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NUEVA ÉPOCA NÚM. 156 FEBRERO 2017 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Ricardo Piglia
La literatura como utopía


Mauricio Molina
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 156| Febrero 2017| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Molina, Mauricio , "Ricardo Piglia. La literatura como utopía" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Febrero 2017, No. 156 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?art=17614&publicacion=810&sec=Art%C3%ADculos > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Apenas iniciaba el año 2017 cuando de Buenos Aires llegó una triste noticia para los lectores literarios de lengua española: el fallecimiento de Ricardo Piglia. Como explica en este ensayo Mauricio Molina, el autor de Tiempo lunar, Piglia ejerció una escritura experimental, arriesgada, crítica y con la capacidad de dialogar creativamente con la tradición de la ficción occidental.

 

Lo que podemos imaginar siempre existe, en otra escala, en otro tiempo, nítido y lejano, igual que en un sueño.
RICARDO PIGLIA

 

La muerte de Ricardo Piglia, ocurrida el 6 de enero pasado, nos permite recordar a un autor entrañable y fundamental para comprender la creación literaria de los últimos lustros del siglo pasado y los primeros del nuestro. Su desaparición, pese a que suele decirse que deja una obra trunca, en realidad hereda una obra completa, plena, aunque se preparen ediciones de inéditos o nuevas compilaciones.

La obra de Piglia es un ejemplo cabal de lo que Italo Calvino, en sus Seis propuestas para el próximo milenio, llamara “literatura al cuadrado”, es decir, aquella que reutiliza autores y temas para transformarlos y darles nuevos sentidos. Al mismo tiempo, la literatura al cuadrado reflexiona sobre la tradición y sobre sí misma en una suerte de mise en abîme. Piglia, atento conocedor de la literatura argentina y universal, dialoga a lo largo de su obra narrativa y crítica con Macedonio Fernández, Jorge Luis Borges, Roberto Arlt, Julio Cortázar y señaladamente con su gran contemporáneo Juan José Saer, para sólo nombrar a los más visibles.

 

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Ricardo Piglia
© Wikicommons

 

Basta con leer Respiración artificial, la legendaria novela de 1980, consagrada por la crítica y que ha merecido numerosos estudios y reediciones. La escritura como segunda naturaleza —esa respiración a la que alude el título del libro— se encuentra en el trasunto de esta novela fascinante. Respiración artificial —como toda gran novela— es una reflexión en torno a la literatura y, sobre todo, al impacto que esta tiene en el futuro. No se trata (tan sólo) del dur désir de durer, sino del hecho puntual de que todo lo que se escribe deja una huella en lo real: tal es la premisa de esta novela visionaria. Aun la escritura en el agua deja ondas, del mismo modo que un murmullo puede provocar ecos que recorren el tiempo.

En Respiración artificial se dan cita nada menos que Emilio Renzi, el alter ego de Piglia, y que habrá de acompañarlo toda su vida, en diversos momentos y obras, hasta la publicación de los tres volúmenes de sus Diarios. También encontramos a Tardewski, el polaco argentino tras de cuya máscara, ineludible, se encuentra la figura legendaria de Witold Gombrowicz, o el misterioso Enrique Ossorio, senador en el exilio durante la dictadura de Rosas en la segunda mitad del siglo XIX y cuyas cartas sobre el futuro se cumplen en la realidad y parecen confirmar que el mundo es escritura. La linealidad del tiempo frente a la circularidad de la literatura.

Acaso el momento más alucinante de la novela se encuentra en el hipotético pero plausible encuentro entre Hitler y Kafka. A través de una red de textos cuya dispersión refuerza la idea central de su libro, Piglia hace suya aquella idea tan cara a Walter Benjamin de escribir un libro que consistiese en un conjunto de citas. Al mismo tiempo, el autor desovilla una historia en apariencia realista (con un trasfondo político duro), pero que oculta una trama fantástica donde el fantasma, la conjetura y la indagación metafísica se dan cita. Al mismo tiempo, se trata de una novela detectivesca (el noir lo abordará más adelante con Plata quemada). Respiración artificial depara al lector el descubrimiento inquietante de que no somos sino escritura y de que, parafraseando a Octavio Paz, “alguien nos deletrea”.

