Premios Universidad Nacional
|
1/1
Sealtiel Alatriste
|
En días recientes fueron otorgados los Premios Universidad Nacional y la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos. En su discurso de entrega, el escritor y coordinador de Difusión Cultural de la UNAM, Sealtiel Alatriste, destaca la vocación de nuestra máxima Casa de Estudios por el conocimiento, el arte y la cultura, y la urgente necesidad de protegerlos y desarrollarlos en los días aciagos que vive nuestro país.
SALUDOS A LA MESA
Desde que el doctor Eduardo Bárzana me pidió con su usual amabilidad que hablara en ocasión de la entrega de estos reconocimientos, me acordé de una tarde en la Facultad de Filosofía y Letras en que me encontré con mi maestro, el doctor Sergio Fernández. Le había entregado el trabajo para obtener la calificación final al seminario de La Celestina (ésa iba a ser la última vez que diera ese curso en licenciatura) y yo me sentía muy ufano de lo que había escrito. Apenas lo saludé me dijo: “Yo le pedí un trabajo académico no uno lírico”, y se alejó dejándome parado a medio pasillo, creyendo que me había reprobado. Curiosamente no me arrepentí de mi ensayo, pero me supe condenado a no poder escribir textos académicos, y que mi sino iba a ser abordar lo que se me pidiera desde el punto de vista lírico. Hoy no será la excepción, debería haber escrito un texto académico pero me ha salido uno muy lírico, que incluso tiene título, se llama:
UN GRAN SUEÑO
Supongo que sería el año 56 cuando mi padre me trajo a visitar Ciudad Universitaria por primera vez. Habíamos visto por televisión los Juegos Panamericanos y yo tenía una vaga idea de lo que era un estadio olímpico, pero cuando nos paramos en el camellón de Insurgentes y vimos de un lado el imponente recinto deportivo, y del otro el edificio de la Rectoría, quedamos pasmados. Mis hermanas y yo nos volvimos para observar la cara de sorpresa de papá que no atinaba a decir nada, hasta que exclamó un solo adjetivo. “Grandioso”, dijo mirando a su alrededor. Han pasado más de cincuenta años desde entonces, medio siglo que se dice fácil y no se me olvida su mirada cargada de admiración, ni lo que nos quiso transmitir a sus hijos: grandioso era el calificativo exacto para lo que estábamos mirando. Supongo que en ese momento me propuse estudiar aquí, y seguramente desde entonces la Universidad Nacional de México fue mi ideal, estudiantil, deportivo, cultural, social, arquitectónico, y vayan a saber ustedes qué cosas más. Efectivamente, ingresé a la Facultad de Contaduría y Administración en el año 68, en el 69 me admitieron para una doble carrera en la Facultad de Filosofía y Letras, y desde entonces, haya estado donde haya estado, o me haya contratado en los más diversos trabajos, no he vuelto a salir de aquí, donde mi espíritu, mi imaginación, mis ideas quedaron cautivadas.
La UNAM fue el sueño más grande de la generación de mis padres, una generación, heredera de la Revolución mexicana, que sabía, columbraba, intuía que la historia reciente le demandaba grandes logros. Si queríamos ser el país que nos merecíamos había que intentar lo más grande, y eso más grande estuvo cifrado en Ciudad Universitaria, se reflejaba en la intención del conocimiento universal, en confiar en que la enseñanza y la cultura nos harían salir de nuestros problemas. Los artistas, los científicos, los investigadores, los estudiantes fueron la piedra angular de ese proyecto, de ese gran sueño de la generación del medio siglo XX. Andrés Molina Henríquez había escrito muchos años antes un libro clave: Los grandes problemas nacionales, y aquél fue el momento de darle solución emprendiendo las grandes hazañas nacionales.
|
Entrega de los premios Universidad Nacional y la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos 2011 |
Pienso que los Premios Universidad Nacional, y la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos, que hoy, como todos los años, se entregan a distinguidos universitarios, son una reminiscencia, un símbolo, una actualización, de aquel gran sueño que hizo posible a la UNAM y a su Ciudad Universitaria. Quienes lo reciben son los herederos de aquellos que emprendieron la hazaña de solucionar los problemas de México, hombres y mujeres que siguen creyendo que nuestro país requiere de su Universidad para ser grande, o mejor, que sin su Universidad no podrán llevar a cabo esa hazaña.
Nadie ignora que vivimos momentos dramáticos, que después de medio siglo de haber soñado con que seríamos un gran país, el más grande de América Latina, el de la raza cósmica, el cuerno de la abundancia, el de los muralistas y los grandes poetas reunidos en torno a los Contemporáneos, el de la región más transparente del aire, “Sensemayá”, “Bésame mucho”, “El rey”, el “Huapan go” de Moncayo y las sandías de Tamayo, estamos sumidos en una crisis moral, social y económica que requiere, de nuevo, replantearnos la hazaña que está simbolizada
en nuestra Universidad. Muchos dicen que a la realidad no le gustan los sueños, que los sueños son ilusiones vanas y que lo que necesitamos son cosas concretas; hay algunos, inclusive, que afirman que lo único que la gente quiere son policías en la calle. Yo creo que no es así, lo que a la realidad no le gusta es ser pedestre, rastrera, policiaca. Es cierto, esta realidad que vivimos no permite que nadie se duerma en sus laureles, pero querría, desearía, nos demanda que volvamos a tener grandes sueños para sentirnos capaces de llevar a cabo las hazañas que requerimos. Alguna vez, usted, señor Rector, dijo que ya no había políticos que se atrevieran a proponer hacer otra Ciudad Universitaria, pero hoy, lo que necesitamos es eso precisamente, volver a creer que el conocimiento universal, la cultura, el arte, nuestros investigadores, maestros y alumnos somos la piedra angular para darle consistencia y realidad a nuestros sueños. No puedo
evitarlo, cuando pienso en lo que nos sucede me veo de nuevo en el camellón de Insurgentes y escucho la voz desarmante de mi padre calificando de grandioso lo que nos rodeaba. Me gustaría pensar que estos reconocimientos que hoy entregamos son la forma de decir que
sí, seguimos creyendo que la UNAM es un proyecto grandioso y que estamos dispuestos a emprender la gran hazaña que nos demanda la realidad y que en ello está cifrada la forma que tenemos los universitarios de desearnos buena suerte: por mi raza hablará el espíritu. |
| |