UNAM
NUEVA ÉPOCA NÚM. 120 FEBRERO 2014 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
Inicio   >>> Reseñas   >>>   Christopher Domínguez Michael

La epopeya de la clausura
El diario más bello de la literatura


Christopher Domínguez Michael
citar artículo
citar
NUEVA ÉPOCA | NÚM 120| Febrero 2014| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Domínguez Michael, Christopher , "La epopeya de la clausura. El diario más bello de la literatura" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Febrero 2014, No. 120 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=774&art=16016&sec=Rese%C3%B1as > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

PDF
aumentar letra disminuir letra
1 / 1

Untitled Document

Jules Renard murió en París, en 1910, a los 46 años, tras haber sido dramaturgo, político provinciano, alcalde de su pueblo y autor de uno de los libros más crueles que se han escrito sobre la infancia, Pelo de zanahoria (1894). Reconocido como quien modernizó la fábula con Historias naturales (1896), Renard ganó la posteridad con la publicación póstuma de su Diario en 1925. Es probable que el suyo sea el diario más bello de toda la literatura. Lo tiene todo: cumple con creces con la función documental que aquella época destinaba a los diarios, retratando a la Bella Época con una originalidad impresionista que no tienen sus maestros los hermanos Goncourt. No escatima chismes ni pequeñeces el Diario de Renard, quien estuvo lejos de ser un marginal: fundador del Mercure de France, dreyfussista militante, miembro de la Academia Goncourt, hombre de teatro ligado a la Comedia Francesa. Estaba en el ajo.

A la vez, el Diario es la gran manifestación de la comedia (o el drama interior) del escritor y en la pureza de su expresión Renard aparece deslumbrado por otra cosa, por la naturaleza y sus animales como no le ocurre a ningún otro moderno. Es urbano y es rural Renard, acaso el último testigo literario de ese contraste radical. Se decía —el dicho lo encuentro referido por Genaro Estrada, uno de los pocos mexicanos en ocuparse de Renard al prologar la traducción de sus Historias naturales en 1920— que había un Renard de invierno, el que se iba a París a escribir sus libros y el de verano, el buen ciudadano ateo, científico y racionalista que predicaba entre los campesinos de su pueblo las virtudes cristianas y socialistas de la democracia.

imagen
Jules Renard
©Wikicommons

La buena prensa crítica del Diario, en apariencia una rareza decimonónica ni naturalista ni simbolista, se debe a Jean-Paul Sartre, quien en 1945 le dedicó una típica pieza sartreana, es decir, la morfología de un fracaso (como los de Baudelaire y Flaubert, según Sartre) que se transforma en un elogio pertinaz. Sartre coloca a Renard en los orígenes de la literatura del siglo xx y lo equipara con Maurice Blanchot y con Georges Bataille por una serie de razones probablemente equivocadas, que tornan más curiosa la lectura del Diario. Dice Sartre (lo oiría uno hablando de Rulfo) que, por su vida campesina, en Renard la palabra está más cerca del silencio que de la frase.

Afirmaba Sartre que Renard no tenía mensaje que ofrecer (lo cual es mentira) y en esa afasia ideológica lo coloca como agonista de una época en la que la literatura burguesa se agotaba. ¿Por qué? Porque la novela realista había terminado de hacer el inventario del mundo, dice el filósofo. Renard aparece, fracasando, como un ancestro en esa rebeldía contra el lenguaje característica de la literatura contemporánea que para Sartre comienza con Rilke, Hoffmannsthal o Francis Ponge. Además, Renard fabricó su Diario como su obra maestra, lo pulió obsesivamente, lo hizo, artificialmente, parecer natural. Por ello lo aman tanto los lectores naturalistas como los de talante esteticista.

No se necesita mucha filosofía (ni demasiada crítica literaria) para rendirse ante el Diario de Renard, prolijo en simpatía, humor y mucha, mucha piedad, por el prójimo, por la belleza del mundo. El de Renard —él lo anticipa ante Mérimée— es un estilo seco que penetra en la corteza. Es fácil seguir apostando a que este Diario sobrevivirá a la idea misma de literatura moderna.

Jules Renard escribió, en su Diario, cientos de aforismos (o de microficciones, de greguerías, de sentencias) de las cuales comparto algunas con el lector. Las he tomado tanto del Diario impreso en la Colección Austral de Espasa-Calpe en 1952 como de Pensar no basta: sentencias y aforismos del Diario (1887-1910), publicado por Península en 1996. Las traducciones las hicieron, en el primer caso, Antonio Dorta y en el segundo, José-Manuel Martos.

† El hombre es un animal que levanta la cabeza al cielo y no ve las telas de araña del techo.

† Dios, aquel a quien todo el mundo conoce de nombre.

† Pensar es buscar claros en un bosque.

† No basta con ser feliz; es preciso también que los demás no lo sean.

† Cambiar frecuentemente el tipo de pluma; cambia la escritura y quizás un poco el estilo.

† El gato es la vida de los muebles.

† Tengo horror al crítico que es esclavo de su espíritu independiente y que, después de haber hecho el elogio de un primer libro, se cree obligado a ensañarse con el segundo y reserva a sus amigos sus peores azotainas.

† Puede que sea Mérimée el escritor que dure más tiempo. En efecto, se sirve menos que cualquier otro de la imagen, esa causa de la vejez del estilo. La posteridad pertenecerá a los escritores secos, a los estreñidos.

† No conocemos el más allá porque esta ignorancia es la condición sine qua non de nuestra vida. De la misma manera que el hielo no puede conocer el fuego sino a condición de fundirse, de desvanecerse.

† Escribir es una manera de hablar sin ser interrumpido.

† La certeza de no estar solo consuela también en un cementerio.

† El hombre verdaderamente libre es aquel que sabe rechazar una invitación a comer sin dar ninguna excusa.

† Lee todas las biografías de muertos ilustres y la vida te gustará.

† Dos hombres que no se conocen son capaces, por amor propio, de cruzarse en un desierto y no saludarse.

† Lamartine piensa cinco minutos y escribe una hora. El arte es lo contrario.

† Las estrellas. Hay luz en casa de Dios.

† Hay calles de mi pueblo por las que no he vuelto a pasar desde mi primera comunión.

† Para tener sueños ligeros duérmete con los ojos llenos de luna.

† Soy más capaz de una buena acción que de buenos sentimientos.

† Los amigos que queremos mucho y en quienes nunca pensamos.


   
    subir    

Christopher Domínguez Michael

Nació en la Ciudad de México el 21 de junio de 1962. Crítico literario, ensayista, historiador de la cultura y novelista. Estudió Sociología en la UAM–X. Se inició en el periodismo cultural a los 18 años,...


Leer más   »
Secciones de la Revista
Sitios de interés