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NUEVA ÉPOCA NÚM. 120 FEBRERO 2014 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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José Emilio Pacheco
Iluminar la sombra


Ignacio Solares
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 120| Febrero 2014| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Solares, Ignacio , "José Emilio Pacheco. Iluminar la sombra" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Febrero 2014, No. 120 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=774&art=15998&sec=Homenajes > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Hay autores con quienes nuestra deuda es tan grande que es difícil expresarla. Autores con los que vivimos y convivimos a través de su obra y que nos acompañan  en los momentos plenos o difíciles, que mitigan nuestra soledad o, mejor dicho, la vuelven relativa porque son nuestros compañeros siempre al leerlos y releerlos. Tal es mi caso con la obra de José Emilio Pacheco, uno de nuestros más grandes polígrafos que ha dado la literatura mexicana, a la altura de Alfonso Reyes y Octavio Paz.

Considerado como uno de los escritores indispensables de la segunda mitad del siglo XX e inicios del XXI, su actividad literaria abarcó amplios registros: poesía, cuento, novela, ensayo, periodismo cultural, crítica literaria, guionismo cinematográfico, traducción, investigación histórica, entre otros. En todos ellos destacó y contó con reconocimiento nacional e internacional.

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José Emilio Pacheco
©Rogelio Cuéllar

Octavio Paz afirmó que “la poesía de José Emilio Pacheco se inscribe no en el mundo de la naturaleza sino en el de la cultura y, dentro de éste, en su mitad en sombra”. En efecto, tanto en su obra poética como en sus textos narrativos, la mirada de José Emilio Pacheco fue una y la misma: una mirada dual, que al mismo tiempo que se condolió de la catástrofe del mundo a causa del hombre y del tiempo (nada menos uno de sus libros más celebrados se titula No me preguntes cómo pasa el tiempo), nos reveló un atisbo de esperanza en la salvación de la humanidad a través de la justicia, el amor y la belleza que se esconden en las cosas simples.

José Emilio inició su carrera literaria desde muy joven. En la excelente semblanza que hizo de él en 1990, Elena Poniatowska lo retrató de cuerpo entero: “Desde los diecinueve años y después de dejar una carrera de leyes que le resultaba horrible porque la veía como una forma de hacer la guerra…, empezó a caminar por las calles del centro y a escribir sobre sus rodillas en todas partes y a todas horas”. A partir de entonces y hasta su último día, José Emilio Pacheco fue un caso de vocación literaria extraordinaria.

En 1958 empezó a trabajar con Fernando Benítez y se convirtió en secretario de redacción de México en la cultura cuando lo publicaba Novedades y jefe de redacción de La cultura en México, suplemento de la revista Siempre!, de 1962 a 1971. En 1960, Jaime García Terrés, entonces director de la  Revista de la Universidad de México, le pidió a Pacheco que se encargara de la última página de la publicación, donde coincidió con otros talentos de su generación, como Juan García Ponce, Jorge Ibargüengoitia, Juan Vicente Melo y muchos otros. Años después le confesaría a Poniatowska: “Los suplementos de Fernando y la Revista de la Universidad fueron mis verdaderas facultades de letras y mis talleres literarios”. En esas páginas, José Emilio practicaba el periodismo cultural, la crítica y el comentario de libros, pero también daba a conocer sus primeros poemas y cuentos.

Curiosamente a principios de los sesentas empecé a leer la sección titulada  “Simpatías y diferencias”, la cual aparecía sin firma. Sabía, por el directorio, que José Emilio Pacheco era el secretario de redacción de la Revista de la Universidad de México. También sin firma, pero con el mismo brillante estilo literario y la misma erudición, se publicaban las columnas “La tarea literaria”, “Reloj de arena” y “Calendario” en “La Cultura en México”, suplemento de Siempre! Un amigo me reveló que el autor de todas ellas era José Emilio Pacheco y pronto deduje que también lo era de otra sección anónima en el “El Heraldo Cultural”: “El minutero”. Entendí su vocación de anonimato cuando le dijo a Elena Poniatowska: “Importan las cosas, no quienes las hacen. A mí me gustaría que la literatura fuera anónima y colectiva”.

Así, cuando a principios de los setentas, lo invité a colaborar en “Diorama de la Cultura”, el suplemento de Excélsior, lo más que conseguí fue que firmara la sección “Inventario” por lo menos con sus iniciales. La sección siguió publicándose en la revista Proceso hasta el pasado domingo 26 de enero de 2014, su última colaboración, que estuvo dedicada a su amigo Juan Gelman. Sin lugar a dudas, “Inventario” es una de las mejores manifestaciones del periodismo cultural que se hayan realizado en nuestro país a lo largo de su historia.

Su actitud admirable, de tan alta calidad humana, impregnó la obra de José Emilio de una fuerza y una vitalidad muy particulares. Nos dijo: “Me parece un milagro / que alguien que desconozco pueda verse en mi espejo. / Si hay un mérito en esto / corresponde a los versos / no al autor de los versos.” Parece, en efecto, que la literatura misma pasara a través de su autor, que llegara de eso que Jung llamó el inconsciente colectivo directamente al papel. Como diría Alfonso Reyes: “Todos lo sabemos entre todos”. Y más aún, nos dijo José Emilio: “Cada vez que inicias un poema / convocas a los muertos. / Ellos te miran escribir / te ayudan”. Esta noción de la palabra como instrumento, capaz de “iluminar la sombra”, significa también: la palabra es un fin. La poesía ayuda a vivir, es vida en sí misma y José Emilio afirmó una y otra vez en su obra que la poesía contiene lo mejor del hombre y es una garantía contra la muerte, contra el desastre: uno de sus temas más recurrentes.


   
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Ignacio Solares

Nació en Ciudad Juárez, Chihuahua, el 15 de enero de 1945. Narrador, dramaturgo, ensayista, periodista y promotor cultural. Estudió en la FFyL de la UNAM. Ha sido profesor de la FCPyS; coordinador de...


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