UNAM
NUEVA ÉPOCA NÚM. 120 FEBRERO 2014 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
Inicio   >>> Columnistas   >>>   José de la Colina

La página viva
El abismo de unos ojos azules


José de la Colina
citar artículo
citar
NUEVA ÉPOCA | NÚM 120| Febrero 2014| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

de la Colina, José , "La página viva. El abismo de unos ojos azules" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Febrero 2014, No. 120 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=774&art=16029&sec=Columnistas > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

PDF
aumentar letra disminuir letra
1 / 1

Untitled Document

La gente aparece en sus ojos, la gente suele estar en sus ojos, y ella desaparecía en ellos, estaba en todo su cuerpo menos en sus ojos. Me escabullí al baño, cualquier cosa, y salí del baño con sudor en la frente, corrí a la mesa donde servían las cubas, me tomé una casi de un trago, y vi a lo lejos los ojos, otra vez las piedras, los alfileres, los hielos, el vacío, el precipicio, todas esas cosas sobre ella, buscándome, como seres extraterrestres adueñados de su rostro, de su cuerpo, de sus humanas intenciones de ligarme, algo sobrehumano, perverso. De solo imaginarlos en la oscuridad, encima o debajo de mí, como fuera, me recorrió un largo escalofrío de solo imaginar la posibilidad de dar un beso con sus ojos mirándonos como dos intrusos.

Pero también me pareció espantoso confesar el terror que estaba sintiendo, y no quería pasar por loco ante nadie, ni siquiera ante una desconocida. Llamé a la anfitriona aparte, le expliqué un agudo malestar físico y soporté con paciencia los ofrecimientos de remedios, de que me acostara en su cuarto, solo pensando en hacerlo y que sus ojos llegaran a asaltarme. No, le dije, creo que mejor me voy a mi casa. Y alegué malestares malolientes, desagradables, que finalmente lograron que mi anfitriona me dejara ir sin despedirme de nadie, respirar en la calle el aire de la noche que era tibio, perfumado, y el olor de las acacias del jardín de enfrente.

Pero ya en mi casa, estando dormido, sonó el teléfono y eran sus ojos, quizás ella, para saber si me sentía mejor, si quería que fueran a cuidarme.
Ana García Bergua
El limbo bajo la lluvia
Cuentos reunidos. Textofilia, México, 2013.

* * *

La obra narrativa de Ana García Bergua (nacida en México D. F., 1960) puede ser adjetivada de simultáneamente humorística y fantástica. Un triple mestizaje que en pocos escritores suele ser afortunado y que para ella sí lo es, tanto en los cuentos como en las novelas y en las juguetonas prosas periodísticas en las que gregueriza con una ironía alegre.

imagen
Ana García Bergua
©Páginas de Espuma

Ana García Bergua es, entre los talentosos autores nacidos en México en los años sesenta, uno de los que por su modo de ejercerse en lo que me gusta llamar el arte de Sherezada me han seducido como lector. Hasta puedo decir a partir de qué momento, de cuál página, de cuál línea, ocurrió por primera vez esa seducción.

Fue a partir de la línea aparentemente no muy extraordinaria, pero que ya de salida del relato, es una ruedecilla maestra en el “mecanismo” de este:

“Pero ya en mi casa, estando dormido, sonó el teléfono y eran sus ojos […]”.

La frase recortada es del párrafo final de un cuento enumerativa y desviadoramente titulado “Las piedras, los alfileres, los hielos, el vacío, el precipicio”, a cuyo protagonista, que a la vez es el narrador interior, lo inquietan, atemorizan, angustian los ojos claros (porque “en realidad no sé quién me mira detrás de los ojos azules”). La autora pudo usar el modo explicativo de un narrador convencional: “sonó el teléfono, tomé el auricular y al oír su voz imaginé sus ojos”, pero, como debe haber intuido que eso dejaría muy plano el relato, introdujo una elipse como la llave para una puerta. Con ello dio al texto un giro vertiginoso e insinuó una prolongación en la historia fantástica de una mirada enviada por teléfono.

Esa es una de las muchas sutilezas que suelen darse en los cuentos y novelas de inquietud y sonrisa de García Bergua gracias a una intuición poética subyacente a la mera narración.

En cuanto a la intuición humorística de Ana, no citaré sino un párrafo de viva y turbia sensualidad de su muy entretenida novela La Bomba de San José. Es un momento en el que la protagonista, una esposa simpática y “correcta” pero inconforme con la mera condición de ama de casa, es besada por su marido, un hombre juerguero, un cinéfilo, un iluso Don Juan, y ella siente otra especie de vértigo, esta vez de orden muy sensorial y referencialmente cinefílico: 

“Después me besó apasionadamente: sabía a tabaco y a vermouth. Cuando me besaba así yo me perdía, me ganaba la voluntad completamente, como a esos zombies de las películas”.


   
    subir    

José de la Colina

Nació en Santander, España, el 29 de marzo de 1934. Ensayista, narrador y periodista cultural. Tras el término de la guerra civil pasó con su familia a Francia, Bélgica, Santo Domingo, Cuba y finalmente a...


Leer más   »
Secciones de la Revista
Sitios de interés