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NUEVA ÉPOCA NÚM. 120 FEBRERO 2014 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Releyendo a Maquiavelo


Enrique González Pedrero
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 120| Febrero 2014| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

González Pedrero, Enrique , "Releyendo a Maquiavelo" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Febrero 2014, No. 120 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=774&art=16005&sec=Art%C3%ADculos > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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A finales de 1513, Nicolás Maquiavelo escribe a su amigo Francesco Vettori una carta en la que le narra su actividad cotidiana y le comenta que acaba de terminar un “opúsculo” en el que reflexiona sobre el Estado. Se trataba de El Príncipe, una obra fundamental en el nacimiento de la ciencia política moderna sobre la que Enrique González Pedrero ha escrito el siguiente ensayo.

Tanto nomini nullum par elogium
Nicolaus Machiavelli

La vida política de Nicolás Maquiavelo no corrió con tanta fortuna como la sabiduría desplegada en sus libros. Tengo la impresión de que a él le habría gustado más tener éxito en la vida: ejercer el poder; contribuir prácticamente a la formación de Lo Stato; aplicar lo que sabía en la realidad de su tiempo: en suma, volver su conocimiento experiencia. Pero lo que no pudo realizar lo trasladó a sus escritos. El Príncipe es una suerte de gran fresco renacentista, donde la historia pasada, la presente y atisbos de lo que podía ocurrir juegan un papel central. Creo que no exagero si comparo la obra de Maquiavelo con las creaciones de sus contemporáneos: Botticelli, Miguel Ángel, Benvenuto Cellini, o ese otro personaje genial, Leonardo da Vinci.

Su actividad política se desarrolló en un periodo relativamente breve. Comienza su carrera el año de la muerte en la hoguera de Girolamo Savonarola, lo que nos lleva directamente a la tesis del “profeta desarmado”.

Es necesario, dice Maquiavelo (en el capítulo VI de El Príncipe),

examinar si estos innovadores se mantienen por sí mismos, o si dependen de otros; esto es, si para llevar a cabo su obra necesitan rogar, o verdaderamente pueden forzar. En el primer caso, rigen siempre mal y no conducen a cosa alguna; pero cuando dependen de sí mismos y pueden forzar, entonces raras veces peligran. De aquí nace que todos los profetas armados venzan, y los desarmados se arruinen. Porque además de las cosas dichas, la naturaleza de los pueblos es variable, y es fácil persuadirlos de una cosa, mas es difícil afirmarlos en esa persuasión; y por ello conviene estar preparado de modo que, cuando ellos ya no crean, se les pueda hacer creer por la fuerza. Moisés, Ciro, Teseo y Rómulo no hubieran podido hacer observar por mucho tiempo sus constituciones si hubiesen estado desarmados; como en nuestros tiempos sucedió a Fray Jerónimo Savonarola.

En 1498, es elegido secretario de la segunda cancillería de la República Florentina; en 1500, cumple con la primera legación en Francia; en 1502-1503 realiza sus legaciones ante César Borgia; en octubre-diciembre de 1503, su primera legación en Roma; en 1504, desempeña su segunda legación en Francia; en 1506, su segunda legación en la corte de Roma; en 1509, su tercera legación en Francia hasta el año de 1512, en que es depuesto de su cargo, cuando volvieron a Florencia los Médici. En el lapso que va de 1513, año de redacción de El Príncipe (que dedica a Lorenzo de Médici por razones obvias), a 1526, Maquiavelo se dedicó a escribir buena parte de su obra, hasta que ese mismo año retorna a la actividad, esta vez como canciller, hasta su muerte, en el año de 1527.
En 1531, se editan los Discursos y, en 1532, El Príncipe, junto con La vida de Castruccio Castracani de Luca. Este mismo año se publican también las Historias florentinas.

