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   NUEVA ÉPOCA | NÚMERO 82 | DICIEMBRE 2010 | ISSN EN TRÁMITE con número de folio 493 | REVISTA MENSUAL
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ARTÍCULOS
UNA UNIVERSIDAD PARA TODOS
Cuauhtémoc Cárdenas



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Fecha de última actualización Diciembre de 2010
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Una universidad para todos


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Cuauhtémoc Cárdenas

 

En este discurso, pronunciado para conmemorar el XCIII aniversario de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, uno de los grandes luchadores por la democracia en nuestro país, destaca el papel civilizatorio de la educación superior frente a la barbarie que vivimos en el delicado momento actual.

Conmemoramos y celebramos, con gran orgullo, los noventa y tres años de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, que tiene como antecesores ilustres al Real y Primitivo Colegio de San Nicolás Obispo, establecido en Pátzcuaro por el preclaro Vasco de Quiroga en 1540, el primer colegio nacido en tierras americanas, que se trasladó a esta ciudad cuatro décadas más tarde y se cerró por la guerra en 1810; y al Colegio Primitivo y Nacional de San Nicolás de Hidalgo, reabierto como tal por el gobernador Melchor Ocampo en enero de 1847, después de que el Cabildo Eclesiástico aceptara (el 30 de mayo de 1845) la petición que le había sido hecha por la Junta Subdirectora de Educación (el 12 de septiembre de 1844) de renunciar a la “sombra de patronato” que tenía sobre el Colegio y permitiera su reapertura y secularización.

Ahora que conmemoramos también el Bicentenario de la Independencia, debe recordarse y quedar grabado en nuestras memorias, que en estas aulas se empezaron a modelar los ideales libertarios, la sensibilidad humanista y el compromiso social de Hidalgo y de Morelos. Las enseñanzas que recibieron del Colegio se complementaron con lo que recogieron de la vida en la Valladolid y el Michoacán de entonces, que dieron el toque final en la forja de las ideologías y voluntades que condujeron a Hidalgo, precursor genial, a decretar la abolición de la esclavitud precisamente en esta ciudad, el 19 de octubre de 1810, y a ordenar el 5 de diciembre, en Guadalajara, la restitución de las tierras de las que habían sido despojados los indígenas; y al visionario Morelos a redactar los “Sentimientos de la Nación”, base y origen de nuestro derecho constitucional y de las corrientes de democracia igualitaria que corren por nuestra historia, de donde surge también el Decreto Constitucional de Apatzingán del 22 de octubre de 1814.

Con el movimiento por la Independencia, Hidalgo y Morelos trazaron la ruta para edificar una nación independiente, democrática, generosa con sus hijos y de leyes, que es como imaginaron y se propusieron se desarrollara México, la nación a la que dieron vida; esa ruta, salvando mil vicisitudes, atraviesa la Reforma, donde se produce con Juárez, Ocampo y la pléyade liberal el gran cambio estructural que separa Estado e Iglesia y libera las conciencias de los mexicanos; llega a la Revolución, que recupera y reafirma el dominio de la nación sobre el territorio y sus recursos naturales, establece por primera vez en una ley fundamental los derechos sociales, fija el carácter laico de la educación, como garantía de equidad ideológica, condiciona las modalidades de la propiedad al interés público y garantiza el pleno ejercicio de las libertades individuales; y hoy, en nuestro presente, sigue marcándonos rumbo y al mismo tiempo nos reclama, para dar continuidad al curso libertario, que removamos obstáculos, aceleremos el paso, recuperemos el impulso constructivo y no permitamos retrocesos en nombre de políticas huecas, demagógicas o francamente colonialistas.

En esta tarea, cuya realización es reto y responsabilidad de las generaciones actuales que se identifican con la lucha emancipadora en la que desde hace dos siglos está empeñado el pueblo mexicano, la Universidad, como antaño, resulta hoy fundamental. La Universidad es tradición y vanguardia, ciencia y práctica, origen y destino.

La Universidad es la cúspide del sistema de educación y del sistema de escuelas. Es en ella donde con mayor excelsitud se profundiza y expande el conocimiento, la investigación se hace más objetiva y cuidadosa, donde se dan los acabados en la formación de quienes acceden a los escalones más altos del sistema educativo. Es la Universidad la que impacta con mayor fuerza y amplitud a la sociedad con los productos que le entrega, el principal de ellos: mujeres y hombres que en su seno aprendieron de sus enseñanzas y ahí contrajeron el compromiso, explícito o implícito, de aplicar sus saberes, talento y creatividad al servicio y progreso de los demás.

La historia de nuestro país convirtió a la educación en factor decisivo de equidad social y de posibilidades de progreso. Quien llega a la escuela, quien asciende y trasciende los ciclos escolares encuentra más amplias y mejores oportunidades en la vida.

La movilidad social en México y en Latinoamérica se opera en gran parte al través de las universidades públicas, lo que explica su vigorosa presencia que hoy en día las hace más imprescindibles. Son factor multiplicador de desarrollo social, cultural y económico. Sin ellas, renacería el oscurantismo en todas sus manifestaciones.

Facultad de Derecho de la Universidad Michoacana de San Nicolás Hidalgo

La Revolución reconoció el efecto igualador que la educación tiene respecto a la sociedad y en el desarrollo del derecho constitucional dio a la primaria que imparte el Estado, primero, el carácter de laica y gratuita, le agregó después el de obligatoria y con posterioridad sumó también a la ley suprema la preescolar y la secundaria con las mismas condiciones que la primaria. La gratuidad la extendió a toda la educación impartida por el Estado, no sólo a la obligatoria. Y estableció para el Estado la obligación de dar educación a todo mexicano y el derecho de todos y cada uno a recibir educación. Nunca el Estado ha podido cumplir su obligación de ofrecer educación en los ciclos obligatorios a todo mexicano —no es tarea fácil—, ni existen aún los mecanismos legales para que cualquier habitante del país pueda ejercer su derecho constitucional a recibir educación del Estado.

Nunca como ahora, la desigualdad social y económica, creciente aceleradamente a partir de las últimas tres décadas, que hoy caracteriza —y con mayor propiedad puede decirse flagela— al país, está presente en el sistema escolar: existen escuelas para los que menos tienen y escuelas para los que tienen más. En relación directa al nivel económico de alumnos e instituciones, es la calidad de la educación que imparten y las oportunidades de acceso al conocimiento, de mejoramiento económico y ascenso social, que se abren a quienes pasan por ellas.

La educación, además de ser elemento estructural de equidad social, es también factor decisivo del desarrollo económico. Y lo es, fundamentalmente, en la medida en que el sistema educativo se abre efectivamente y da acceso a todos aquellos que buscan formarse en los estratos de la educación superior, en la Universidad. Con ambas visiones, la de la equidad social y la del desarrollo económico, debe impulsarse su universalización, su democratización, la elevación de la calidad en todos sus ciclos y modalidades y su expansión.

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