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NUEVA ÉPOCA NÚM. 115 SEPTIEMBRE 2013 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Flavio Manuel Mena Jara
Un científico visionario


Carlos Arámburo de la Hoz
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 115| Septiembre 2013| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Arámburo de la Hoz, Carlos , "Flavio Manuel Mena Jara. Un científico visionario" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Septiembre 2013, No. 115 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?art=726&publicacion=22&sec=Art%C3%ADculos > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Al conmemorarse el vigésimo aniversario de la creación del Centro de Neurobiología de nuestra Universidad, el doctor Carlos Arámburo de la Hoz, coordinador de la Investigación Científica, rindió un homenaje al principal impulsor y director fundador del Centro, el doctor Flavio Manuel Mena Jara, quien falleció el 23 de diciembre de 2012.

La comunidad de investigadores, técnicos, estudiantes y trabajadores del Campus Juriquilla, así como de otras entidades de la UNAM, nos sumamos a los familiares y amigos cercanos de Flavio, para conmemorar en esta sencilla ceremonia su trayectoria académica, sus contribuciones, su obra como científico destacado, maestro escrupuloso y forjador de instituciones; para reconocer y agradecer, una vez más, su visión y su esfuerzo, así como su liderazgo, definitorios para el fortalecimiento de la Universidad, particularmente en lo relativo a su desconcentración de las actividades de investigación y formación de recursos humanos. Pero también, para testimoniar la manera en que influyó en muchos de nosotros; la forma en que nos compartió sus sueños; la manera en que nos encarnó de sus valores universitarios, a los que fue fiel desde muy joven y que le acompañaron toda su existencia. Los que tuvimos el privilegio de compartir con él trabajo, anhelos e ilusiones; quienes le acompañamos, con desvelos y largas jornadas, en la búsqueda de utopías; los que tuvimos oportunidad de estar cerca de él y apreciar su sabiduría; los que fuimos beneficiarios de su generosidad intelectual y a quienes nos regaló su amistad; a quienes nos tocó con su bonhomía y particular sentido del humor y nos compartió su visión del mundo, ampliando así nuestros horizontes; a los que su partida prematura nos dejó un hueco enorme estamos aquí reunidos para manifestar, con un sentimiento sincero y profundo, que hoy y siempre tendremos motivos de sobra para celebrar la vida de Flavio Mena: un gran ser humano y un universitario ejemplar y de valía excepcional, cuyo legado contribuyó a engrandecer a la UNAM y cuyo espíritu nos inspiró para intentar ser mejores y para buscar, con él, enfrentar varios desafíos.

Como es de todos conocido, a lo largo de casi seis décadas Flavio mantuvo una relación íntima e íntegra con la Universidad, institución a la que conoció en sus entrañas y amó profundamente. Recorrió todos los peldaños, desde estudiante preparatoriano y de la Facultad de Medicina; como instructor-alumno, ayudante de profesor y profesor adjunto; como asistente, auxiliar de investigador, investigador adjunto e investigador titular, en el Departamento de Fisiología del entonces Instituto de Estudios Médicos y Biológicos (actual Instituto de Investigaciones Biomédicas) del cual fue jefe, y a partir del cual promovería, más tarde, la creación del Centro e Instituto de Neurobiología, de los cuales fue director fundador e Investigador Emérito, respectivamente.

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Flavio Manuel Mena Jara

Contribuyó de manera significativa, con algunos otros pioneros como Guillermo Anguiano y Carlos Beyer, a sentar las bases de la neuroendocrinología experimental en nuestro país, y a desarrollar líneas de investigación sobre neurobiología reproductiva, sobre la regulación integrativa de la lactancia y sobre los mecanismos que regulan la secreción de la hormona prolactina. Por la calidad y solidez de sus contribuciones, que se consideran ahora clásicas, obtuvo importantes reconocimientos tanto a nivel internacional como nacional. Prueba de ello son los múltiples premios que recibió, dentro de los que destacan el Premio de la Academia de la Investigación Científica, el Premio unam y el Premio Nacional de Ciencias y Artes; y también el Premio Heberto Castillo por parte del Instituto de Ciencia y Tecnología del Distrito Federal; así como el otorgamiento del nivel de Investigador Emérito tanto en la UNAM como en el Sistema Nacional de Investigadores.

Bajo su tutela se iniciaron en la investigación fisiológica y neuroendocrina varios alumnos, que posteriormente se desarrollaron y han contribuido también al desarrollo de esta multidisciplina, formando ya un linaje que ha hecho contribuciones importantes en el campo. Discípulos que, a su vez, han ampliado y diversificado la línea de investigación que Flavio inició originalmente, y han formado a un número cada vez mayor de investigadores que se encuentran realizando tareas científicas y docentes en diversas instituciones del país y en el extranjero.

