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   NUEVA ÉPOCA | NÚMERO 76 | JUNIO 2010 | ISSN EN TRÁMITE con número de folio 493 | REVISTA MENSUAL
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Fecha de última actualización Junio de 2010
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Universidad Nacional: Compromiso y libertad


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Jaime   Martuscelli

 

 

En estas palabras pronunciadas durante la ceremonia del Día del Maestro el pasado 14 de mayo, el doctor Jaime Martuscelli —Coordinador de Innovación y Desarrollo de la UNAM— destaca la proyección nacional del quehacer de nuestra Universidad en todos los ámbitos del tejido social.

Es especialmente significativo compartir con ustedes estas reflexiones en el año en que celebramos el primer siglo de la Universidad Nacional. Cien años del inicio de una obra que recoge los anhelos humanistas del siglo XIX, y que fue concebida como la corona del proyecto educativo y como un instrumento para superar los grandes problemas nacionales. Así que espero que estén de acuerdo con este atrevimiento, pues bien podríamos autonombrarnos los Eméritos del Centenario.

La Universidad se ha reafirmado nacional, porque ha sido la máxima Casa de Estudios de los mexicanos, donde se han formado millones de profesionistas, porque ha logrado una importante presencia en el territorio nacional y por su solidaridad con las universidades públicas del país.

La creación de la Universidad en 1910 es resultado y ejemplo de persistencia. Cobraba vida la iniciativa que treinta años atrás había tenido Justo Sierra por crear una universidad pública, nacional y laica, condición esta última que se proponía por primera vez en la historia. La nueva institución, después de cuarenta y cinco años de ausencia, agruparía en un solo organismo a instancias que habían venido funcionando sin Universidad: la Escuela Nacional Preparatoria, las escuelas profesionales y los institutos científicos que serían coordinados por una nueva escuela.

La investigación en la nueva Universidad adoptaría una perspectiva articuladora de la realidad y por tanto incluiría a todos los campos del pensamiento. Así, para Justo Sierra y Ezequiel A. Chávez, la investigación que se llevaría a cabo en la Universidad podría tener distintas orientaciones y potencialidades de acuerdo con las necesidades y demandas a cumplir: atender su compromiso social y responder a los retos nacionales.

Esa capacidad ha cobrado especial relevancia desde que el conocimiento se convirtió en un factor productivo directo y fuente de la competitividad de los países en las relaciones económicas de la globalidad. Las naciones que han merecido mayores niveles de bienestar social son aquellas que han logrado ampliar su cobertura de educación superior y han destinado recursos crecientes para consolidar sus sistemas de ciencia y tecnología. Como alguien dijo: no se conoce ningún país que haya ido a la bancarrota por invertir en educación.

Es reconocido el valioso aporte que hace la UNAM para la integración de un sistema nacional de investigación y desarrollo. Al lado de las instituciones de educación superior públicas, que son las que llevan el peso mayor de la investigación, se requiere del compromiso del Estado para articular a los diferentes actores y niveles de acción.

El doctor Jaime Martuscelli en la ceremonia del Día del Maestro, 14 de mayo de 2010

El financiamiento público para la ciencia y tecnología va en contrasentido. Hoy se destina lo mismo que hace quince años y estamos lejos de lo que señala la ley respectiva. Tampoco hay una política de Estado de largo aliento y los presupuestos no superan el horizonte de un año, lo que imposibilita la planeación y establecimiento de metas a mediano plazo y la formación de recursos de alto nivel es muy limitado. Es urgente diseñar estrategias para revertir la tendencia que estas dimensiones tienen.

Es también fundamental destacar que la formación de la capacidad científica y la creatividad tienen como sustento la existencia de un contexto de oportunidades educativas y culturales. Pero, en el tiempo de la sociedad del conocimiento, México enfrenta la paradoja de que grandes segmentos de su población no tienen acceso y permanencia en el sistema educativo. El rezago educativo afecta a la cuarta parte de la población mayor de quince años (alrededor de 33 millones de personas), el analfabetismo lo padecen 6 millones de mexicanos, el 52 por ciento de los jóvenes han abandonado la escuela a los dieciocho años; la cobertura de educación superior para quienes tienen la edad de estar en este nivel de estudios apenas llega al 28 por ciento, y alrededor de 7 millones de jóvenes ni estudian ni trabajan. Estos indicadores de ignorancia, desigualdad y exclusión representan un serio desafío que tiene que enfrentarse en un esfuerzo colectivo.

 

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