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   NUEVA ÉPOCA | NÚMERO 69 | noviemBRE 2009 | ISSN EN TRÁMITE con número de folio 493 | REVISTA MENSUAL
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CIEN AÑOS DE FÉLIX CANDELA. VUELOS IMPENSADOS
Juan Ignacio del Cueto Ruiz-Funes



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Fecha de última actualización Noviembre de 2009
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Cien años de Félix Candela. Vuelos impensados

Juan   Ignacio   del   Cueto  Ruiz - Funes

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Entre los legados del exilio español a nuestro país destaca la presencia del arquitecto Félix Candela, cuyos aportes pueden encontrarse en múltiples espacios que registran su obra y la originalidad de sus propuestas. Juan Ignacio del Cueto nos ofrece una semblanza del gran arquitecto en la víspera del centenario de su nacimiento en 1910.

A la memoria de Concha Ruiz-Funes Montesinos (1941-2009), estudiosa del exilio español.

Es bien sabido que España sufrió una terrible sangría cultural con el éxodo que provocaron la Guerra Civil de 1936 y el régimen totalitario que instauró Francisco Franco a partir de 1939. Muchos políticos, intelectuales y artistas de avanzada, que estaban dando nuevos rumbos a la cultura española, tuvieron que abandonar su tierra. La diáspora republicana llevó al exilio a medio centenar de arquitectos; veinticinco de ellos recalaron en México, país que les brindó asilo y la posibilidad de seguir ejerciendo su profesión.1 Uno de los más jóvenes fue Félix Candela, quien ganó fama mundial con las sorprendentes estructuras laminares de concreto armado, conocidas popularmente como “cascarones”, que construyó en México en los años cincuenta y sesenta. A lo largo de sus casi noventa años de vida residió en tres países y tuvo tres nacionalidades; cada periodo —de duración similar— podría identificarse con su trayectoria personal: su etapa de formación tuvo lugar en España (1910-1939); en México (1939-1970) vivió su plenitud creadora, y en Estados Unidos (1971-1997) su ocaso profesional. El 27 de enero de 2010 se cumplen cien años de su nacimiento. La efeméride es un buen pretexto para recordar a este singular arquitecto —que fue profesor de la Escuela Nacional de Arquitectura de la UNAM entre 1953 y 1970— y emprender la revaloración de su obra con la finalidad de generar mecanismos que permitan conservarla y difundirla adecuadamente.

EL ARQUITECTO Y SU CIRCUNSTANCIA

Yo soy yo y mi circunstancia,
y si no la salvo a ella no me salvo yo.

JOSÉ ORTEGA Y GASSET

Félix Candela Outeriño nació en Madrid el 27 de enero de 1910; fue el mayor de los tres hijos que tuvo el matrimonio de Félix Candela Magro y Julia Outeriño Echeverría. Desde niño destacó como deportista (atletismo, esquí alpino, rugby) y mostró facilidad para los estudios con una atracción particular por las ciencias exactas. Su padre, comerciante madrileño que tenía una zapatería en la Calle Mayor, murió en 1929, año en que Félix ingresó a la Escuela de Arquitectura de Madrid, donde fue ayudante en la materia de Resistencia de Materiales y secretario de la FUE (Federación Universitaria Escolar) de Arquitectura, puesto desde el que luchó por implementar cambios en el anquilosado plan de estudios de la institución. Se tituló en 1935.

Las estructuras laminares de concreto armado que se construían en Europa desde los años veinte (Eugène Freyssinet en Francia, Robert Maillart en Suiza, Eduardo Torroja en España, Franz Dischinger y Ulrich Finsterwalder en Alemania) habían llamado poderosamente la atención del joven Candela durante la carrera. En 1936 recibió una beca de la Academia de San Fernando para estudiar en Alemania las características y procesos constructivos de las estructuras laminares,2 pero sus planes se vieron frustrados por el estallido de la Guerra Civil. Se enroló como voluntario en el ejército republicano y participó como capitán de batallón de ingenieros en varios frentes de batalla; en febrero de 1939 cruzó los Pirineos y fue a parar al campo de concentración de Saint Cyprien, de donde salió unos meses después para viajar a México a bordo del Sinaia.3 “No sé quién me puso en la lista, el caso es que me mandaron a México […] La experiencia en la Guerra Civil y el paso por el campo de concentración formaron parte fundamental de mi formación…”.4

