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Iglesia el Altillo, Coyoacán, Ciudad de México |
Entre las últimas obras de Candela —desligado ya de Cubiertas Ala— destacan las estaciones del metro San Lázaro y Candelaria (1968) y el Palacio de los Deportes, proyectado en colaboración con Enrique Castañeda y Antonio Peyrí para las Olimpiadas de 1968, en el que sustituyó el uso de los cascarones de concreto por una económica e ingeniosa cúpula semiesférica resuelta con armaduras metálicas, que libran el gran claro, y paraboloides hiperbólicos de madera recubiertos con chapa de cobre, que cubren el espacio apoyándose perimetralmente en las crucetas de las enormes cerchas. Este particular “caparazón” cobrizo se convirtió, desde su inauguración, en uno de los hitos urbanos de la Ciudad de México.
Por la obra que realizó en su patria de adopción, Candela fue galardonado con diversos premios internacionales, el más importante de los cuales fue el “Auguste Perret Award” que la Asociación Internacional de Arquitectos le otorgó en su congreso celebrado en Londres en 1961. Sobre su obra y su persona aparecieron una considerable cantidad de escritos en sus años de apogeo; sus edificios emblemáticos ilustraron las revistas especializadas más prestigiosas del mundo. En 1963 se publicó Candela, the shell builder de Colin Faber, arquitecto inglés que trabajó en Cubiertas Ala y que escribió el libro en estrecha colaboración con el propio Candela. 17 Pero esta efervescencia fue diluyéndose con el paso de los años y su figura fue desapareciendo paulatinamente de los medios de comunicación.
EL OCASO
A mediados de la década de los sesenta, la construcción de estructuras laminares de concreto armado inició un declive que sería imparable. Una vez determinada la geometría del cascarón y comprobado el cálculo estructural, su proceso de elaboración requería de la participación de hábiles carpinteros para poner en pie la compleja cimbra que le daba forma,18 y de gran cantidad de albañiles para llevar a cabo la colocación del armado, el vaciado del concreto,19 el descimbrado y el acabado de los detalles. La madera que se utilizaba para la cimbra acababa, tarde o temprano, convertida en material de desecho. El encarecimiento de la mano de obra y el incremento que sufrieron los materiales de construcción por aquellos años se pueden contar entre los factores que hicieron que este tipo de cubierta perdiera su atractivo en el mercado y fuera sustituido por otro tipo de estructuras más baratas y, sobre todo, más fáciles de construir. Conforme se fue abandonando la práctica en su edificación, los obreros —en particular los carpinteros— que habían aprendido ese proceso constructivo dejaron de practicar y transmitir sus habilidades; así se fue perdiendo lo que podríamos llamar una “joven tradición” de la arquitectura mexicana.
En 1971 Félix Candela, que llevaba dieciocho años dictando cátedra en la Escuela Nacional de Arquitectura de la UNAM, aceptó la oferta de la Universidad de Illinois para incorporarse a su planta docente como profesor de tiempo completo, por lo que se mudó a Chicago; poco después adquirió la nacionalidad estadounidense.20 Inició así un periplo que le llevó a vivir en varias ciudades de los Estados Unidos (Chicago, Nueva York, Raleigh) dictando cátedra en diversas universidades, lo que alternaba con una intensa actividad como conferencista alrededor del mundo. Se convirtió en un prestigioso consultor estructural reclamado por diversos despachos internacionales; pasó largas temporadas en ciudades como Nueva York, Atenas, Londres o Madrid desarrollando proyectos que casi nunca llegaron a construirse. A su ciudad natal volvió con frecuencia a partir de 1976, tras la muerte de Francisco Franco. Compró un piso en el Madrid viejo, muy cerca del lugar donde había nacido, y vivió sus últimos años entre España y Estados Unidos. Falleció en Raleigh, Carolina del Norte, el 7 de diciembre de 1997.
