Directorio
   NUEVA ÉPOCA | NÚMERO 68 | OCTUBRE 2009 | ISSN EN TRÁMITE con número de folio 493 | REVISTA MENSUAL
 EDITORIAL
ARTÍCULOS
POE ENTRE NOSOTROS
Vicente Quirarte



Sitio optimizado para resolución de 800 x 600
Fecha de última actualización Octubre de 2009
2007 D.R. Universidad Nacional Autónoma de México
Se prohíbe la reproducción total o parcial
de los artículos sin la autorización por escrito de los autores
Coordinación de Publicaciones Digitales,
Dirección General de Servicios de Cómputo Académico

Reserva de derechos al uso exclusivo del título:04-2008-050717072200-203





Elogio del Centro Histórico

J a c o b o    Z a b l u d o v s k y

1/3

En este discurso pronunciado durante la entrega de la Medalla al Mérito Ciudadano en la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México, Jacobo Zabludovsky hace una crónica y un elogio de México, de la UNAM y de la ciudad, plenos de referencias autobiográficas y culturales.

Tal vez ningún otro organismo de la Ciudad de México simbolice tanto nuestra madurez política como esta Asamblea Legislativa del Distrito Federal, que es producto de la voluntad libre y legítima de quienes la habitan. Sus miembros nos representan a todos. En la diversidad de sus convicciones se manifiesta la decisión de sus representados, se consolida la esencia democrática de la capital federal, de gobierno autónomo, cuyo jefe surge de las urnas, así como también quienes encabezan las delegaciones.

Son mis conciudadanos los que me distinguen con esta Medalla al Mérito Ciudadano. A ustedes, señoras y señores legisladores, mi gratitud por un premio al amor a mi ciudad. Si ésa es la razón, considero justo el honor que me dispensan porque se trata de un amor que nació conmigo y creció con ella.

Cuando mi padre bajó del tren en Buenavista en 1926, sin dinero, sin idioma, sin la religión de la mayoría, cambió su oficio juvenil de agente viajero de librerías por el de vendedor de retazos de telas por kilo en el mercado Hidalgo, en la colonia de los Doctores. Atraído por los ecos de una revolución popular que ofrecía un horizonte de tolerancia, libertad y justicia, y por un pueblo al cual deseaba integrarse en el esfuerzo común de lograr seguridad y futuro para su familia, no dudó en confiar en su propia esperanza y apostó al porvenir, y así encontró la suerte. Cuando llegó a un México generoso supo que había acertado.

En 1927 llegaron a México mi mamá, mi hermana Elena y mi hermano Abraham. Dejaban Polonia para reunirse con mi papá. Yo nací en 1928 en una vecindad que ya no existe en la calle de doctor Barragán número 97.

Mi padre cambió de mercado, al de la Merced; yo llegué de su mano al Centro que hoy llamamos Histórico. Aquí di mis primeros pasos y aquí daré los últimos.

En estas veredas aprendí a andar, no a detenerme. A veces me preguntaba por qué mi padre había cambiado de domicilio siete veces en unos cuantos años. La razón es muy sencilla: nuestra vivienda era cada vez mejor y el equipaje se tornaba más ligero.

De doctor Barragán, con sus llanuras de tierra, olor a establo y ruido de fábricas textiles, llegamos a Mesones 62, calle de bodegas con aroma de boticas y costales viejos. Vivimos frente al callejón de Regina que era tan corto que la pulquería La Risa, que aún existe, y el teatro Hidalgo agotaban el trayecto. Una escuela de párvulos en la misma manzana, esquina de Cinco de Febrero y República de El Salvador, nos permitía caminar de ida y vuelta sin cruzar la calle. Esa primera mañana de escuela, la compañía de los niños del barrio secó las lágrimas de aquel niño chillón. En la tarde volvíamos mi madre y yo por la misma banqueta al punto de partida.

En San Jerónimo 134 tuvimos una vivienda que daba a la calle y otra, después, al interior en altos 1. Me inscribieron en la escuela República del Perú en San Jerónimo 112 bis, porque era la más cercana, pública, gratuita y laica. Durante seis años fui de la casa a la escuela y de regreso sin bajar de la banqueta.

Otro cambio de casa en esa manzana: Correo Mayor 117 segundo piso. Tampoco hubo necesidad de cruzar alguna calle para ir, durante tres años, a la Secundaria 1 en Regina. En resumen: en una sola manzana del Centro, la de Regina, Pino Suárez, San Jerónimo y Correo Mayor, tuve casas y escuelas por nueve años, sin que hubiese la necesidad de cruzar el arroyo. Cada tarde volvía caminando al punto de partida.

Cruces 24, altos 4, el corazón de la Merced. Almacenes de semillas, ultramarinos y chiles secos. Nuestros vecinos eran los españoles de viejo arribo, fundadores del comercio de abarrotes, distribuidores de azúcar, harina, frijol, garbanzo, sardinas enlatadas y quesos importados. Sirios y libaneses en tiendas de ropa y telas. Idiomas, religiones y costumbres coexistían en un respeto recíproco.

Fuimos pioneros de la calle 20 de noviembre cuando ésta se abrió del Zócalo a Tlaxcoaque. Desde el número 98 caminé todos los días hasta San Ildefonso para entrar a la UNAM por la puerta de la Escuela Nacional Preparatoria. 1943 y 1944, los mejores años de mi vida estudiantil, con brillantes maestros, un bachillerato de humanidades intenso, amplio y ambicioso. Pero la suerte me habría de sonreír, incluso más que en las aulas, en el breve tramo que daba de la puerta de la Preparatoria a la de la Facultad, donde como estudiante de Derecho conocí a una alumna de bachillerato con la que acabo de cumplir, hace cinco días, cincuenta y cinco años de matrimonio. Mi esposa nació a tres cuadras de aquí, en la esquina de Brasil y Bolivia; ella es un típico y afortunado producto del Centro.

Casasola, Feria en la calle Cinco de mayo y el Zócalo, ca. 1935

Es del Centro de lo que quiero hablar. El Centro, sin adjetivos innesesarios que lo reducen a una sola de sus cualidades, la de histórico, justo pero limitado, porque el Centro es una ciudad dentro de la Ciudad de México. Tiene muchos otros motivos de orgullo, además del histórico. Siempre lo llamamos Centro, lo seguimos llamando Centro.

El nombre de Centro Histórico tiene su origen en el Decreto Presidencial de 1980 que lo incorpora a la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos. A partir de 1987 se inscribe en la lista del Patrimonio Mundial de la Humanidad donde se reafirma el apelativo.

Continúa siguiente