Candela desembarcó en Veracruz el 13 de junio de 1939;5 al mes siguiente ya estaba trabajando como jefe de obras de la colonia Agrícola Santa Clara en Chihuahua, un experimento emprendido por el SERE que fracasó al año de iniciado.6 En 1940 Candela se trasladó a Acapulco para realizar algunos trabajos en sociedad con el contratista Carlos Bringas, antiguo residente español. Tras deshacer la fallida sociedad, Candela proyectó y construyó 18 bungalows del hoy desaparecido Hotel Papagayo. En 1941 adquirió la nacionalidad mexicana.

Félix Candela fotografiado en la capilla de San Vicente de Paul, 1956

De 1942 a 1946 trabajó en la empresa Vías y Obras participando en la realización de diversas construcciones en Veracruz, Morelos y el Distrito Federal.7 De forma independiente proyectó un hotel y un cine para Guamúchil, Sinaloa. En 1945 consiguió traer de España a su madre y a sus hermanos Julia y Antonio. Con este último, aparejador de profesión,8 montó un despacho en 1946; construyeron algunos proyectos para el empresario hispano Miguel Gómez Lavín, entre ellos el Hotel Catedral en la calle Donceles (1947-1948).

A lo largo de aquellos años, Candela retomó su interés por las estructuras laminares de concreto armado y devoró toda la bibliografía que cayó en sus manos sobre el tema. En 1949, diez años después de su llegada a México, construyó su primer cascarón experimental: una bóveda catenárica9 que aplicaría en el proyecto de una escuela rural en Tamaulipas. Animado por el éxito del experimento y convencido del abanico de posibilidades que se abrían en ese campo innovador, fundó con sus hermanos Antonio y Julia una compañía constructora a la que se sumaron como socios los arquitectos mexicanos Fernando y Raúl Fernández Rangel. Así nació Cubiertas Ala, la empresa desde la que Félix Candela —actuando como arquitecto, ingeniero, consultor, calculista, contratista y constructor— levantó las cubiertas que lo harían mundialmente famoso.

Restaurante Los manantiales, Xochimilco
Iglesia San Antonio de las Huertas, Ciudad de México

UNA OBRA SINGULAR

…muchos arquitectos e ingenieros han experimentado con las
estructuras laminares. Sólo un hombre, Félix Candela,
logró convertirlas en una obra maestra
.
FREI OTTO

Pese a que su objetivo inicial era emplearlos en el campo de la arquitectura industrial, los cascarones que dieron mayor prestigio a Candela fueron los que levantó para otros tipos de edificios (institucionales, religiosos o comerciales) realizados, en la mayoría de los casos, en colaboración con colegas que acudían a él para solucionar las estructuras laminares que proponían en sus proyectos. Así, desde su empresa, Candela tuvo relación con lo más granado del panorama arquitectónico mexicano. Entre sus obras más logradas cabe destacar el Pabellón de Rayos Cósmicos de Ciudad Universitaria (1951, con Jorge González Reyna), obra que le dio proyección internacional; los Almacenes de las Aduanas de Pantaco (1953, con Carlos Recamier); la cúpula elíptica que cubre el gran salón del Centro Gallego de México (1953, con el arquitecto exiliado José Caridad Mateo), los mercados que construyó a mediados de los cincuenta con Pedro Ramírez Vázquez y Rafael Mijares en diversos barrios capitalinos (Coyoacán, Azcapozalco, Anáhuac, Jamaica); el cabaret La Jacaranda del Hotel Presidente en Acapulco (1957, con Juan Sordo Madaleno); el restaurante Los Manantiales en Xochimilco (1958, con Fernando y Joaquín Álvarez Ordóñez); la capilla abierta de Palmira en Cuernavaca (1958, con Guillermo Rosell y Manuel Larrosa), y los bungalows, el restaurante y el auditorio del Hotel Casino de la Selva (Cuernavaca, 1959),10 donde contó con la estrecha participación de Juan Antonio Tonda.11

