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NUEVA ÉPOCA NÚM. 120 FEBRERO 2014 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Hugo Hiriart
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 120| Febrero 2014| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Hiriart, Hugo , "A través del espejo. Noticias" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Febrero 2014, No. 120 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=774&art=16024&sec=Columnistas > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Murió Nelson Ned, llamado Pequeño Gigante de la Canción, con justiciapues no pasaba de los tres pies y medio de estatura y ¿y quién se atreve a cantar desde ahí de manera convincente apasionadísimas canciones de amor? También murió Sam Berns, de 17 años. Su foto, que figura en el obituario, lo presenta como un extraño señor de unos cincuenta años. Si digo extraño señor es porque en la foto hay algo que no cuadra, algo raro, que no ajusta, pues se trata de un muchacho de 17 años que aparenta ya 50 años de edad. El desdichado Sam padecía una rarísima enfermedad llamada progeria que afecta a uno en ocho millones de nacimientos, y consiste en el envejecimiento precoz y rapidísimo del enfermo. Como si la frescura portentosa del niño la fuera devorando por envidia el demonio horrendo de la ancianidad.

Gavrilo Princip, quien disparó el tiro sobre el archiduque Francisco Fernando, fue sometido a juicio y hallado, por supuesto, culpable. Pero no pudo ser sentenciado a muerte porque era menor de edad, le faltaban sólo 27 días para alcanzar 20 años, edad límite para ser sujeto a la pena de muerte. Tampoco recibió la sentencia de 20 años de cárcel que hubieran podido aplicarle; en cambio se le acordó pena corta, pero en trabajos forzados severísimos. En el cumplimiento de esta condena contrajo tuberculosis y murió a los 22 años, en 1918 y en la fortaleza de Checa de Terezin, donde estaba recluido, que se haría tristemente célebre como campo de concentración nazi. Murió, pues, antes de que terminara la guerra que involuntariamente detonó con su balazo (es obvio que su voluntad no fue causar una guerra). Princip murió en el momento en que se libraba la batalla de Lis en la que los franceses, sacando brío quién sabe de dónde, porque estaban ya en las últimas, contuvieron la ofensiva alemana, y la guerra con esto dio un giro que condujo, vía la desmoralización del ejército alemán y la llegada masiva de tropas americanas frescas y bien pertrechadas, a la victoria de los Aliados.

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Hiroo Onoda en 1974
©AP

17 de enero de 2014. The New York Times. Murió a los 91 años Hiroo Onoda, segundo teniente, oficial de inteligencia adiestrado en tácticas guerrilleras. La especialidad es relevante pues fue la que hizo posible que sobreviviera 29 años en la selvática isla de Lubang. Se dice fácil, 29 años escondido en la selva de Filipinas (inmortalizadas por Salgari), selva de calor, ratas, ponzoña, moscos y otras cositas, porque no daba crédito a que la Segunda Guerra hubiera ya terminado.

Ahora bien, este voluntarioso Robinson Crusoe no estuvo solo, como se piensa inmeditamente, sino tuvo tres compañeros en la tan encarnizada como lunática obstinación. Tres soldados a sus órdenes. Pero los tres fueron dejándolo solo. Dos muertos a tiros por la policía de la isla, uno en 1954, el otro en 1972. Es preciso conjeturar que las autoridades filipinas se dieran a buscarlos en cuanto tuvieron noticia de su singular presencia, bien que sin celo, porque en 29 años no pudieron encontrarlos.

El tercero soldado desertó y se entregó al enemigo. ¿Cabe pensar que Onoda tuviera a los tres en la selva bajo amenaza? Son especulaciones, el caso es que no fue fácil que Onoda hiciera la paz. En Japón fue declarado muerto en 1954, pero un estudiante, Norio Suzuki, no creyó en su muerte y se lanzó con absurda, aunque afortunada intuición, a rastrearlo en la selva. Y dio con él. Onoda, no cree nada de lo que dice Suzuki e insiste en que está esperando órdenes. Suzuki vuelve, recopila toda clase de pruebas materiales de su dicho, fotos, periódicos, y demás y regresa con el material a tratar de convencer a Onodo. Pero por segunda ocasión no lo logra y es amenazado. Suzuki  vuelve a Japón y divulga su segundo fracaso. El gobierno imperial toma cartas en el asunto y envía una delegación que incluye al hermano del teniente y al que fuera su comandante en jefe en el ejército, quien le ordena que se rinda.

Onoda viaja a Manila y entrega su sable de guerra al presidente Marcos, quien le perdona los crímenes que realizó creyendo que aún estaba en guerra. Esto porque en su largos años de incredulidad Onoda y sus soldados, bien entrenados como estaban, dieron muerte a unos 30 filipinos.

Onoda, de 52 años, fue recibido como héroe en Japón. Fue examinado por doctores que lo encontraron admirablemente saludable. Dieta vegetariana y abstinencia de todo durante 29 años, es la receta. Se le acuerda una pensión militar y se le adelantan 160,000 dólares al firmar el contrato para que un negro, como se dice en España, o ghostwriter, como se dice en inglés, escuche su relato y redacte sus memorias: No Rendirse: Mi Guerra de Treinta años.

No es preciso señalar, creo, que Onoda reprobó con energía el materialismo de la sociedad de consumo, sin ideales ni de los suyos ni de otro tipo, en que ahora estaba sumido Japón. De ahí en adelante su vida pierde interés.

En febrero de 1945 el mayor Yoshimi Taniguchi en la hora trágica de la derrota dio a Onoda las órdenes finales: Resistir y pelear. Y añadió: Puede tomar tres años, puede tomar cinco, pero pase lo que pase vamos a volver y te venimos a recoger.   

Y Onoda hizo caso.


   
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Hugo Hiriart

Nació en la Ciudad de México el 28 de abril de 1942. Narrador, dramaturgo, guionista y ensayista. Estudió filosofía en la FFyL de la UNAM. Ha sido director y productor del Teatro Santa Catarina y director...


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