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NUEVA ÉPOCA NÚM. 111 MAYO 2013 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 111| Mayo 2013| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Sotelo, César Antonio , "El otro exilio" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Mayo 2013, No. 111 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=16&art=407&sec=Rese%C3%B1as > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Desde sus orígenes en la cultura occidental, la lírica ha sido una expresión del yo. Por tanto, su objeto no es la fábula, sino el propio sujeto. Es un cantar, un decir de sí y desde sí, un proceso creador que por su esencia indaga en el inefable mundo del alma, del espíritu humano; y para manifestar el universo afectivo que encierra la humanidad convierte a la palabra —pobre vehículo— en herramienta de difícil manejo.

Jesús J. Barquet (La Habana, 1953), cubano por nacimiento y universal por decisión propia, así lo entiende. Su labor poética se extiende por más de cuatro décadas de búsqueda estilística que le ha permitido transformar las palabras para expresar el dolor, la angustia, el miedo, la alegría, la esperanza y la desesperanza de un hombre, de todos los hombres, labor la suya que constituye ya ejemplo de apasionada empresa lírica, plena de amor hacia la vida y la poesía.

Cuerpos del delirio (Sumario poético, 1971-2008) (Letras Cubanas, La Habana, 2010)es una amplia compilación de poemas de Barquet escritos tanto en Cuba como lejos de la isla. Incluida está una extensa muestra de sus poemarios Sin decir el mar (1981), Sagradas herejías (1985), Ícaro (1985), El Libro del desterrado (1994), Un no rompido sueño (1994), El Libro de los héroes (1994), Naufragios (1998) y Sin fecha de extinción (2004), así como una breve sección titulada “Nuevos poemas (2006-2008)”. En esta antología se aprecia la profunda riqueza y evolución de una obra de lirismo directo, sin ambages, visceral y sensible, desbordante en ironía, humor, sensualismo y polifonía intertextual, el mismo lirismo que, sin apartarse de la belleza implícita a la forma del poema, reflexiona metafóricamente sobre la complejidad del mundo contemporáneo, a la vez que ahonda en la problemática esencia humana.

Estamos ante un recorrido poético en el que la visión de Barquet explora, desde su radical intimismo, las últimas décadas del siglo xx y el inicio de este siglo y milenio. De uno a otro poemario, la voz de este hombre de muchas patrias y habitante del mundo —voz que se expresa en versos proteicos y plurisignificantes— se va convirtiendo en una visión reflexiva de múltiples aproximaciones que busca explicar las eternas interrogantes humanas.

El libro encierra un vasto universo lírico donde los distintos poemarios, tan diversos en su concepción y sentido, poseen una serie de rasgos comunes y constantes temáticas que brindan unidad al texto. La primera es el exilio, pero en una acepción muy amplia. Exiliado es no sólo aquel que deja su lugar de nacimiento, sino todo aquel que se siente desterrado del mundo. Ligado a este tema, se encuentra el naufragio: naufragio de los sueños, de las esperanzas, de la vida. Otra constante es el amor, el cual se liga a la expresión poética para simbolizar el sentido de la existencia concebido por el poeta. Por último, destaca la importancia del cuerpo o la corporeidad y, sobre todo, de la unión de los cuerpos como la máxima expresión del amor y la belleza.

Con dolor, amor, resignación y optimismo, la conciencia de exilio aflora en la poesía de Barquet y matiza su experiencia vital hasta convertirla en un canto que su sensibilidad, emociones y pensamiento utilizan como instrumento ideal para que el sujeto se encuentre consigo mismo y logre explicar(se) el sentimiento de ser ajeno al mundo. Sus versos nos expresan la mirada del exiliado que, desde su segunda patria o inconforme refugio, analiza su momento histórico y lo relaciona con el hito histórico que cambió su vida para siempre al alejarlo de su tierra natal:

Desterrado, senil, sin
piernas donde crecer, sin
árbol donde asomar su fruta, sin
tiempo suyo de reloj y olvido, sin
el amanecer en sus uñas arañando la almohada, sin
deletrear su infancia, con
extraviadas palabras, con
gestos perdidos, con
un abrazo de viento
está
el Exiliado:
A años luz la patria lo ha hecho
envejecer (p. 69).

Esta conciencia de exilio, la cual permea de distintas maneras sus versos, no sólo se refiere al destierro físico, sino que también expresa el dolor del destierro espiritual, emotivo, intelectual. Porque exiliado es también el que no sigue las normas trazadas por la tradición, el ser crítico que vive en un mundo de individuos pasivos y enajenados por una u otra causa, el idealista soñador que, a su pesar, convive con una sociedad pragmática y materialista. Por eso, el tema del exilio se encuentra íntimamente ligado a la imagen del naufragio: en la lírica de Barquet, el ser humano es ese navegante que se enfrenta a los procelosos mares de la vida, arriesgándose a naufragar en su aventurero empeño y sólo su inmensa pasión por la vida lo empuja a hallar refugio en tierra firme, aunque el puerto de arribo no sea lo anhelado o buscado:

Algo
que hoy sólo puedo concebir como un viaje
por mares y ciudades e historias
me ha depositado aquí sin yo haberlo esperado,
en un aquí que únicamente me afirma
por negación (p. 130).

