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NUEVA ÉPOCA NÚM. 125 JULIO 2014 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Marcel Proust
El aventurero sedentario


Bruno Estañol
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 125| Julio 2014| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Estañol, Bruno , "Marcel Proust
El aventurero sedentario" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Julio 2014, No. 125 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=779&art=16240&sec=Art%C3%ADculos > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Si Marcel Proust no hubiera nacido nadie hubiera podido inventarlo. Su obra, insólita, desmesurada y acaso interminable ha merecido el estudio y la reflexión de muchos autores y críticos. Su personalidad y su método de trabajo siguen siendo enigmáticos y desconcertantes. Algunas ideas que él expresó en cuanto a su método para recordar y plasmar el recuerdo siguen siendo hoy muy discutidas. La obra de Edward Bizub: Marcel Proust y el Yo dividido. En busca del tiempo perdido: crisol de la psicología experimental (1874-1914), es uno de los intentos más inteligentes y originales para comprender, acaso en  parte,  la obra de Proust. Bizub ha escrito un libro sorprendente para estudiar la inagotable obra de Proust. La traducción y notas de Héctor Pérez Rincón añaden una sorprendente fuente de reflexión. Inicia el libro describiendo el ambiente médico y las ideas psicológicas prevalecientes durante la época que vivió Marcel Proust. Esa época es un capítulo casi olvidado de la psicología médica y de la psicología experimental. Aparece la hipnosis como un fenómeno psicológico sorprendente, pero capaz de ser estudiado y que es ejercida por los neurólogos y psiquiatras en París por Jean Martin Charcot y en Nancy por Bernheim. Los conceptos abstrusos de Mesmer y del magnetismo animal han quedado atrás, y hay una actitud realmente científica para estudiar estos fenómenos ciertamente insólitos. Aunque sea una época anterior a Freud, el concepto del inconciente se está ya desarrollando en la obra magnífica de Pierre Janet. El tío de Pierre Janet y el padre de Marcel Proust, Adrien Proust, también están interesados en estos fenómenos, como la hipnosis, en que la conciencia o el Yo se dividen y el individuo no recuerda nada de lo que pasó durante el estado hipnótico. El fenómeno de la sugestión también es estudiado con gran interés. Jean Martin Charcot se interesa por el fenómeno disociativo en la histeria y su paciente predilecta, Blanche Whitman, le sirve para demostrar la disociación ante una audiencia atónita. Aparecen también los psicólogos experimentales que están interesados en crear pruebas para medir la inteligencia y otros aspectos de la personalidad, como Alfred Binet. En el libro de Edward Bizub se describen también los fascinantes y primeros casos clínicos de personas con personalidad disociada o doble. Estos casos estaban casi olvidados y el estudio renovado de ellos es un gran mérito de éste. Ante nuestros atónitos ojos hace desfilar un grupo de pacientes con personalidad múltiple. Inicia con el caso de Félida y sigue con otros casos igualmente desconcertantes. También hace un análisis de El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde. Esta maravillosa novela de Robert Louis Stevenson es tanto más enigmática cuando uno aprende que su autor la soñó que es otra forma de disociación. Finalmente, Bizub se concentra en el misterio de la personalidad creadora de Proust. Algunos datos pueden ser de interés para entender su personalidad: 1) Proust fue un enfermo crónico; el asma le comenzó a los nueve años de edad y a lo largo de su vida sufrió numerosos ataques que lo convirtieron en un semi-inválido con lo que técnicamente se llama ahora enfermedad pulmonar obstructiva crónica; 2) Proust tuvo un interés genuino en la hipnosis, la histeria, los sueños y en los casos de personalidad dividida, y seguramente tuvo conversaciones sobre el tema con su padre el doctor Adrien Proust, quien también tenía un  gran interés en este tipo de fenómenos. Adrien Proust asistió a las famosas lecciones del martes del neurólogo parisino maestro de Freud, Jean Martín Charcot, quien fue el primer profesor de neurología en Francia; 3) Proust se convirtió en un recluso durante los últimos 17 años de su vida y tapizó las paredes de su cuarto de corcho para atenuar o eliminar los ruidos de la calle y de otras partes de su casa. Tampoco recibía visitas y era sólo atendido por una mujer llamada Celeste que era su mucama, cocinera y cuidadora; lo atendía en todos sentidos. Esta reclusión, parecida a la de los eremitas cristianos del Medioevo, yo la veo como enigmática; 4) en repetidas ocasiones Proust sintió que otra persona distinta a su Yo normal era la que escribía por él; en esto no se distingue de otros escritores que invocan a la musa o que alguien le dicta sus obras, es parecida a la escritura automática de los surrealistas y también a la autohipnosis y al fenómeno de escribir bajo la influencia de ciertas drogas; 5) concibió la idea que la ”memoria involuntaria” la que se imponía de manera automática, como si alguien le dictara, era el verdadero “momento fecundo” de su literatura; la búsqueda de estos momentos caracteriza a su obra y en verdad puede ser la fuente de toda literatura; 6) estuvo internado seis semanas, a cargo del neuropsiquiatra Paul Sollier, en un hospital psiquiátrico, pensando que su enfermedad tenía un origen psíquico y que este tipo de tratamiento sería útil para él. No se sabe si se internó para mejorar su salud o simplemente para seguir escribiendo.

