UNAM
NUEVA ÉPOCA NÚM. 159 MAYO 2017 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
Inicio   >>> Artículos   >>>   Luciano Concheiro

Las equi-vocaciones de Elizondo


Luciano Concheiro
citar artículo
citar
NUEVA ÉPOCA | NÚM 159| Mayo 2017| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Concheiro, Luciano , "Las equi-vocaciones de Elizondo" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Mayo 2017, No. 159 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?art=17987&publicacion=830&sec=Art%C3%ADculos > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

PDF
aumentar letra disminuir letra
1 / 2

Untitled Document

 

¿En qué consiste la vocación artística? Se pregunta este joven filósofo —nacido en 1992 y profesor de historia del pensamiento en nuestra Universidad— al pensar en el legado pictórico de Salvador Elizondo. Sus lúcidas reflexiones acerca de los cauces en los que la inclinación artística de éste halló expresión acompañan el reportaje gráfico del número de mayo: una muestra de las muchas imágenes y apuntes que en sus míticos cuadernos dedicó Elizondo a la obra rulfiana.

 

1. “¿Qué es una vocación sino la revocación de toda vocación concreta y fáctica?”, pregunta retóricamente Giorgio Agamben. Y continúa: “No se trata naturalmente de sustituir una vocación menos auténtica por otra verdadera. ¿En nombre de qué podría uno decidirse a favor de una en vez de por otra? No, la vocación llama a la vocación misma, es como una urgencia que la trabaja y ahonda desde el interior, que la hace nada en el gesto mismo por el cual se mantiene y permanece dentro de ella”. En suma: la verdadera vocación es simultáneamente potencia e impotencia o, mejor dicho, pura potencialidad (de ser o no ser). 1

2. El 29 de agosto de 1956 Salvador Elizondo escribió en su diario una nota autobiográfica —una breve pieza de autoficción, dirían algunos— que terminaba con su suicidio en París treinta y cuatro años después: “Elizondo, Salvador Francisco —Pintor, poeta, crítico, director cinematográfico mexicano. Nació en la Ciudad de México el 19 de diciembre de 1932. Desde que tenía 15 años manifestó una decidida vocación artística”. 2

3. La forma errónea de dar cuenta de qué es una vocación artística sería definirla, delimitarla, volverla algo concreto o fáctico. La vocación artística es precisamente lo contrario: un vacío que no va hacia ningún lugar, una vocación sin contenido preestablecido. Tal vez sería conveniente decir que la vocación artística es, en realidad, la ausencia de vocación.

4. Busco en Wikipedia. El primer párrafo dice: “Salvador Elizondo Alcalde (Ciudad de México; 19 de diciembre de 1932-29 de marzo de 2006) fue un escritor, traductor y crítico literario mexicano, autor de novelas como Farabeuf o la crónica de un instante, y de reputados libros de relatos breves, como El hipogeo secreto y Narda o el verano y El grafógrafo. Fue considerado el escritor más original y vanguardista de la generación de los años sesenta en México”. 3

 

imagen
Rulfo y Elizondo en el Centro Mexicano de Escritores, 1970
© Paulina Lavista

 

5. Es bien sabido, aunque no lo mencione Wikipedia, que Salvador Elizondo estudió pintura en La Esmeralda y en la Academia de San Carlos. Que, además, fue parte del taller de Jesús Guerrero Galván —un ahora poco recordado miembro del muralismo mexicano—. Las entradas del diario de Elizondo escritas tras haberse mudado a París (1952) muestran la autoconsciencia que tuvo de su condición como productor pictórico:

 

19 de abril de 1953: Ahora sí estoy resuelto a hacer una exposición. Quiero terminar el mural y ponerme a trabajar como loco.

 

26 de abril de 1953: Afán de trabajar desesperadamente —En enero exposición.

 

30 de abril de 1953: En mi exposición quiero acabar todos los aspectos de la pintura —retrato, naturaleza muerta, mural, paisaje, figura, marinas, animales, niños, adultos, ancianos— todo.