Mención aparte merece la colaboración de Candela con los arquitectos Enrique de la Mora y Fernando López Carmona, que se inició en 1953 con la cubierta para la sala de remates de la Bolsa Mexicana de Valores, en la calle de Uruguay (Centro Histórico de la Ciudad de México), y que siguió con varias iglesias: el Altillo (Coyoacán, 1955), San Antonio de las Huertas (Calzada México-Tacuba, 1956), San Vicente de Paúl (Coyoacán, 1958) y San José Obrero (Monterrey, 1959). En 1960 colaboró con López Carmona en la solución para el templo de Santa Mónica (colonia Del Valle). La iglesia de la Virgen de Guadalupe (Madrid, 1963), proyectada por Enrique de la Mora, representó el regreso profesional (que no personal) de Candela a España, quien siempre otorgó mucho crédito a la capacidad proyectual de sus colegas mexicanos. Una de sus primeras creaciones, la sorprendente iglesia de la Virgen de la Medalla Milagrosa (colonia Vértiz Narvarte, 1953), es la única obra que consideraba enteramente suya.12

Poco después de fundar Cubiertas Ala, Candela construyó los primeros prototipos experimentales de paraguas, estructuras conformadas por cuatro segmentos de paraboloide hiperbólico sostenidos por un apoyo central; de esta forma cada elemento podía cubrir hasta 200 metros cuadrados con un solo apoyo. Su eficacia y sus ventajas constructivas (se podía utilizar la misma cimbra varias veces) lo convertían en un producto muy económico, por lo que el paraguas fue el tipo de estructura más solicitado para levantar edificios que necesitaran grandes superficies cubiertas, aunque fueron las gasolineras las que popularizaron su imagen, pues buena cantidad de ellas se protegen bajo paraguas a lo largo y ancho del país.

De sus innumerables construcciones industriales sobresale la planta embotelladora Bacardí-México (Tultitlán, Estado de México, 1959-1960), donde Candela tuvo oportunidad de aplicar paraguas de varios tipos en bodegas, almacenes, talleres y estacionamientos. El edificio de embotellado, reconocido como una de las obras maestras de la arquitectura mexicana del siglo XX, está conformado por seis bóvedas de arista de 30 metros de claro (los cascarones más grandes de cuantos construyó) que forman dos crujías y cubren un espacio luminoso y diáfano de más de 5,000 metros cuadrados de superficie.13

Las soluciones propuestas por Félix Candela se basaban en estructuras resistentes por su forma geométrica: el paraboloide hiperbólico tiene la característica de transmitir casi exclusivamente esfuerzos a compresión, lo que permite construir estructuras muy delgadas de un espesor constante, ajustado por lo general a cuatro centímetros.14 Entre los factores que influyeron en su apogeo están sus características técnicas y constructivas, que las hacían económicamente muy ventajosas, además de sus muy peculiares cualidades estéticas. Cubiertas Ala desarrolló un impresionante volumen de obra en sus poco más de veinte años de producción. El catálogo de la empresa sobrepasa los 1,400 proyectos realizados, de los que se construyeron cerca de 900; la mayoría fueron edificios industriales.15

En medio de esta frenética actividad, Candela encontró tiempo para escribir varios artículos que fueron publicados en diversas revistas internacionales, entre los que destacan títulos como “Simple Concrete Shell Structures” (1951), “Hacia una nueva filosofía de las estructuras” (1952), “Divagaciones estructurales en torno al estilo” (1953), “The Shell as a Space Encloser” (1954), “En defensa del formalismo” (1956), “Reinforced Concrete Shells” (1960) y “El escándalo de la Ópera de Sidney” (1967). Con su peculiar sentido del humor escribía en 1957 a su amigo José Subirana:

…ya habrás visto que como por arte de magia [...] he conseguido meterme en el grupo de los santones de la arquitectura moderna. Una vez situado en esta privilegiada situación, puedes permitirte el lujo de teorizar y filosofar y de que todas las tonterías que se te ocurran se consideren como santa palabra…16

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