Una novela es una máquina de producir significados e interpretaciones. A mayor oscuridad y ambigüedad mayores posibilidades de lectura. El lector acostumbrado a las tramas realistas y lineales busca, como diría Barthes, presenciar una suerte de streap tease en el que, al final de la trama, se desea develar un último secreto, un último misterio, de ahí la conversión de la novela en una suerte de subsidiaria del cine popular. Una novela es una máquina que obliga al lector a activarla, introducirse en su funcionamiento, en lo que podríamos llamar una suerte de duplicación de la existencia. Novia puesta al desnudo por sus lectores (citando a Duchamp), la novela obliga a que el lector se involucre en una suerte de romance que puede durar cien páginas o siete tomos, tres días o toda una vida de interpretación. Ninguna novela que se respete puede ser leída pasivamente: seduce, puesto que es, como diría Gilles Deleuze, una máquina deseante, desea a sus lectores (hoyo negro, niña voraz) para hacerlos parte de su propio universo.

Doce años después, en 1992, Piglia da un salto cuántico en su escritura con la publicación de La ciudad ausente, un verdadero hito y una de las mejores novelas escritas en nuestra lengua en el último cuarto de siglo.

A medio camino entre la ciencia ficción, el relato distópico, el policial y el franco ensayo literario, La ciudad ausente está impregnada de un profundo ánimo experimental. Esta experimentación, antes que verbal o de juego de tiempos (como en Respiración artificial), se da en la sabia mezcla de géneros y formas, de las que Piglia es un maestro.

La ciudad ausente contiene varias fortunas: la historia del gaucho invisible, la de la mujer suicida en un hotel de provincia, pero sobre todo la historia entre ficticia y real, de la muerte de Elena, la esposa de Macedonio Fernández, ese escritor secreto cuya obra nos recuerda a una suerte de Marcel Duchamp de la literatura. Elena es La Eterna, que al morir se convertirá en una máquina productora de relatos encerrada en un museo. Esa máquina es el corazón de la novela de Piglia, un mecanismo que de alguna manera recuerda el de La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares. Máquina abstracta, máquina deseante, esta Sherezada mecánica produce relatos que un estado policial busca extirpar de la memoria colectiva. Porque, además, la novela de Piglia es también una novela política: en su trama quedan implicados los desaparecidos de la dictadura, la tortura, el terror psicológico y la voluntad de olvido que impone el Estado.

Como experimento narrativo, La ciudad ausente se sitúa sobre todo en el eje de la narración más que en el del lenguaje. Relatos como el de los pájaros mecánicos que buscan la lluvia o el de la niña monstruo que escucha interminablemente el relato del anillo de Venus, podrían muy bien figurar en una antología de cuentos, pero el recurso de Piglia consiste en exacerbar los recursos narrativos, conformando un híbrido hipertélico (que va más allá de sí mismo) que incluye múltiples formas discursivas donde los géneros se entremezclan y diluyen.

Novela crítica (que reflexiona en torno a sus propios medios), La ciudad ausente es también una novela que se sitúa en las antípodas de cualquier teoría de los géneros, ya que, sin ser una novela realista, explora zonas de la realidad; sin ser novela fantástica, incorpora múltiples elementos del género; sin ser una novela policial, nos introduce en el relato de una investigación; sin ser un texto crítico indaga en torno a autores y formas; sin ser un libro de cuentos, es una novela que contiene múltiples relatos independientes pero orgánicamente dispuestos.


   
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Mauricio Molina

Nació en la Ciudad de México el 11 de abril de 1959. Narrador y ensayista. Realizó estudios de Lengua y Literatura Hispánica en la FFyL de la UNAM. Ha sido profesor de cursos y talleres en la UIA y la...


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