 

3 de junio de 1953: El paisajito, lo voy a repetir. El cielo no me gusta y además la pintura está muy rebatida. Yo creo que ésa es la única manera de hacer buenos cuadros, insistiendo hasta que salgan bien. Más ahora que tengo un fuerte afán de trabajar —hay que aprovechar esta racha.

 

29 de julio de 1953: No he podido conseguir dinero para comprar un lienzo. Eso me tiene detenido: pintar se ha vuelto una necesidad apremiante, como comer o hacer el amor.

 

5 de junio de 1954: Yo no soy un pintor nato. Esto por una parte es afortunado porque querrá decir que todo lo que yo pinte tendrá implícito un momento o un siglo de combate y todo lo que yo pinte representará una victoria de la voluntad pero también es una limitación que impide penetrar en lo que es el encanto de un momento. Pero todo se salva si se puede decir que pinto porque quiero y no pinto porque no puedo hacer otra cosa.

 

15 de agosto de 1955: Presiento que una “crisis sentimental” se aproxima. Estoy desesperado. Quisiera pintar y no hacer otra cosa.

 

17 de octubre de 1955: Nada nuevo. Dibujando como loco. 4

 

6. Se dice que la obsesión le duró poco, que pronto Salvador Elizondo se dio cuenta de que frente a Uccello podía hacer poco. Se afirma que el suyo fue un fracaso rotundo. Cuando más, se argumenta que su vocación como escritor se impuso sobre su vocación como pintor. La narrativa, enarbolada por el propio Elizondo, permanece: la pintura fue una vocación fallida.

7. “Sólo una potencia que puede tanto la potencia como la impotencia es, por ello, la potencia suprema. Si toda potencia es tanto potencia de ser como potencia de no ser, el pasaje al acto sólo puede tener lugar trasportando (Aristóteles dice ‘salvando’) en el acto la propia potencia de no ser. Esto significa que, si a todo pianista pertenece necesariamente la potencia de tocar y la de no tocar su piano, Glenn Gould es, por tanto, sólo aquel que puede no no-hacerlo sonar y, dirigiendo su potencia no sólo al acto, sino también a su impotencia misma, hace sonar el piano, por decirlo así, con su potencia de no hacerlo sonar. Frente a la habilidad, que simplemente niega y abandona la propia potencia de no tocar, la maestría conserva y ejercita en el acto no su potencia de tocar (ésta es la posición de la ironía, que afirma la superioridad de la potencia positiva sobre el acto), sino aquélla de no tocar”. 5

8. Los cerca de cien cuadernos que Salvador Elizondo produjo (de 1945 a 2006) se encuentran repletos de pequeñas pinturas y dibujos. Basta darles una rápida hojeada para descubrirlo: resulta absurdo decir que la pintura fue una vocación pasajera.

9. La obra visual de Salvador Elizondo existió siempre, como potencia e impotencia, sucediendo y no sucediendo, en sus cuadernos.

10. ¿Se puede afirmar que alguien fracasa en una actividad si continúa realizándola durante toda su vida? ¿El fracaso consiste sencillamente en la falta de reconocimiento público?

 

 

1  Giorgio Agamben, El tiempo que resta. Comentario a la Carta a los Romanos, traducción de Antonio Piñero, Trotta, Madrid, 2006, p. 33. [Regreso]

 

2  Salvador Elizondo, Diarios: 1945-1985, edición de Gerardo Villadelángel; selección, prólogo, notas y fotografías de Paulina Lavista, Fondo de Cultura Económica, México, 2015, p. 59. [Regreso]

 

3  “Salvador Elizondo”, en Wikipedia. [Regreso]

 

4  Salvador Elizondo, Diarios: 1945-1985, pp. 46-54. [Regreso]

 

5  Giorgio Agamben, La comunidad que viene, traducción de José L. Villacañas y Claudio La Rocca, Valencia, Pre-textos, 1996, pp. 26-27. (Los subrayados son míos). [Regreso]


   
    subir     PDF

Luciano Concheiro

Estudió Historia en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y una maestría en Sociología en la Universidad de Cambridge. Es profesor en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Sus textos han...


Leer más   »
Secciones de la Revista
Sitios de interés