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NUEVA ÉPOCA NÚM. 125 JULIO 2014 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Edward Bizub
Por el camino de Proust


Hernán Lara Zavala
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 125| Julio 2014| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Lara Zavala, Hernán , "Edward Bizub
Por el camino de Proust" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Julio 2014, No. 125 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=779&art=16239&sec=Art%C3%ADculos > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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El académico suizo-estadounidense Edward Bizub ha visto traducida al español su ambiciosa investigación Marcel Proust y el yo dividido, un estudio de En busca del tiempo perdido, la magna obra de Marcel Proust, como el “crisol de la psicología experimental” en el periodo que va de 1847 a 1914. Dos acuciosos lectores, Hernán Lara Zavala y Bruno Estañol, saludan la importancia de este libro.

 

Es para mí un gran honor participar en esta presentación de lo que me parece un libro excepcional que tiende un maravilloso puente entre la ciencia y la literatura. Y más aún cuando están presentes el autor del libro, Edward Bizub, el traductor, neurólogo y escritor Héctor Pérez Rincón y dos colegas, Bruno Estañol, neurólogo, escritor y especialista en lo que ocurre en la mente del escritor, y mi colega de la Facultad de Filosofía y Letras, la doctora Luz Aurora Pimentel, especialista en la obra de Marcel Proust a la que ha dedicado buena parte de sus cursos durante los últimos años. Me encuentro pues entre varios nutridos y potentes fuegos.

Hace ya algún tiempo Bruno Estañol tuvo a bien invitarme a dar una breve charla en un congreso a la que titulé “La creación literaria para neurólogos”. Mi intervención, de quince minutos, era sumamente modesta y nada rigurosa en relación con las científicas y bien documentadas ponencias de diversos médicos e investigadores. Se trataba de hablar de mi experiencia personal en torno al proceso de la creación literaria.

La pregunta de por qué, cómo y para quién se escribe surge con frecuencia en las entrevistas y encuestas a los escritores. Las respuestas nunca son ni iguales ni totalmente convincentes. Algunos afirman que escriben para la gente, otros para trascender el aspecto contingente de la vida, unos más porque no podían o no querían hacer otra cosa en la vida o, todavía más audaces, porque querían escribir el libro que nunca habían encontrado para leer. Lo cierto es que escribir, como casi cualquier otra actividad artística, se encuentra estrechamente vinculada con una suerte de narcisismo, con nuestra personalidad que nos obliga, primero, a identificar nuestro ego y nuestras inclinaciones estéticas y a ser conscientes de ellas y, luego, a la necesidad de manifestarlas, de sublimarlas para dar cauce a una vocación so riesgo de sucumbir a la amargura, a la frustración o al olvido de uno mismo.

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La investigadora y neuróloga Alice W. Flaherty escribió un libro titulado The Midnight Disease (“La enfermedad de media noche”) para tratar de explicarse lo que motiva la mente de un escritor y lo convierte en una mente creativa. “La escritura es uno de los mayores logros del ser humano”, afirma la doctora Flaherty, y luego añade: “la mente que escribe es también el cerebro que escribe”. Y luego añade: “¿Cuáles son las fuentes de la imaginación? ¿Y cómo la neurociencia y la literatura abordan el problema de qué es o qué motiva a algunas personas a escribir?”.

Estas incógnitas, que han ocupado también la mente de eminentes neurólogos e investigadores, son el motivo principal de la obra que hoy nos ocupa y que está centrada en la figura egregia del novelista Marcel Proust.

En 2013 se conmemoraron cien años de la aparición de Por el camino de Swann y es interesante notar, como lo apunta el doctor Pérez Rincón en el prólogo, el parangón que existe entre los descubrimientos freudianos sobre la división del yo y los descubrimientos proustianos que le van permitiendo a lo largo de la novela integrar su yo y recuperar el tiempo perdido. Este cruce entre la neurología, la psicología y el arte de la novela es lo que constituye el meollo de este fascinante libro.

Bizub hace explícito el descubrimiento de Proust en cuanto a que en su gran obra hay dos memorias total o parcialmente distintas (la memoria voluntaria y la memoria involuntaria) que, en ocasiones, logran unirse en un breve instante de revelación a través de un sabor, de un olor o de un objeto que es donde se ubica la clave de toda la novela. La gran aportación que hace el libro del doctor Bizub es establecer una comparación entre la historia de casos clínicos famosos sobre la escisión del yo y los momentos clave de En busca del tiempo perdido en donde la memoria involuntaria le permitirá a Marcel, el protagonista, hacer emerger su otro “yo”, y así nos muestre la “colección de momentos” que le permitirán al protagonista que aflore el “yo profundo del escritor”.