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Marcel Proust fotografiado por Otto-Pirou, 1902
©Wikicommons

De principio, el libro de Edward Bizub me ha provocado más preguntas que respuestas y esto siempre me ha pasado con los libros que he encontrado más entrañables.

Bizub empieza con la descripción de varios casos de personalidad escindida o dividida. Personas que, mientras detentan una personalidad habitual que todo mundo les conoce, son completamente distintas cuando tienen su personalidad doble o diferente. Durante los episodios de escisión del Yo son sociopáticos o criminales, y en esto, cuando están inmersos en su personalidad distinta se parecen al señor Hyde. Hay personas que asumen por completo esta personalidad y ya no regresan a la personalidad habitual anterior. Prefieren quedarse con la nueva. Tal es el caso de la novela del suizo Max Frisch: Yo no soy Stiller. Stiller niega ser quien antes fue a pesar de hablar el alemán suizo y ser reconocido por su antigua esposa y amigos. Afirma ser un norteamericano que ha vivido en México y en el execrable Bowery de Nueva York. Bizub pasa revista a los casos que se reportaron a fines del siglo xix y evoca la presencia de los médicos que estudiaron a estos pacientes y, sobre todo, hace un recuento detallado de las personas que fueron estudiadas por personalidad escindida o doble. Los grandes alienistas, neurólogos y psicólogos aparecen en la escena. Marcel Proust fue un ávido estudioso de este tipo de casos y un incansable explorador de los avances de la psicología experimental de su época. Los datos consignados son de gran interés para entender desde un ángulo distinto del usual la personalidad creativa de Proust.

Quisiera hablar sobre cosas que me han intrigado de Proust desde hace muchos años. Los dos temas a los que me quiero referir son su reclusión voluntaria y la segunda una frase de Los placeres y los días que usé como epígrafe en un libro de relatos que escribí hace varios años.

¿Por qué se recluyó Proust? Varias posibilidades surgen y ninguna satisface: la primera posibilidad es que se haya recluido como muchos enfermos crónicos, ya sea por fobia social o por alguna otra fobia intensa tipo agorafobia, con miedo a tener ataques de asma al salir a la calle; esas serían explicaciones psicológicas. Otra explicación psicológica es que haya desarrollado una adicción a la escritura, la grafomanía o hipergrafía. Esta adicción es probablemente más común de lo que se cree como lo describió en ella misma la neuróloga de Harvard, Alice Doherty, en su libro: The Midnight Disease. En el caso de una adicción de este tipo la persona adicta sólo encuentra placer en practicar como adepta el objeto de su adicción: la escritura. La tercera explicación es neurológica o médica: un trastorno severo del sueño: Proust dormía de día y escribía de noche. De día no podía salir a ningún lado. Su encuentro con Joyce en un restaurante, a la media noche, es muy ilustrativo. Joyce llega, un poco borracho, y se duerme sobre la mesa. No hablan nada. Proust dice: “es lógico, él está terminando su día y yo apenas lo estoy empezando”. Ninguno de los dos había leído al otro. El trastorno del sueño es obviamente un trastorno del ciclo del sueño, pero también pudo haber tenido apnea obstructiva del sueño que es común en los pacientes con enfermedad pulmonar obstructiva crónica, quienes tienen hipersomnia diurna y dormitan en el día. Proust escribió siempre acostado. Parece que otro que escribió siempre acostado fue Juan Carlos Onetti el gran narrador uruguayo y contrasta con aquellos que siempre escribieron de pie, como Ernest Hemingway.  La cuarta explicación es más humana y tiene que ver con la literatura como vocación incurable y el deseo enorme de hacer una obra que perdure. En varias ocasiones Proust se preguntó a sí mismo: “¿Es que yo soy un novelista?” Al asumirse como novelista y como enfermo crónico, se encierra a terminar una obra de grandes dimensiones, acuciado por el miedo de morir antes de haberla terminado. Prefiero esta explicación a las otras aunque no tenga la certeza de ella. Sea como fuere, la reclusión muy probablemente ayudó a Proust a realizar su dilatada obra narrativa. También muestra que la tolerancia a la soledad es una característica de la personalidad de las personas creativas. Sin embargo, esta soledad casi absoluta implica un sacrificio muy grande y una renuncia a muchas cosas: amistades, relaciones amorosas, viajes, comidas, etc., para lograr esa obra a la que se considera condenado.

