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   NUEVA ÉPOCA | NÚMERO 92 | OCTUBRE 2011 | ISSN EN TRÁMITE con número de folio 493 | REVISTA MENSUAL
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ARTÍCULOS
MIDNIGHT IN PARIS
Mauricio Molina



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Fecha de última actualización Octubre de 2011
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Cultura e identidad
Méxicanos en la era global

 

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Lourdes Arizpe

Los elementos identitarios de los mexicanos son múltiples y abarcan un sinnúmero de valores tangibles e intangibles: costumbres, gastronomía, relaciones familiares, manifestaciones artísticas, para sólo mencionar unos cuantos aspectos. La antropóloga e investigadora Lourdes Arizpe destaca la fortaleza cultural de nuestro país y sus diversas transformaciones desde los orígenes hasta la actual globalización.

INTRODUCCIÓN

En gran número de países del mundo la cultura y la identidad de los mexicanos es reconocida por su originalidad. Se forjó esta originalidad en el crisol de las altas culturas mesoamericanas y en el diálogo con una gran diversidad de culturas del mundo. Lo que marca en especial la cultura de México es que, a lo largo del siglo XX, la mexicanidad, como voluntad colectiva nacional, forma parte de la combinatoria tanto del nacionalismo como del cosmopolitismo de diversas fuentes políticas. Se basa esta mexicanidad, tanto en la fuerza de compartir una historia que nos hiere, como en el deseo de comunicar e intercambiar diversidades, lo que explica la gran creatividad cultural de los mexicanos. Se ha comentado esta creatividad, tanto en México como entre los mexicanos que salen a vivir al extranjero. Lo expresa con acierto el poeta Michael Schmidt, mexicano galardonado con la Orden del Imperio Británico, al decir que “…esa pluralidad internalizada es nuestro privilegio porque, ahí donde estemos, también estaremos en otro lugar; al mismo tiempo, es, quizá, nuestro mal, porque nos es difícil habitar por completo el momento”.

Recordemos que México es el cuarto país del mundo en biodiversidad y, no por coincidencia, es también uno de los diez primeros en densidad cultural. Hasta hace diez años, era también uno de los diez principales en la producción de artesanías y en innovaciones museológicas y culturales.

Por su peculiar situación geográfica, México es una nación megacultural que recibió la llegada de una gran diversidad de culturas de todos los puntos cardinales: del este de Asia, del oeste de Europa y del suroeste de África, por no mencionar las expediciones míticas mediterráneas, atlánticas y de Polinesia. Se reconocen estas migraciones en la riqueza del legado paleontológico, arqueológico e histórico de México, en el número de lenguas y culturas originarias mesoamericanas. La riqueza siguió floreciendo con las creaciones culturales posteriores al encuentro con los europeos, que incluyen culturas mestizas que se desbordan en música, danza, artesanías, patrimonio cultural de todo tipo y que han nutrido un arte de fama mundial.

Hoy en día, sin embargo, el crecimiento exponencial de las telecomunicaciones, los audiovisuales e Internet, características de la nueva globalidad, están creando nuevas homogeneizaciones culturales y, al mismo tiempo, nuevas diversidades. Como reacción ha surgido con gran fuerza una voluntad de recrear la identidad y en México, como en otros países, se hace evidente una gran efervescencia en la creación de nuevos códigos identitarios, sobre todo entre los jóvenes, digamos, con el rock en náhuatl y la renovación del huapango en el ir y venir de Veracruz a Los Ángeles. Vale mencionar también, en el arte postobjetual, el performance y el videoarte.

Los mexicanos toman nuevas posiciones en el marco de la pantalla comunicacional global y se vuelven hacia lo que más comparten: la cultura, ya que ella hace visibles, tangibles e intangibles, sus memorias, sus deseos y sus búsquedas de futuro. Sólo que ahora están cambiando a tal velocidad los soportes tecnológicos para la comunicación que cabe preguntar: ¿cómo se va a recrear, reinventar y difundir la cultura y la identidad de los mexicanos a través de los minimensajes de los celulares, el infinito de las redes sociales como el Facebook, los chispazos del Twitter y el mundo por descubrir del multimedia? ¿Cómo seguirá conviviendo esta nueva vibración tecnovirtual con el mundo clásico de los libros, las conversaciones largas, las tertulias que situaban a cada quien en cada lugar, las fiestas coloridas y el abrazo de las amistades y parientes?

Figurilla antropomorfa femenina
Figurilla antropomorfa femenina, Tlatilco, Estado de México, 1200-800 a.C.
María Lagunes
María Lagunes, s/t, 1990

No hay duda de que los avances actuales en teorías llevan a una nueva definición de la cultura que la sitúa en el corazón de la relación entre las sociedades, las divisiones políticas —naciones, etnias, religiones y sectas— y los ecosistemas. Por eso hoy es vital afirmar que la cultura no está conformada por objetos, sino por formas de relación en las que interviene la libre decisión de las personas de asumir, portar y practicar un comportamiento cultural. Si no se considera la cultura como este acto de libre decisión, se niega el derecho de las personas de cambiar las vetas de su propia cultura a través de la originalidad y la creatividad. Sin embargo, esas vetas tienen siempre un designio político, entendido éste como la conciencia de saber que se necesitan alianzas y lealtades para asegurar la sobrevivencia de todos. Ésta es hoy la frontera extrema que impone el planeta, a partir de la cual hay que hacer un camino de regreso para recrear la política y la cultura. Es decir, la relación con los demás y con nosotros mismos.

Sin embargo, la cultura puede ser utilizada para unir, pero también para dividir. En la última década se ha utilizado también para crear barreras insalvables cuando no se razona en torno a una creencia, cuando se clava como dogma para exigir que todos los demás se ciñan a ella. Es lo que practican los fundamentalistas, como los islamistas, incapaces de negociar y capaces de destruir con tal de imponer su dogma. El resultado es siempre el mismo: el conflicto y el ansia de destruir a quien piensa de diferente forma. En México, a lo largo del siglo XX se fortaleció una cultura de libertad que permitió la convivencia de ideologías y doctrinas de gran diversidad. Hoy amenaza esa cultura el regreso, en gran medida soterrado, de acciones para imponer un orden ultraconservador que, además, es ya imposible en la etapa de evolución actual del mundo. Por añadidura, esas acciones acaban por infringir la propia moral que quieren imponer y que terminan por abrir resquebrajaduras morales que se han profundizado en México en los últimos años.

En México en el momento actual, después de un clamor ingenuo en el sentido de que todo se reinventaría, no se ha hecho más que seguir con lo mismo, ahora disminuido, banalizando la memoria colectiva sobre el pasado y negando los logros culturales realizados a lo largo del siglo XX. Al contrario, haber seguido el paso adelantado de México en la cultura habría requerido centrar la atención en la libertad cultural, en fortalecer la fuerte adhesión de los mexicanos a aquello que consideran valioso en sus culturas y que quieran rehacer y proyectar, lo que implica haber valorado sus códigos de respeto profundo por lo propio, por sus formas de relacionarse y por su patrimonio cultural. Pero, sobre todo, haber impulsado políticas para hacer que el mercado asegurara las condiciones de vida y de despliegue de sus habilidades para conservar esa intensa producción imaginativa que creaba empleos y pequeñas empresas, nutría un imaginario colectivo y tejía una gran capacidad de convivencia. Ello sólo se podría lograr situando a México otra vez en los movimientos internacionales que mueven el mundo de la cultura.

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