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En sus palabras durante el homenaje al doctor Jorge Carpizo McGregor (1944-2012) en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM el 31 de marzo de 2012, el Rector José Narro Robles nos otorga la semblanza de un universitario imprescindible. Defensor del laicismo, Rector de la UNAM de 1985 a 1989, fundador de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, el doctor Carpizo deja un legado ineludible para comprender al México contemporáneo.
La tarea que me han encomendado es cruel y complicada. Lo es porque debo dar, en nombre de todos, un adiós a un gigante de nuestro país. Lo es porque me inunda el dolor y porque temo que la fuerza me abandone. Lo es en virtud de que los sentimientos de agobio nublan mi razón.
Hoy es un día triste, muy triste. Padecemos la ausencia de un ser muy querido. Nos hemos reunido para recordarlo, para sumar nuestra pena y también para expresar el orgullo que sentimos por un ser extraordinario. Lamentamos la desaparición del doctor Jorge Carpizo. La lamentamos profunda y sinceramente. A causa de ella, todos hemos perdido. De muchas y muy diversas formas, a todos nos falta algo desde ayer. Todavía no nos reponemos de la terrible noticia. Es muy temprano para aceptar la fatalidad. Por esto nos hemos congregado para compartir la desesperanza, para apoyarnos en el dolor. Para rendir un homenaje al doctor Carpizo.
Su vida fue extraordinaria. Nació en 1944 en Campeche y en su terruño realizó, entre 1951 y 1959, sus estudios de primaria y secundaria. En 1963 ingresó a la Universidad Nacional, la perla de sus amores, para cursar sus estudios de Derecho. El 9 de febrero de 1968 presentó su examen profesional con el que obtuvo el título correspondiente. Su destacada trayectoria, reconocida por alumnos y maestros, le permitió configurar un jurado fuera de serie presidido por don Mario de la Cueva e integrado por Luis Recaséns, Jorge Sánchez Cordero, Niceto Alcalá Zamora y Castillo y el maestro Héctor Fix- Zamudio.
Luego de obtener la maestría en la London School of Economics and Political Science de la Universidad de Londres, realizó sus estudios doctorales en la Facultad de Derecho de nuestra Universidad, en donde, el 21 de agosto de 1978 se graduó como doctor. Fue profesor de derecho constitucional en su querida facultad y también impartió cátedra en la de Ciencias Políticas y Sociales, al igual que en otras instituciones de educación superior como profesor o conferenciante invitado.
A lo largo de su vida profesional alcanzó, desde muy temprana edad, responsabilidades extraordinarias. Fue secretario del Instituto de Investigaciones Jurídicas, subdirector general de Asuntos Jurídicos y Abogado General de la UNAM, antes de cumplir treinta años. En nuestra institución también fue coordinador de Humanidades, director del Instituto de Investigaciones Jurídicas y Rector entre 1985 y 1989.
La investigación y la vida académica fueron su mayor área de interés y como parte de los productos de su trabajo, son numerosas sus aportaciones al pensamiento jurídico y democrático del país. Sus contribuciones al derecho constitucional son bien conocidas en México y más allá de sus fronteras. Sus obras más importantes fueron traducidas a otras lenguas y tuvieron repercusiones no sólo en la doctrina jurídica sino, principalmente, en la vida colectiva.
Su reconocida capacidad también la proyectó fuera de la Universidad. En los años sesenta laboró en la Secretaría de Educación Pública y a fines de los ochenta fue ministro de la Corte. Poco después fue el fundador y primer presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, procurador general de la República y secretario de Gobernación durante el año que cambió la historia de México.
Para describir a Jorge Carpizo faltan sustantivos y adjetivos. Fue un referente, un líder, un guía y un ejemplo a quien vamos a echar de menos en los grandes momentos del país. Se trata de un personaje que fue recio, serio, profesional, dedicado, comprometido, valioso y valiente, estudioso e innovador. Nunca fue, me consta, un hombre cautivado por el poder y menos todavía dispuesto a la autocomplacencia, a la comodidad, a hacer concesiones cortesanas.
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