Logo UNAM Revista de la Universidad de México
Directorio
   NUEVA ÉPOCA | NÚMERO 91 | SEPTIEMBRE 2011 | ISSN EN TRÁMITE con número de folio 493 | REVISTA MENSUAL
 EDITORIAL
ARTÍCULOS
VERGÜENZA
Mario Zumaya
MÉRIDA ÍNTIMA
Francisco José Paoli Bolio
SIMBOLISMO DE LOWRY
Francisco Rebolledo



Sitio optimizado para resolución de 800 x 600
Fecha de última actualización Septiembre de 2011
2007 D.R. Universidad Nacional Autónoma de México
Se prohíbe la reproducción total o parcial
de los artículos sin la autorización por escrito de los autores
Coordinación de Acervos Digitales,
Dirección General de Cómputo y de
Tecnologías de Información y Comunicación

Reserva de derechos al uso exclusivo del título:04-2008-050717072200-203





Borges: la plata del río

 

1/6

Carlos Fuentes

En su más reciente colección de ensayos titulada La gran novela latinoamericana, de inminente publicación bajo el sello de Alfaguara, Carlos Fuentes analiza a los grandes escritores de nuestro continente, desde los pioneros hasta los contemporáneos, con las armas de su aguda inteligencia crítica. Publicamos el capítulo dedicado a Jorge Luis Borges —según el autor de La región más transparente, uno de los primeros, con Onetti y Carpentier, en “decir lo no dicho”.

Cuando lo leí por primera vez, en Buenos Aires, y yo sólo tenía quince años de edad, Borges me hizo sentir que escribir en español era una aventura mayor, e incluso un mayor riesgo, que escribir en inglés. La razón es que el idioma inglés posee una tradición ininterrumpida, en tanto que el castellano sufre de un inmenso hiato entre el último gran poeta del Siglo de Oro, que fue una monja mexicana del siglo XVII, sor Juana Inés de la Cruz, y el siguiente gran poeta, que fue Rubén Darío, un nicaragüense andariego de fines del siglo XIX; y una interrupción todavía más grande entre la más grande novela, la novela fundadora del Occidente, Don Quijote, y los siguientes grandes novelistas, Galdós y Clarín, en el siglo XIX.

Borges abolió las barreras de la comunicación entre las literaturas, enriqueció nuestro hogar lingüístico castellano con todas las tesorerías imaginables de la literatura de Oriente y Occidente, y nos permitió ir hacia ade lante con un sentimiento de poseer  más de lo que habíamos escrito, es decir, todo lo que habíamos leído, de Homero a Milton y a Joyce. Acaso todos, junto con Borges, eran el mismo vidente ciego.

Borges intentó una síntesis narrativa superior. En sus cuentos, la imaginación literaria se apropió de todas las tradiciones culturales a fin de darnos el retrato más completo de todo lo que somos, gracias a la memoria presente de cuanto hemos dicho. Las herencias musulmana y judía de España, mutiladas por el absolutismo monárquico y su doble legitimación, la fe cristiana y la pureza de la sangre, reaparecen, maravillosamente frescas y vitales, en las narraciones de Borges. Seguramente, yo no habría tenido la revelación, fraternal y temprana, de mi propia herencia hebrea y árabe, sin historias como “En busca de Averroes”, “El Zahir” y “El acercamiento a Almotásim”.

Decidí también nunca conocer personalmente a Borges. Decidí cegarme a su presencia física porque quería mantener, a lo largo de mi vida, la sensación prístina de leerlo como escritor, no como contemporáneo, aunque nos separasen cuatro décadas entre cumpleaños y cumpleaños. Pero cuatro décadas, que no son nada en la literatura, sí son mucha vida. ¿Cómo envejecería Borges, tan bien como algunos, o tan mal como otros? A Borges yo lo quería sólo en sus libros, visible sólo en la invisibilidad de la página escrita, una página en blanco que cobraría visibilidad y vida sólo cuando yo leyese a Borges y me convirtiese en Borges…

Y mi siguiente decisión fue que, un día, confesaría mi confusión al tener que escoger sólo uno o dos aspectos del más poliédrico de los escritores, consciente de que al limitarme a un par de aspectos de su obra, por fuerza sacrificaré otros que, quizá, son más importantes. Aunque quizá pueda reconfortarnos la reflexión de Jacob Bronowsky sobre el ajedrez: las movidas que imaginamos mentalmente y luego rechazamos son parte integral del juego, tanto como las movidas que realmente llevamos a cabo. Creo que esto también es cierto de la lectura de Borges.

Pues en verdad, el repertorio borgeano de los posibles y los imposibles es tan vasto, que se podrían dar no una sino múltiples lecturas de cada posibilidad o imposibilidad de su canon.

Borges el escritor de literatura detectivesca, en la cual el verdadero enigma es el trabajo mental del detective en contra de sí mismo, como si Poirot investigara a Poirot, o Sherlock Holmes descubriese que Él es Moriarty.

La Gran Novela Latinoamericana

Pero a su lado se encuentra Borges el autor de historias fantásticas, iluminadas por su celebrada opinión de que la teología es una rama de la literatura fantástica. Ésta, por lo demás, sólo tiene cuatro temas posibles: la obra dentro de la obra; el viaje en el tiempo; el doble; y la invasión de la realidad por el sueño.

 

Continúa siguiente