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Retrato de Nicolás Maquiavelo por Santi di Tito, segunda mitad del siglo XVI
©Wikicommons

omo lectores de Maquiavelo no podemos dejar de celebrar que haya aprovechado su tiempo, en y sobre todo fuera de la acción política, para volcar su conocimiento en los libros antes mencionados, que escribió en ese lapso. De haber tenido ocupación plena en ese periodo (lo que a él le habría encantado), no existiría buena parte de su obra o existiría como correspondencia a través de sus informes a la cancillería florentina, o en sus cartas privadas. Con este trabajo impresionante, Maquiavelo ejemplificó cómo la carencia de fortuna puede compensarse con virtú, adaptándose a las necesidades de los tiempos renacentistas y, a fin de cuentas, realizar en los libros lo que no pudo llevar a cabo en la práctica: “Porque es oficio del hombre bueno que el bien que por la malignidad de los tiempos y de la fortuna no haya podido realizar, deba enseñarlo a los demás, a fin de que siendo muchos otros capaces, alguno de entre ellos más favorecido del cielo, pueda realizarlo”.

Pero si la vida política de Maquiavelo, que fue relativamente breve, no corrió con mucha fortuna, en cambio su gloria —cuando prevalece la figura— y su fama —cuando perdura el nombre— no han dejado de crecer desde la escritura de El Príncipe en 1513, cuando empezó a circular en copias manuscritas entre los amigos.

Traductores recientes de Maquiavelo hacen una observación muy interesante a propósito de la estructura del libro:

Se trata —dicen— de un largo discurso sobre la técnica del mando. Entre capítulo y capítulo hay enlaces; en esta traducción se han respetado los puentes que Maquiavelo tendió entre ellos, así como los existentes entre párrafos separados por un punto y aparte, e incluso los separados por un simple punto y seguido. Esto discrepa de la moderna forma de escribir, pero más que presentar el material de una manera novedosa, se ha pretendido respetar la idea de unidad que aparece en el original… El texto italiano tiene un ritmo, el cual va de bajos a altos, de lento a molto presto.

Maquiavelo nació en Florencia el 3 de mayo de 1469. Su padre, abogado, tenía una bien surtida biblioteca. De ahí la lectura que hizo Maquiavelo de los clásicos en su juventud. De Lucrecio adquiere la idea de que la verdad se origina en la experiencia y no en autoridades previas o relaciones divinas. Uno de sus biógrafos comenta que cuando Maquiavelo componía su parodia poética El asno de oro, escribió a un amigo de Roma, donde sabía que vivía entonces Ariosto:

Hace poco he estado leyendo el Orlando furioso de Ariosto; y a decir verdad todo el poema es realmente magnífico y algunos pasajes son sublimes. Si lo ves, dale saludos de mi parte y dile que mi única queja es que, aunque menciona a muchos poetas, a mí me ignora como si fuera un indeseable. Lo que me ha hecho en su Orlando, yo no se lo haré en mi asno.

El biógrafo añade:

Esta combinación de gran elogio poético y estilo grosero da una idea del alcance y la complejidad del carácter de Maquiavelo. En sus retratos, el rostro, aun estando serio, parece tener la traza de una sonrisa, a la vez leve y de complicidad taimada y de algún modo cordial. Su aspecto enjuto revela austeridad, aunque se sabe que era el alma de la fiesta entre sus bullangueros amigos de juventud, que lo admiraban y respetaban como a un líder. En un juego de palabras con su nombre era apodado cariñosamente “Il macchia”, lo que tenía connotaciones de virilidad machista al tiempo que significaba “borrón” o “mancha”, es decir, que ya en esa época temprana era también una especie de granuja. Todos los datos apuntan a que, en el fondo, la amable personalidad de Maquiavelo escondía cierta perversidad subversiva.


   
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Enrique González Pedrero

Nació en Villahermosa, Tabasco, el 7 de abril de 1930. Político, diplomático, intelectual, escritor y editor. Realizó su licenciatura en Derecho en UNAM y la especialización en Sociología, Economía y Ciencia...


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