LA ESTELA DE CANDELA
Félix Candela sacudió el ámbito arquitectónico con una tecnología de origen europeo que adquirió en suelo mexicano vuelos impensados. Llegó a dominar y a emplear profusamente y con gran virtuosismo el paraboloide hiperbólico, aprovechando al máximo sus ventajas estructurales y expresivas. Sus estructuras dejaron huella en la arquitectura mexicana de la segunda mitad del siglo XX.21 Su éxito le llevó a recibir encargos en otros países, por lo que participó en la realización de edificios ubicados en Estados Unidos, España, Venezuela, Cuba, Colombia, Perú, Guatemala, Puerto Rico, Ecuador, Inglaterra y Noruega. No fue el primero ni el único que hizo este tipo de estructuras, pero se puede afirmar que abrió nuevos caminos en la especialidad. Algunas de las obras que construyeron en México los arquitectos Fernando López Carmona, Alberto González Pozo, Juan Antonio Tonda y Carlos González Lobo, o el ingeniero Porfirio Ballesteros, entre varios más, se ubican dentro de esta tendencia. Su influencia traspasó fronteras con algunos casos excepcionales: es sorprendente la gran producción de cascarones que se dio en Brasil. Del otro lado del océano, el español Luis Martínez-Feduchi (1901-1975), el alemán oriental Ulrich Müther (1934- 2007) y el suizo Heinz Isler (1926-2009) destacan entre los constructores que siguieron su estela. También se pueden detectar atisbos de su genio en la lógica estructural de arquitectos contemporáneos como Santiago Calatrava o Norman Foster.22
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Pabellón de Rayos Cósmicos de Ciudad Universitaria |
Tras el olvido en que cayó en la década de los setenta, el interés por la obra de Félix Candela empezó a resurgir en 1985 con la aparición del libro En defensa del formalismo y otros escritos, compilación de algunos de sus artículos más significativos. En 1990 fue nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Sevilla y en 1994 por la Universidad Politécnica de Madrid. Su alma mater lo reconocía otorgando por primera vez esta distinción a un arquitecto y organizando una exposición monográfica sobre su obra, que se expuso en varias ciudades españolas acompañada de un excelente catálogo.23 En 1995 fue premiado por los Colegios de Arquitectos y de Ingenieros Madrid “como reconocimiento a su brillante trayectoria profesional, que ha contribuido al encuentro de los valores representados por ambas profesiones, a partir de su dominio de la construcción con hormigón armado”.24
En aquellos años, recibió el encargo de realizar dos cascarones para el Parque Oceanográfico que empezaba a construirse en la Ciudad de las Ciencias y las Artes de Valencia, proyecto encabezado por el arquitecto Santiago Calatrava, quien se ha declarado gran admirador de la obra de Candela. De alguna manera, entre reconocimientos
y encargos profesionales, las nuevas generaciones de profesionistas españoles intentaban “recuperar” a aquel arquitecto desterrado de su patria medio siglo atrás. La muerte le sorprendió en territorio estadounidense unas semanas antes de cumplir los ochenta y ocho años de edad, cuando trabajaba entusiasmado en el proyecto de la que, a la postre, sería su obra póstuma: la cubierta del restaurante de l’Oceanogràfic de Valencia, un “clon” del cascarón que había posado sobre los canales de Xochimilco cuarenta años atrás, cuando estaba en la cúspide de su carrera: el restaurante Los Manantiales.
UN ARCHIVO PARTIDO EN TRES
Por azares del destino, el copioso archivo personal de Félix Candela, formado por millares de planos, fotografías y documentos de diversa índole, ha quedado dividido —como su propia vida— en tres partes, custodiadas por otras tantas universidades: Columbia, Princeton y la UNAM. A finales de los ochenta el arquitecto entregó a la Avery Drawings and Archives Collection, de la prestigiosa Biblioteca Avery de la Universidad de Columbia, la parte más importante de este legado (se resguardan allí, entre otras cosas, casi todos los proyectos realizados en Cubiertas Ala y la correspondencia mantenida durante muchos años con amigos y clientes; algunas de las cartas y documentos datan de los años de la Guerra Civil). El 7 de diciembre de 2007, como parte de un acto en conmemoración a los diez años de su muerte, las hijas de Félix Candela (Antonia, Manolita, Pilar y Teresa) donaron al Archivo de Arquitectos Mexicanos, de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, aquello que su padre había dejado en México (más de mil planos o bocetos de sus primeros proyectos realizados en México, la mayoría anteriores a la creación de Cubiertas Ala, buena cantidad de documentos, cartas y facturas de aquellos años, y varias fotos familiares). Por su parte su viuda, Dorothy Davis, decidió ceder a la Universidad de Princeton lo que Candela no entregó a Columbia (la correspondencia de sus últimos años de vida, álbumes que reúnen fotos desde su más tierna infancia y su “deportiva” adolescencia hasta sus años mexicanos, con valiosas imágenes de sus primeras construcciones en Chihuahua, Acapulco, Guamúchil o Tepoztlán, así como varias cajas con innumerables diapositivas de sus obras y de sus viajes por el mundo).
En años recientes, el renovado interés por la obra de Candela se ha visto reflejado en la aparición de varias publicaciones cuya fuente primordial de información ha sido este archivo “tripartito”: Candela-Perez Piñero, un diálogo imaginal, de Miguel Seguí (Ministerio de Vivienda, Madrid); Candela. El dominio de los límites, de Enrique X. de Anda, (editorial Taschen); Félix Candela: Engineer, Builder, Structural Artist, de David Billington y Maria Garlock (Princeton University, Yale University Press) y Aquella primavera creadora… Cascarones de concreto armado en México (Juan Ignacio del Cueto, editor, Facultad de Arquitectura, UNAM). El primero fue publicado en 2004 y los otros tres en 2008.
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