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Lo que difunden masivamente los voceros del mercado suena a fraude, apesta a generalizaciones simplificadoras que ofenden a la responsabilidad de la razón.
Lo que proclaman no parece corresponder a la realidad, que siendo una es diversa. No ha sido así para todos. El diario El País publicó, el 6 de noviembre de 2009, una encuesta de opinión entre los alemanes. A la pregunta sobre los resultados de la llamada “reunificación” de entre los alemanes que siempre vivieron del lado occidental, un 60 por ciento opina que la “reunificación” los ha beneficiado, aunque considera que la sociedad se ha vuelto más injusta. A la misma pregunta hecha a los ciudadanos del Este que vivieron en la República Democrática Alemana, un 77 por ciento opina que su situación se ha deteriorado y que viven en peores condiciones sociales y económicas.
La llamada reunificación puede ser vista más bien como una Anschluss. Una anexión tras una guerra y una capitulación. El desmantelamiento de un Estado y el agrandamiento de otro. En una reunificación se habrían pactado condiciones equitativas. No fue así. Una República renunció a su constitución, sus leyes, su patrimonio y sus sistemas a favor de otra República que confirma lo suyo y anexa territorio y patrimonio con la concesión de asimilar a los nuevos ciudadanos al precio de renunciar a sus pactos, derechos públicos y sistemas anteriores. Los alemanes del Este debieron renunciar a sus considerables ventajas sociales, salud, educación, trabajo y habitación, a cambio del derecho a competir en desventaja en un sistema salvaje, incluido irónicamente el derecho a comprar y viajar en un mercado difícilmente accesible para ellos.
No. La reconstrucción de la nación que reúna a todos los alemanes en igualdad no parece ser una tarea que pueda alcanzarse por decreto. Tendría que ser una realización que pudiera superar las profundas desigualdades que provoca el capitalismo salvaje.
Tampoco parece adecuado suponer que el triunfo del capitalismo neoliberal y la derrota del Estado de asistencia social hayan significado una ventaja para la humanidad.
Más allá del escandaloso enriquecimiento de los propietarios del capital, ha aumentado mayoritariamente la pobreza del mundo. La voracidad de la superproducción industrial atenta contra la sobrevivencia del planeta e hipoteca el futuro de los que habrán de nacer.
Ante las imágenes de la fiesta se ofrece una paradoja. Aquellos gestos del recuerdo del 9 de noviembre de 1989 expresan un multitudinario anhelo de libertad. Su consideración evoca otro recuerdo, el de la advertencia evangélica: Sólo la verdad nos hará libres, tanto como sólo la liberación de la conciencia podrá hacernos verdaderos.
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Helene Weigel, segunda esposa de Brecht |
La realidad no es falsa ni verdadera. Es o no. La verdad no es la realidad ciertamente, pero en cambio es el significado sobre la realidad que la realidad por sí misma no tiene. El significado que construye la conciencia como sujeto de la libertad, el que humaniza el horizonte de una realidad descorazonada, el que inventa el mundo y lo transforma en la morada de la comunidad cálida de las personas, cada una entre todas, igual en su diferencia.
Por eso no hay una sola verdad, sino un número infinito de verdades. En ello reside la soberanía de la conciencia.
Sin embargo, en su alienación aparece la perversión del pensamiento único y se desata la catástrofe espiritual de los fundamentalismos. También hoy se cumplen veinte años del triunfo del fundamentalismo capitalista. Igual que en el pasado llegó a decirse: Fuera de la Iglesia no hay salvación, hoy se proclama: Fuera del mercado no hay salvación.
Hölderlin dijo que poiesis es la capacidad de transformar la realidad en mi morada; es decir, la capacidad poética para inventar el mundo. Cada cabeza es un mundo, dicen las abuelas y llevan razón. Tercia el poeta surrealista cuando afirma: Hay muchos mundos, en efecto, pero todos están en éste.
Yo conocí la R.D.A. siguiendo los pasos del poeta Bertolt Brecht. Brecht llegó a Berlín en octubre de 1948 y participó en la reconstrucción cultural que emprendía la nueva República Democrática Alemana. Durante la irresistible ascensión del nazismo y después, durante la guerra, hubo de vivir un largo periplo de persecución y exilios hasta llegar a los Estados Unidos, como tantos otros intelectuales, científicos y artistas alemanes, con la intención de establecerse ahí y rehacer su vida. Primero fue Nueva York, con Kurt Weill, después fue Hollywood, donde también estaban Max Reinhardt y Fritz Lang. Pero en la inmediata posguerra, tras el Manifiesto Truman, se declara la Guerra Fría y poco después en Estados Unidos se desata la cacería de brujas del Macartismo. Como era de esperarse, el famoso comunista Brecht fue procesado por la acusación de alentar con sus obras actividades antinorteamericanas.
Ante semejante persecución, —sólo semejante a la histeria terrorista de G.W. Bush—, Thomas Mann que también había emigrado a Estados Unidos, escribió una carta a la opinión pública, en nombre del Comité para la Primera Enmienda:
Tengo el honor de presentarme como testigo hostil… Más aún, testifico que a mi entender, la persecución que lleva a cabo el Comité contra Actividades Antinorteamericanas es una persecución ignorante y supersticiosa contra aquellos que creen en una doctrina política y económica que es, después de todo, creación de grandes pensadores. Testifico que esta persecución no sólo es degradante para los perseguidores, sino también muy dañina para la reputación cultural de este país…
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Casa del Berliner Ensemble en Bertolt Brecht Platz 1, Berlín |
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