¿Condenado? ¿Realmente Proust quería recordar su vida, quería reconstruir “in mente” su vida? Vale la pena mencionar que existen diferentes tipos de memoria: una memoria de procedimientos como tocar un instrumento, conducir un auto o una bicicleta y una memoria explícita o declarativa que depende del lenguaje para expresarse y que se ha separado en memoria semántica o de conceptos y la memoria episódica o memoria biográfrica. De la memoria episódica o biográfica es de lo que habla Borges en Funes el Memorioso. Un ser humano capaz de recordar todos los momentos de su vida. Recientemente se ha publicado el caso de una persona llamada JC, una mujer que puede recordar todos los momentos de su vida (Parker). Este caso clínico es similar a Funes el Memorioso de Borges, pero muy diferente de la novela río de Marcel Proust. Tal vez nos dice que existen casos con memoria autobiográfica prodigiosa. No nos dice mucho sobre la memoria involuntaria a la que Proust era adepto ni tampoco a aquellos con memoria para palabras y quizá para recordar historias. Tal vez, como en los narradores orales, de Las Mil y una noches existan personas con memoria para narrar historias o memorias para recordar palabras, como el caso de Borges, o números o tal vez notas musicales como el caso de Mozart. La memoria declarativa puede tener otras propiedades además de la memoria semántica o de conceptos como la que tienen los filósofos o fisiólogo y la memoria autobiográfica descubierta por Borges. Proust no quiere recordar todos los momentos de su vida sino, sólo aquellos a los que considera que tienen un significado para él. Este significado generalmente es de tipo emocional. Esta emoción es tal vez lo que mantiene al lector atento a la narración de los hechos. Su primera memoria es la del beso que su madre le da todas las noches y que el niño ansiosamente espera. Ese recuerdo le viene al tomar el té con la madeleine. Esa ansiedad de la separación es acaso la marca de toda la obra de Proust.

La frase de Proust que me interesó hace varios años y que él publicó en uno de sus primeros libros: Los placeres y los días y que fue prologada por el escritor satírico, autor de La Isla de los pingüinos y que puse en mi primer libro de relatos, dice así:

“La ambición embriaga más que la gloria. El deseo florece; la posesión marchita todas las cosas. Es mejor soñar la vida que vivirla; aunque vivirla sea también soñarla aunque con el sueño pesado de los animales que rumian”. La frase clave: es “mejor soñar la vida que vivirla” nos remite al hecho de que estamos leyendo una ficción y no un recuerdo autobiográfico transformado por las palabras y la memoria declarativa. Vivir la vida también es soñarla frase que nos lleva a Calderón y a una dilatada literatura. Si Proust no hubiese muerto hubiese seguido escribiendo porque la ambición embriaga más que la gloria y la posesión marchita toda las cosas. La literatura y toda actividad artística en el verdadero creador no tienen fin. Tal vez toda à la recherche… sea soñada o inventada más que recordada. Es reconocido que la mayoría de los personajes de Proust están camuflados o distorsionados.

Mediante el sueño y la imaginación se ha creado una nueva vida y, al mismo tiempo, se ha convertido en un gran escritor.


   
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Bruno Estañol

Neurólogo, neurofisiólogo clínico, investigador en neurociencias, ensayista, cuentista y novelista. Ha escrito Ni el reino de otro mundo (1991), El féretro de cristal (1992), La esposa de Martín Butchel...


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