Exilio y naufragio son recurrencias temáticas que expresan una acuciante reflexión sobre lo humano, una necesidad de entender el sentido o sinsentido de la existencia que acompaña siempre a una voz poética que, en su intento por comprender la compleja naturaleza de sus semejantes, llega a afirmar en uno de sus textos tempranos lo siguiente:

Todo hombre lleva en sí un camino de luz y otro de sombra. Van ambos íntimamente unidos como en un rayo de amor. Basta un lazo o un músculo que ese camino interfiriera, un error que sus propios bordes se comiera, para detener esa luz, para predominar esa sombra, y ya detrás del lazo o del músculo difícilmente el amor con su rayo de hombre sino lo oscuro inasible y el más abrupto destino (p. 13).

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En tal búsqueda de un sentido para la existencia, en el examen concienzudo que el poeta hace de esos caminos de luz y sombra que él mismo transita para intentar comprender el porqué de la angustia existencial que lo atormenta, poesía y amor están ligados indisolublemente, y esa afirmación se transformará en su arte poética:

Si amor es lo que une,
poesía es lo que no desata:
puente de hierro que se tiende de pronto
en el centro del río que quisiéramos cruzar (p. 16).

El poema se convierte en la obra de Barquet en un lazo amoroso, un intento de asir lo inasible y entender lo inefable. Mas si la poesía es el puente, la expresión sublime del amor se da en el irrestricto encuentro de los cuerpos, tema siempre presente en su obra. Para él, el cuerpo es la concreción del alma y el acto sexual es la máxima expresión de belleza, el necesario ritual que complementa a los humanos:

Guiados por profunda luz
búscanse los cuerpos.
Saben que cada uno trae
lo que al otro le falta (p. 94).

Tu cuerpo entre palabras sin fe.
Mi cuerpo ante tu fe sin palabras.
Palabras sobre tu cuerpo de fe.
Fe que traiga cuerpo a las palabras (p. 64).

La comunión de los cuerpos se convierte, entonces, en un acto de fe en la humanidad, acto creador que da vida a la palabra, al poema, a la existencia misma. La comunión de almas se da en la entrega de los cuerpos, unión que destierra la soledad, rescata al náufrago y lo coloca en una embarcación que lo lleva a puerto seguro. La existencia del hombre, como señala Platón, tiene sentido cuando encuentra a su otro yo, y así lo interpreta con eco religioso la voz poética:

Ya sólo faltas Tú.
La casa toda es limpia […],
los pisos una cera o
un lirio palpitante
para que puedas pasar […].
La mesa siempre puesta
al Amor,
a Tu amor,
sin describirlo
para no deformarlo (p. 49).

La reiterada presencia de estos temas en la obra de Barquet se enriquece y ofrece múltiples facetas gracias no sólo a su mantenida evolución formal —patente en la lectura de la compilación—, sino también a su inteligente construcción del verso. En este punto existen también constantes, entre las que destacan el manejo del recurso irónico y la intertextualidad: los poetas Walt Whitman, Keith Wilson, Vicente Aleixandre, Constantino Cavafis, José Martí, Fray Luis de León y José Lezama Lima, entre otros, se convierten en elementos clave para el proceso creador del poeta. Buena parte de la lírica de Barquet está permeada por el espíritu de numerosas referencias intertextuales y, mediante el uso de epígrafes, citas y paráfrasis, este diálogo recurrente dota a su poesía de una profundidad que permite varias lecturas.

Entre los intertextos que soportan su obra, las parodias le brindan a Barquet la oportunidad de edificar una revisión de temas universales desde la óptica del fin del siglo xx. Por otro lado, el uso de la figuración irónica como recurso estructural para generar el juego con el lector, hace de toda su poesía un constante ejercicio estético en el que cada poema se convierte en emotivo espejo de la realidad.

En tanto que visión de la vida desde el exilio del individuo en la sociedad posmoderna, Cuerpos del delirio propone así un desprejuiciado amor correspondido, que se transforma en canto ecuménico gracias al cual la mejor humanidad de un mundo utópico se nos revela como la verdadera patria o el más cabal sentido dentro del cotidiano sinsentido de nuestra contemporaneidad: “Y mientras se pone el sol, levanta Sileno el caramillo que perteneció a su padre y canta cómo unas naciones recién formadas se asombran de ver brillar el sol, caer la lluvia purificadora y disiparse las nubes que las mantenían a oscuras” (p. 193).


   
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César Antonio Sotelo

Nació en Chihuahua, Chih.. Escritor y profesor. Licenciado en Letras Españolas por la Universidad de Chihuahua y Maestro en Artes por la Universidad de Texas en El Paso. Ha sido profesor de español en la...


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