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NUEVA ÉPOCA NÚM. 125 JULIO 2014 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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José Revueltas:
La verdad es siempre revolucionaria, no importa de dónde surja


Ignacio Solares
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 125| Julio 2014| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Solares, Ignacio , "José Revueltas:
La verdad es siempre revolucionaria, no importa de dónde surja" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Julio 2014, No. 125 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=779&art=16237&sec=Art%C3%ADculos > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Uno de nuestros mayores pecados ha sido el de la simplificación: creer en fórmulas psicológicas, filosóficas, políticas o religiosas, que supuestamente lo solucionen todo. Los hechos quedan reducidos a un simple complejo de Edipo, a un compromiso político, a una ceremonia religiosa. Y mientras mayor sea la simplificación, mejor, más cómodo el resultado: el realismo socialista, la bolsa de valores de Wall Street o Skinner.

De la obra de José Revueltas se podrían citar varias frases a este respecto. “¿Qué va a ocurrir? —se pregunta un personaje de Los muros de agua—. Algo real. Espantosamente real, imposible de programar”. Y otro del mismo libro, que es descrito como “una persona espantosamente despierta”. En El luto humano habla de “un fantasma que despertó a alguien de su sueño político”, o de “esa tierra dolorosa de tan deslumbrante”. Todo es lucha encarnizada, aun con lo eterno. En Dormir en tierra dice de un personaje: “Hubiese querido romper algo, destrozar algún objeto, alguna materia eterna, resistente hasta la eternidad, pero que él podría convertir en polvo a puñetazos, a dentelladas”. Y todo es doloroso, hasta la piedad: “Esta cólera, esta rabia, este odio que sentía hacia su piedad, la cólera de que algo le hiciera sentir dolor por otro, por un semejante, por otro perro podrido como él”. Y todo es sueño y muerte: “Éste de la tierra comenzaba a ser su otro mundo. Miraría este mundo de los vivos como el verdadero mundo de los muertos y al dolerle el cuerpo, con un dolor que llegaría hasta la muerte, él, el muerto, habría resucitado”. El dolor como única redención, aunque sólo sea para ganar el infierno: en “La frontera increíble”: “Testimonio, cuerpo mío, duéleme, que eres mi último sufrimiento antes de que me entregue al sufrimiento puro, al que no tiene principio ni fin, ni mezcla de alegría ni de esperanza”.

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José Revueltas
©Rogelio Cuéllar

José Revueltas vive en un pequeño departamento en la avenida Insurgentes, frente al cine Manacar, atiborrado de libros. En las paredes, como único adorno, reproducciones de Modigliani y de Van Gogh. El escritor tiene un rostro pálido y hundido donde sólo brillan los ojos, y una barba de chivo que acaricia con delectación. Acaba de salir del sanatorio, en donde estuvo internado por una grave enfermedad de la que empieza a reponerse.

Tienen sus ventajas los sanatorios —dice—. Las visitas se van rápido y uno puede leer y pensar cuanto quiera. Por desgracia, el único sitio en donde se puede concebir la literatura es en la soledad, y cada vez tiene uno menos oportunidad de estar solo.

 

¿Qué leyó en el sanatorio?

He leído con verdadera avidez la obra de Heinrich Böll. ¡Qué escritor! Creo que de los actuales, él y Solyenitzin son los que más me gustan.

 

Ya que mencionó a Solyenitzin, ¿por qué no empezamos hablando de él?

Le guste o no le guste a la izquierda radical, de Solyenitzin sólo se pueden decir elogios, tanto en lo literario como en lo político.

 

Empecemos por lo literario.

Literariamente, Solyenitzin es un gran heredero de sus paisanos Tolstoi y Dostoievski. No es de este tiempo y, por lo mismo, es profundamente actual. Con pocos escritores vivos como con él se puede tener la plena seguridad de que será un clásico. Pero mucho me temo que este escándalo alzado en torno a él le ha hecho más daño que bien. Sobre todo porque la mayoría de los que lo critican no lo han leído. Y habría que leer toda su obra para entender en qué contexto está enclavado su último libro, Archipiélago Gulag. Imposible separarlo de El primer círculo o 1914, sus obras anteriores más importantes.