En Flavio se conjugaron diversas facetas, como ya mencioné: el científico riguroso y crítico, el maestro firme, el académico comprometido y culto, el investigador inquisitivo, el líder visionario, el negociador hábil, el directivo tenaz, el funcionario leal, el amigo fraterno, el hombre de familia y el padre paciente. Yo haré únicamente una breve alusión a aquella faceta con la que más tuve oportunidad de compartir con él: la creación, el diseño y la consolidación del actual Instituto de Neurobiología y del Campus Juriquilla.

Habría que entender el contexto en el que se dio la propuesta y la situación difícil y adversa en que se encontraba el desarrollo del Departamento de Fisiología del Instituto de Investigaciones Biomédicas en la década de los ochenta del siglo pasado, así como la manera en que se había venido desenvolviendo la escuela mexicana de investigación dedicada al estudio de la estructura y función del cerebro, la cual había tenido su asiento original en la UNAM, precisamente en el Laboratorio de Estudios Médicos y Biológicos a partir del inicio de los cuarenta. Ante la falta de perspectivas de crecimiento y la salida de algunos fisiólogos reconocidos del Instituto, el liderazgo académico que Flavio fue capaz de generar le ayudó a fortalecer a dicho Departamento cuando fungió como jefe, y a partir de él, en una demostración de visión de largo alcance y de creatividad, conjugando sueños y la persecución de lo que originalmente fue para muchos una utopía, promovió, impulsó y condujo el proyecto que al final, y después de muchas vicisitudes y escollos, cristalizó en la creación del Centro de Neurobiología el 24 de septiembre de 1993, hace ya casi veinte años.

El sueño de Flavio se fue gestando a partir del resultado de su segunda participación como integrante de la terna para la dirección del Instituto de Investigaciones Biomédicas: crear un nuevo centro de investigación que recogiera la herencia de la escuela mexicana de neurociencias; un Centro con un enfoque multi-, inter- y transdisciplinario que abordara el estudio de la estructura y la función del SNC, desde el nivel molecular hasta las propiedades superiores más complejas del cerebro; un centro en donde se cultivara un enfoque integral (fisiológico) en la formación de los futuros neurobiólogos; un centro, en fin, en donde se estableciera una atmósfera académica que permitiera un amplio y libre intercambio de conceptos y experiencias, en donde preponderara “el juego limpio”, por encima del “juego sucio” o el “juego falso” (un anhelo, por cierto, que aún sigue buscando una oportunidad). Al frente de un pequeño grupo de inquietos ilusos como él, muchas noches alrededor de una mesa en La Guadalupana, de Coyoacán, y muchísimas otras en las oficinas universitarias y en las antesalas de diversos funcionarios, o bien recorriendo incansablemente, una y otra vez, la carretera entre México y Querétaro, se fue concibiendo y fraguando la edificación de ese sueño, que, como lo expresara Julio Muñoz en un artículo periodístico a mediados de los noventa, constituía el Jardín de las Extravagancias de Flavio Mena.

Su convicción en la necesidad e importancia de establecer dentro de la Universidad una instancia dedicada completamente al estudio multidisciplinario de las neurociencias le permitió, con su tenacidad y voluntad características, llevar adelante este proyecto aun en tiempos particularmente difíciles para la UNAM y el país, en una circunstancia en la que el escepticismo de varios colegas y funcionarios universitarios le conferían pocas posibilidades al desarrollo del proyecto. Sin embargo, la claridad de metas y la solidez académica del grupo que conjuntó el liderazgo de Mena aunados a la decisión de convencer y entusiasmar a las personas y a los diversos cuerpos colegiados responsables de la creación de nuevas entidades finalmente resultaron en la creación del Centro. Pero no sólo eso. En el trayecto se fijaron nuevas y ambiciosas metas que, aunadas al establecimiento de esta nueva dependencia especializada en el estudio de la estructura y función del sistema nervioso desde múltiples enfoques conceptuales y metodológicos, contribuyeran de manera específica a la descentralización de las actividades de investigación científica y formación de recursos humanos de alto nivel y consolidaran el carácter nacional de la UNAM y su liderazgo académico en el país. De esta forma se inició un largo periplo por varios estados de la república buscando las mejores condiciones para el establecimiento del recién concebido Centro, lo que después de innumerables negociaciones con diversas autoridades universitarias y gubernamentales llevó a la creación, en Querétaro, del Campus Juriquilla de la UNAM, y el Centro de Neurobiología fue la primera dependencia ubicada en él.


   
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Carlos Arámburo de la Hoz

Es químico farmacéutico biólogo. Se desempeña como Coordinador de Investigación Científica de la Universidad Nacional Autónoma de México desde 2007. Realizó sus estudios de licenciatura, así como la maestría...


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