En Tenochtitlan, numerosos cantos celebraban la muerte de los valientes en el campo de batalla, cuyos cuerpos eran luego incinerados, un rito que según esta ideología sacrificial les permitiría renacer más tarde como mariposas que acompañaban al Sol en su ascenso celeste. Así, dice Taube que: “Tanto los teotihuacanos como los aztecas pudieron haber considerado La Ciudadela y el Templo de Quetzalcóatl como el lugar de los guerreros que habían muerto para mantener la vitalidad del Sol”.21

Figura 6. Pintura mural de Teotihuacan que retrata a un personaje ricamente ataviado cuyas manos derraman semillas, flores y objetos preciosos. Canta o pronuncia discursos floridos, como lo indican las largas volutas que salen de su boca. Foto tomada de Fuente, 1995

Apoyado en estas interpretaciones del simbolismo que rodea al edificio de la Serpiente Emplumada propuse otra lectura de la iconografía plasmada en ese monumento. Antes que una “entidad mítica”, como la llama Sugiyama, la imagen de la Serpiente Emplumada que rodea los cuatro lados de este edificio es el emblema del gobernante que decidió su construcción y simbolismo. Es decir, el icono de la Serpiente Emplumada era el símbolo que expresaba la calidad del personaje ahí enterrado. Quizá también era el nombre o el título del mismo jefe, Serpiente Emplumada, de modo que si esta apreciación es correcta, en este monumento nombre y emblema quedaron fundidos en una imagen perdurable, la imagen del poder más prestigiosa en Mesoamérica. El nombre Serpiente Emplumada y el emblema que lo representaba se grabaron en la memoria política de esos pueblos con tal fuerza que por varios siglos los gobernantes de estirpe tolteca proclamaron descender de ese Quetzalcóatl primero y asumieron el emblema de la Serpiente Emplumada como símbolo del poder real. El emblema tuvo una carrera aún más afortunada, pues se convirtió en el icono representativo del poder real en el área nahua y en las regiones donde esa cultura se manifestó con fuerza. Esta interpretación difiere de las que sostienen otros autores, para quienes los símbolos del edificio de la Serpiente Emplumada aluden a una deidad, o a una entidad mítica, como la llama Sugiyama.22

Según mi interpretación, la imagen de la Serpiente Emplumada es el emblema real del gobernante ahí enterrado, un emblema que desde entonces se convirtió en representación de la casa real de Tollan. Este emblema adquirió tal prestigio que desde esos años hasta la caída de Tenochtitlan, Quetzalcóatl, Serpiente Emplumada, fue el símbolo del poder más difundido y carismático de Mesoamérica, como lo confirma su exaltada manifestación en Xochicalco, Cacaxtla, Tula, Uxmal, Chichén Itzá, Cholula, Coixtlahuaca, Mayapán y otras capitales (figuras 9A y 9B). Como se advierte en estas figuras, el icono de la Serpiente Emplumada está asociado siempre al poder político, al tlatoani o supremo gobernante de esos reinos.

En las imágenes agrupadas en las figuras 9A y 9B se puede observar que los jefes de esos reinos, para manifestar su rango, invariablemente se hicieron representar bajo el halo protector del emblema de la Serpiente Emplumada que envuelve y arropa sus cuerpos. El personaje real que gobernó Tollan y elaboró el grandioso programa de legitimización política, resumido en el edificio de la Serpiente Emplumada, le infundió tal trascendencia al ejercicio del poder que en el futuro su nombre y su emblema adquirieron el significado de arquetipo del conductor de hombres y guerrero conquistador.23 Las imágenes y los lúgubres entierros del edificio de la Serpiente Emplumada exaltan esas virtudes. Las excavaciones arqueológicas recientes en la Pirámide de la Luna corroboran que el sacrificio ritual de los guerreros y la exaltación de la fuerza militar fueron prácticas generalizadas y cultos antiguos en Teotihuacan.24

Figura 7. Alto personaje militar distinguido por su tocado de plumas de quetzal y las cuatro borlas de la parte media. Lleva anteojeras tipo Tláloc, vestidura militar y la imagen de un pájaro como pectoral. Camina en procesión y va cantando como lo indican las largas vírgulas que salen de su boca. Abajo, a la derecha, un glifo con el mismo tocado de plumas y borlas y la máscara de Tláloc indica su nombre. Dibujo de Saburo Sugiyama. Foto tomada de Berrin, 1988: figura V.I.

El tercer testimonio que ratifica la importancia del poder militar en Teotihuacan es la presencia política de este reino en regiones alejadas del Altiplano Central. En las últimas tres décadas numerosos estudios desvelaron la influencia cultural, política y militar de Teotihuacan en diversas regiones del área maya y con mayor fuerza en el periodo comprendido entre los años 200 y 450. Quizá la idealización de la cultura maya que construyeron los arqueólogos de las primeras décadas del siglo XX fue el obstáculo que impidió comprender la compleja y sostenida relación entre el mundo maya y Teotihuacan. Como se recordará, en esos años los arqueólogos elevaron a los mayas al rango de cultura clásica de Mesoamérica, semejante al sitial que ocupó Grecia en el mundo mediterráneo, al punto de otorgarle la condición de cultura madre. Así, cuando Mathew Stirling, Miguel Covarrubias y Alfonso Caso sacaron a la luz los monumentos que mostraron la antigüedad y la importancia de la cultura olmeca, Eric Thompson, entonces la máxima autoridad en el conocimiento de los mayas, reaccionó con violencia y descalificó esas interpretaciones, que más tarde se comprobó que descansaban en fundamentos sólidos y revelaron la profundidad histórica del pueblo olmeca y su influencia en los orígenes de lo que hoy llamamos Mesoamérica.25

Algo parecido ocurrió cuando se exhumaron los testimonios que dieron a conocer la presencia de Teotihuacan en el área maya. Así, la publicación en 1933 de nuevos datos arqueológicos que mostraron la influencia de la gran metrópoli del centro de México en Uaxactún, Kaminaljuyú y más tarde en Balberta y Tikal en Guatemala, o en Copán en Honduras fueron recibidos con escepticismo por los mayistas. Nació entonces un debate que apenas ha menguado en los días actuales. Mientras un grupo de arqueólogos y epigrafistas sostiene que Teotihuacan intervino militar, política y culturalmente en el área maya, otros rechazan esa influencia, niegan la presencia de contingentes militares en esa región y sostienen que las evidencias de rasgos teotihuacanos en la arquitectura, la escultura o los ritos y símbolos sólo indican que la élite maya absorbió y reinterpretó esos legados. En pocas palabras, rechazan la intervención directa de la metrópoli del Altiplano Central en el área maya.

El punto álgido de esa controversia se alcanzó cuando los arqueólogos que defendían la influencia teotihuacana en el área maya arguyeron que, dado el desarrollo temprano del Estado teotihuacano, esta potencia habría sido decisiva en la formación de los reinos mayas. Sin embargo, las recientes investigaciones en El Mirador y otros sitios del Petén indican que las primeras organizaciones políticas mayas (señoríos, cacicazgos) comenzaron a desarrollarse desde 800 a.C., en el Preclásico, cuando Teotihuacan apenas iniciaba su crecimiento.26 Desde entonces quedó claro que el origen del Estado en Mesoamérica fue un proceso múltiple, que se manifestó en distintas regiones: La Venta en el área olmeca, Monte Albán en Oaxaca, El Mirador y Tikal en el Petén, y Calakmul en Campeche. Sin embargo, la discusión sobre el carácter de las relaciones que se establecieron entre el área maya y Teotihuacan aún continúa.27

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