 

¿Por qué esa hostilidad de una parte de la izquierda hacia él?

Era inevitable. Le repito que el mayor problema es que no lo han leído. Sólo ven cómo lo ha utilizado el imperialismo para llevar agua a su molino. Y entonces, en un perfecto sofisma, Solyenitzin resulta un reaccionario. Pero la verdad es siempre revolucionaria, no importa de dónde ni cómo surja. Solyenitzin tenía que decir su verdad y esa verdad, de una u otra forma, dentro de este o cualquier otro sistema político, nos alimenta a todos.

 

Él parece estar más preocupado por problemas religiosos que directamente políticos.

Qué importa. Todo es parte de lo mismo. También Tolstoi y Dostoievski estaban preocupados, sobre todo, por problemas religiosos, y sin embargo pocos como ellos nos han ayudado a comprender el mundo. La diferencia es que, además, Solyenitzin tiene razón en lo que dice sobre la situación actual de su país, producto del estalinismo. Si uno lee a Solyenitzin enseguida siente cuánto ama a su país, por qué no quería salir de él. Pero si uno lo dice, parece una afirmación banal, cursi, lanzada al aire sin ninguna base. Ese es el problema de los escritores: que están sobre todo en sus libros, y ahí hay que ir a buscarlos antes que en ninguna otra parte.

 

Se dice que Solyenitzin plantea sólo los hechos, pero no los analiza, no los enclava en el contexto en que surgieron.

Una verdad siempre vale por sí misma. La obligación primera del escritor es decir esa verdad. Ya después el politólogo, el sociólogo, pueden venir a enclavarla donde quieran. Lo que sucede es que ciertas verdades rompen los esquemas cerrados de los politólogos y los sociólogos y no les queda más remedio que lanzarse contra ellas. Si el estalinismo fue lo que dice Solyenitzin, hay que proclamarlo así. Punto. De ahí deben partir nuestros análisis. De otra forma sería tanto como pedirle a Tolstoi que en La guerra y la paz hubiera hecho, además, un análisis histórico de las guerras napoleónicas.

 

Y volviendo a esa rama de la izquierda de que hablábamos antes, ¿qué sucede con ella?

Sucede que es una izquierda dogmática, falsamente ortodoxa, sin sensibilidad. Dice, por ejemplo: “La guerrilla es la única solución”. Y resulta que actualmente —y desde hace tiempo— la guerrilla no es ninguna solución. O dice: “La violencia es inevitable para alcanzar el poder”. Y entonces venga a justificar cualquier acto de violencia con tal de que aparentemente esté a favor de la revolución. Me temo que así, a través de dogmas inquebrantables, no se llega a ninguna parte. En el fondo, quizá sin darse cuenta, todos esos que atacan a Solyenitzin están a favor del realismo socialista. Y hay que ver lo que produjo el realismo socialista: el inmovilismo más antirrevolucionario. Resulta contradictorio, pero Dostoievski, a pesar de ser un reaccionario —él sí—, a pesar de su obsesión religiosa, nos enseña más sobre el mundo que todas las obras del realismo socialista juntas.

 

¿Por qué suponer que la literatura posee la verdad?

Yo no diría que posee la verdad. Lo que sucede es que la busca donde debe buscarse: en el fondo del hombre mismo. Dialécticamente la verdad es inalcanzable, y por eso la literatura será la eterna rebelde, no importa dentro de qué sistema social.


   
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Ignacio Solares

Nació en Ciudad Juárez, Chihuahua, el 15 de enero de 1945. Narrador, dramaturgo, ensayista, periodista y promotor cultural. Estudió en la FFyL de la UNAM. Ha sido profesor de la FCPyS; coordinador de...


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