El también novelista y dramaturgo irlandés Samuel Beckett identificó once “Momentos privilegiados” en la obra de Proust que consigna el doctor Bizub, entre los que se incluyen los más conocidos para los aficionados a la gran novela, como la magdalena remojada en té, pasando por el tropezón en los adoquines del palacete de la duquesa de Guermantes y el roce de la servilleta almidonada con la que Marcel se limpia la boca en una de las cenas de la novela. Estos once “momentos privilegiados” se encuentran asociados con algún objeto material que es el que desencadena la memoria involuntaria y provoca la resurrección inconsciente del personaje para que pueda medir en su verdadera dimensión la importancia de esos momentos aparentemente intrascendentes.

En este sentido me parece interesante hacer una pequeña digresión y comparar las similitudes y diferencias que existen entre Marcel Proust y el otro gran innovador de la novela, James Joyce.

Años después de la aparición de En busca del tiempo perdido, James Joyce formuló su teoría de la “epifanía” como la “revelación súbita” de un instante capaz de iluminar una experiencia. En ambos casos, el de los “momentos privilegiados” de Proust, como en el de las “epifanías” de Joyce, los objetos adquieren un carácter simbólico y están determinados por el azar. Pero mientras en Proust “el momento privilegiado” remite a una suerte de resurrección o a la emergencia del otro “yo”, en Joyce conduce a una revelación de una verdad íntima que puede afectar indistintamente al personaje y al lector o, simplemente, quedar como una imagen que cierra el cuento y que simultáneamente le da el giro final. Pero tanto en Proust como en Joyce se prueba, por vía de la intuición artística, que el inconsciente está dotado de una voluntad independiente de la del ego.

Todo este amplísimo estudio pormenorizado de la obra narrativa de Proust está cotejado con diversos descubrimientos de orden médico experimental en donde se habla de otras experiencias interesantes de la vida real como el sonambulismo, el hipnotismo, la metempsicosis, el fetichismo y los mitos externados en las leyendas y creencias celtas.

Particular importancia ocupa en el cuerpo del texto de Bizub los experimentos realizados por el padre del escritor, el doctor Adrian Proust, que seguramente influyeron en la obra de su hijo, así como los extraordinarios descubrimientos de Sigmund Freud de la relación entre el ego, el superego y el id, que seguramente influyeron para establecer un nexo ente el deseo sexual y la religión, así como entre lo sagrado y lo erótico.

La segunda parte del libro trata sobre la constante depresión espiritual que sufría Proust y que se le manifestaba sobre todo como un problema asmático, así como sobre los diversos remedios a los que recurrió para curarse. Un momento decisivo en la vida de Proust que consigna el doctor Bizub fue la muerte de la madre. Es tal vez el golpe emocional más severo que sufriera el escritor en su vida y el cual lo lleva a postergar el proceso de creación de su obra sin sospechar que en la escritura estaba la única posibilidad de encontrar a su otro yo y, con él, a la voz creadora que lo redimiría.

Como bien lo apunta Bizub el inconsciente, la enfermedad, la represión, los celos, el voyerismo, el sadomasoquismo, la memoria voluntaria e involuntaria y la búsqueda de la vocación constituyen el corazón de la novela. Y, acaso, el aspecto más interesante del doctor Bizub es la indagación que emprende por los diversos experimentos médicos realizados durante el siglo XIX para buscar las causas de neurosis, paranoias, esquizofrenias e histerias hasta llegar a los descubrimientos de Freud, todo ello en paralelo con la experiencia literaria y personal de Marcel Proust. Lo que queda claro es que en el siglo XIX ya se había intuido médica, psicológica y literariamente el rechazo a la idea del yo como algo sólido, monolítico e indivisible, y así se refleja desde que Stevenson escribiera Strange Case of Dr Jekyll and Mr Hyde, libro que, por cierto, leyó y admiró el propio Proust y con el que seguramente encontró alguna afinidad e inspiración.

Marcel, el protagonista de En busca del tiempo perdido, debe recorrer, mediante un ejercicio de la memoria, los principales aspectos de su vida para poder hallar esos “momentos privilegiados” que vivió con un “yo dividido” para, finalmente, dar con su verdadero “yo integrado” al identificar las vivencias que lo dotaron de una sensibilidad única y lo formaron como escritor. No es sino al repasar toda su experiencia y verla en perspectiva que puede asumir su vocación. Pasa del tiempo perdido al tiempo recuperado y, al aceptar que ya puede empezar a escribir su novela, invita también al lector a convertirse en lector de sí mismo para realizar un estupendo viaje a través de la memoria, la enfermedad y la imaginación.

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Edward Bizub, Marcel Proust y el yo dividido. En busca del tiempo perdido: crisol de la psicología experimental (1847-1914), Palabras y Plumas Editores, México, 2013, 444pp.


   
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Hernán Lara Zavala

Nació en la Ciudad de México el 28 de febrero de 1946. Narrador, ensayista y editor. Estudió la Maestría en Letras en la FFyL de la UNAM e hizo estudios de posgrado en la Universidad de East Anglia,...


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