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   NUEVA ÉPOCA | NÚMERO 70 | DICIemBRE 2009 | ISSN EN TRÁMITE con número de folio 493 | REVISTA MENSUAL
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Fecha de última actualización Diciembre de 2009
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Reflexiones filosóficas sobre la crisis de México

G u i l l e r m o    H u r t a d o

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Ni la corrupción, ni la violencia, ni la economía pueden explicar plenamente la crisis por la que atravesamos. Quizá las herramientas del pensamiento crítico puedan ayudarnos a comprenderla y superarla. Guillermo Hurtado, director del Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM, reflexiona acerca de las causas profundas de la crisis a partir de la pérdida del sentido de nuestra existencia como colectividad.

I. LA CRISIS DE MÉXICO

México está en crisis, de eso no hay duda, pero su crisis no se reduce al conjunto de sus problemas políticos, sociales o económicos —como la pobreza, la ignorancia, la violencia, la corrupción y la destrucción del medio ambiente. Voy a sostener que la crisis de México es de otra índole, que es más profunda que los problemas antes mencionados. Dicho en pocas palabras, la crisis consiste en que hemos perdido el sentido de nuestra existencia colectiva.

La noción de sentido se usa de varias maneras en el lenguaje ordinario. Decimos que una X tiene sentido cuando tiene una dirección, tiene un fin, posee beneficio o utilidad, es comprensible de acuerdo a cierto contexto natural, práctico o normativo, y puede calificarse de razonable o de racional. En ocasiones, decimos que X tiene sentido cuando tiene algún tipo de valor intrínseco; pero, hay que tener cuidado en no confundir la noción de sentido con la de valor, ya que algo puede tener sentido sin ser valioso o puede ser valioso sin tener sentido. Cuando sostengo en este ensayo que hemos perdido el sentido de nuestra existencia colectiva lo que quiero decir principalmente es que a los mexicanos nos falta cohesión, dirección y confianza. Cuando una colectividad carece de sentido, ha perdido su razón de ser, ha olvidado que debe valorar, ha perdido el rumbo.

José Vasconcelos

Cuando se habla del sentido de la existencia normalmente se hace del sentido de la existencia de un individuo, pero también se puede hablar del sentido de la existencia de un conjunto de individuos reunidos por algún propósito práctico (por ejemplo, un ejército), un lazo afectivo (por ejemplo, un matrimonio), o una mezcla de ambos (por ejemplo, una familia). Cuando una colectividad pierde el sentido de su existencia se producen en ella anomalías que pueden tener consecuencias tan graves como su desintegración (por ejemplo, un divorcio o la disolución de una empresa). Lo mismo puede sucederle a una nación. En la primera mitad del siglo XIX, México estuvo a punto de desaparecer porque no había aún un sentimiento de nacionalidad. Si bien esa amenaza no parece cercana en la actualidad, nuestra falta de sentido colectivo es el telón de fondo de todos los demás problemas políticos, económicos y sociales que nos agobian. Mi esperanza es que en la medida en la que construyamos un nuevo sentido, podremos ir resolviendo los demás problemas de México.

II. FILOSOFÍA SOBRE MÉXICO Y FILOSOFÍA PARA MÉXICO

En el siglo anterior, Antonio Caso, José Vasconcelos, Samuel Ramos, Edmundo O’Gorman, Emilio Uranga, Leopoldo Zea y Luis Villoro realizaron exámenes de la historia y de la realidad mexicana desde la filosofía. Este ensayo se inscribe en una vertiente de esa tradición de pensamiento. Sin embargo, quisiera hacer algunas aclaraciones sobre las diferencias que existen entre lo que pretendo hacer aquí y lo que hicieron mis predecesores.

La filosofía de lo mexicano del siglo XX osciló entre el psicologismo y el ontologismo. Según Ramos, el mexicano padecía de un sentimiento de inferioridad y ésta era la causa de muchos de sus problemas. La propuesta de Ramos era que el mexicano reconociera su mal, conociera sus orígenes y entonces pudiera liberarse de esa condición. Para Uranga, en cambio, el ser del mexicano padecía de una insuficiencia ontológica que le hacía vivir en la zozobra y la accidentalidad. A diferencia de Ramos, que pensaba que el mexicano debía curarse de la condición diagnosticada, Uranga afirmaba que el mexicano debía asumirla para vivir de manera auténtica. A Ramos y a Uranga se les ha criticado por asumir que todos los mexicanos compartimos una misma condición psicológica o existencial. Ni todos los mexicanos tenemos un sentimiento de inferioridad, ni todos existimos de manera accidental. En este ensayo no propondré tesis psicológicas u ontológicas. No asumo que los mexicanos tengamos una forma de existir o una psique colectiva que nos sea peculiar. Lo único que aquí pretendo es reflexionar sobre la realidad presente de México, es decir, de los mexicanos de todo tipo, desde la filosofía. Pero mi finalidad no se limita a que los mexicanos conozcamos mejor nuestra realidad, lo que busco es que ese conocimiento nos ayude, por poco que sea, a transformarla para bien.

Aunque mi análisis no será ni psicológico ni ontológico, no puede ignorar las profundas dimensiones psicológicas y existenciales de la crisis. Un diagnóstico del estado emocional de los mexicanos seguramente revelaría que está compuesto de una combinación de emociones y sentimientos tales como el miedo, la impotencia, la desconfianza, la indignación y la desorientación. Aunque la crisis de la que me ocuparé aquí no consiste en esa condición psicológica, sí está íntimamente ligada a ella. Pero insisto: no busco complejos, ni traumas. Lo que pretendo es comprender la manera en la que vivimos y encaramos nuestros problemas. Como ya dije, lo que me interesa es la dimensión de sentido de nuestra existencia colectiva. Una vez aclarado esto, puedo decir que tomaré en cuenta algunas creencias y actitudes, pero que mi interés en ellas siempre las consideraré dentro del contexto de las prácticas sociales con las que están conectadas. Este énfasis en las prácticas puede ser otra manera de subrayar que mi objetivo, a fin de cuentas, no es teórico sino práctico. Lo que pretendo es que comprendamos mejor nuestra crisis para que podamos encararla mejor y, eventualmente, si todo marcha bien, resolverla.

 

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