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NUEVA ÉPOCA NÚM. 120 FEBRERO 2014 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Gelman y el judeoespañol
La lengua de los desterrados


Myriam Moscona y Jacobo Sefamí
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 120| Febrero 2014| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Moscona y Jacobo Sefamí, Myriam , "Gelman y el judeoespañol. La lengua de los desterrados" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Febrero 2014, No. 120 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=774&art=16002&sec=Homenajes > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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El poeta Juan Gelman mantuvo hacia el ladino (una “lengua niña”) una relación de amor y devoción. Estos giros del español arcaico que se llevaron los judíos de España tras la expulsión, a finales del siglo XV, “los hablan los desterrados”. También por eso se inclinó a cultivarla en una estación entrañable de su larguísima producción y fue celebrada por sus lectores y por la crítica como un libro que condensa su amor por el lenguaje.

Los poemas de dibaxu (1994) forman parte de una de las escasas obras en la historia de la literatura en judeoespañol escrita por un poeta que no pertenece a la tradición de esa lengua. Juan Gelman proviene de una familia judía de inmigrantes ucranianos donde el español arcaico no tenía cabida ni razón de ser. Amenazado de muerte, el escritor abandonó su país en 1976 y a partir de entonces ha vivido en el exilio, con residencias en Roma, Madrid, Managua, París, Nueva York y la Ciudad de México. Como es sabido, su hijo y nuera fueron “desaparecidos” —asesinados— por la dictadura militar. Sin embargo, aunque Gelman fue y sigue siendo un activista que exige justicia por cada una de las atrocidades cometidas, su literatura enfrenta el horror con un “contragolpe afirmativo”, como señaló Julio Cortázar: “Acaso lo más admirable en su poesía es su casi impensable ternura allí donde más se justificaría el paroxismo del rechazo y la denuncia”.

En su obra posterior al destierro, Gelman asume una voz íntima, del que habla a su hijo ausente (en Carta abierta, 1980), al recurrir a diminutivos cariñosos y a la invención de verbos que expresan la orfandad de un padre (“deshijándome”).

En este periodo el poeta realiza una honda reflexión acerca del tema del exilio, pensado no sólo en términos políticos, sino también filosóficos, morales e incluso religiosos.

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Le interesa el pensamiento cabalístico de Isaac Luria, según el cual el primer acto de Dios es una retracción, un exilio de sí, para establecer una nada desde la que se cree el mundo.

Por ello en Citas y comentarios (1982) Gelman acude a los místicos españoles San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús. Ese mismo afán de búsqueda espiritual lo lleva en com/posiciones (1986) a “traducir” a poetas y filósofos medievales judíos —como Selomó ibn Gabirol, Yehuda haLeví y Abraham Abulafia—, de los que adapta textos para que las experiencias de mil años atrás se transfiguren en sus situaciones personales.

dibaxu culmina con la indagación acerca de los orígenes, pero esta vez concentrado en el idioma. Como dice el propio Gelman, es “el buscar lo que está debajo de la lengua… Es la búsqueda de la niñez del lenguaje, de lo que existía antes”. Y en el “Escolio” del libro enfatiza: “La sintaxis sefardí me devolvió el candor perdido y sus diminutivos, una ternura de otros tiempos que está viva y, por eso, llena de consuelo. Quizás este libro apenas sea una reflexión sobre el lenguaje desde su lugar más calcinado, la poesía”.

Como en César Vallejo, que usa el error gramatical con deliberación, a Gelman de seguro le gusta jugar —así lo apunta Eduardo Chirinos— con los vocablos que sugieren la incorrección de los niños que aprenden la lengua: rompidu, cayer, la calor, muridu, aunque en este caso la lengua misma y sus hablantes sean los que se apartaron, a lo largo de los siglos, de la norma que rige en el español actual para conformar su propia congruencia lingüística, según la región donde se hable. Curiosamente Gelman aprendió el idioma por medio de la poesía de la poeta Clarisse Nicoïdski. Debido a ello la insistencia en la “i” y en la “u”, propias de Bosnia (de donde surge el ladino hablado y escrito por Nicoïdski)  y poco frecuentes en la mayoría de los hablantes del idioma.

En apariencia todos los poemas de dibaxu son de amor, aunque bien vistos también reflexionan acerca del transcurrir del tiempo, el exilio y la muerte. Es como si la amada a la que se habla fuera a la vez una mujer, la tierra perdida (Sefarad) o la lengua misma:

ista yuvia de vos
dexa cayer pidazus di tiempu
pidazus d’infinitu
pidazus di nus mesmos
¿es por isu qui stamus
sin caza ni memoria?

En ese territorio exterior, en el destierro a través de los siglos, Gelman hallará el amor que se prodiga entre el pasado y el presente. Quizá por eso le pida al lector que lea sus poemas “en voz alta en un castellano y en el otro para escuchar, tal vez, entre los dos sonidos, algo del tiempo que tiembla y que nos da pasado desde el Cid”. Es acaso ese temblor amoroso el que ha sostenido el impulso de unos hablantes que se mantuvieron fieles a su lengua y cultura por más de treinta generaciones.

Juan Gelman es uno de los poetas más imponentes de la actualidad y dibaxu constituye una de sus grandes cimas.

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El texto anterior abre la sección dedicada a Juan Gelman en el libro Por mi boka, textos de la diáspora sefardí, selección, prólogo y notas de Myriam Moscona y Jacobo Sefamí, Lumen, México, 2013, 230 pp.


   
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Myriam Moscona y Jacobo Sefamí

Myriam Moscona

Nació en la Ciudad de México en 1955. Poeta y narradora. Hija de padres búlgaros sefaradíes. Es autora de varios libros de poesía, entre ellos Las visitantes (1989) con el que...


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