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NUEVA ÉPOCA NÚM. 125 JULIO 2014 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Luis Villoro
Ciencia y sabiduría


Pedro Stepanenko Gutiérrez
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 125| Julio 2014| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Stepanenko Gutiérrez, Pedro , "Luis Villoro
Ciencia y sabiduría" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Julio 2014, No. 125 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=779&art=16243&sec=Art%C3%ADculos > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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A partir de un ensayo de Luis Villoro escrito en 1959, Pedro Stepanenko, investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM, aborda los razonamientos que el filósofo mexicano recientemente fallecido desarrolló en torno a las diferencias entre la ciencia y la sabiduría, y enlaza esta constante reflexión con el compromiso político que distinguió la conducta ciudadana del autor de Creer, saber, conocer.

En 1959, el Seminario de Filosofía Moderna, que dirigía José Gaos en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, organizó un homenaje a Edmund Husserl para celebrar el centenario de su nacimiento. La obra de Husserl en la que se centró este evento fue La filosofía como ciencia rigurosa y entre los alumnos de Gaos que participaron se encontraban Alejandro Rossi, Emilio Uranga y Luis Villoro. A pesar de su ausencia, muchos años después, en 1991, Fernando Salmerón destacaría este evento como el primer paso de la recepción de la filosofía analítica en México, una recepción preparada, a juicio de Salmerón, por la fenomenología, en la medida en que ambas orientaciones exigían de la filosofía una investigación objetiva. El texto que Alejandro Rossi presentó en esa ocasión fue quizás el principal motivo para darle esa significación a ese homenaje. Rossi sugiere en él que los ataques de Husserl a la filosofía como concepción del mundo y la críticas de Wittgenstein, Reichenbach o Feigl a los sistemas filosóficos tradicionales nos advierten el mismo peligro: el de precipitarnos en la esfera de lo teórico para satisfacer preocupaciones vitales.

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Luis Villoro
©Javier Narváez

La ponencia de Luis Villoro, “Ciencia radical y sabiduría”, estaba orientada en una dirección muy distinta; en algún sentido seguía una dirección opuesta a la de Rossi. Villoro cuestiona ahí la diferencia tajante que Husserl establece entre la filosofía como ciencia rigurosa y como sabiduría o concepción del mundo. La principal razón para cuestionar esta diferencia tajante es que la elección de la filosofía como ciencia debe tomarse en una esfera valorativa, propia de la sabiduría.

La elección de la filosofía como ciencia frente a la filosofía como concepción del mundo no puede ser dictada por la ciencia. La ciencia realiza —como dice Husserl— valores en cierto respecto superiores a los de la sabiduría. Mas la decisión de realizar la filosofía como ciencia debe fundarse en la estimación preferencial de esos valores sobre los valores de la sabiduría. […] la elección de la filosofía como ciencia implicará una decisión de saber y una estimación previas a la realización de dicha ciencia y que, por lo tanto, no parten de ella.

Esta relación práctica entre filosofía como sabiduría y como ciencia no debe, sin embargo, borrar sus diferencias:

de realizarse la filosofía como ciencia, esas motivaciones de sabiduría en nada menguarían la validez de la ciencia, pues no forman parte de la estructura de fundamentación de la filosofía científica. Con todo, la realización de la filosofía como ciencia resultaría, a la par, cumplimiento de una forma de sabiduría. Si desde la perspectiva de la ciencia, la sabiduría puede verse como “realización imperfecta de la ciencia en el tiempo”; desde la perspectiva de la sabiduría, la ciencia podría considerarse como realización de una forma de sabiduría.

Quienes estén familiarizados con la obra de Villoro recordarán la importancia que le otorga a la diferencia entre ciencia y sabiduría en Creer, saber, conocer, 23 años después del texto que acabo de citar. En este libro enfatiza que ciencia y sabiduría son dos tipos de conocimiento cuya legitimidad y límites deben ser plenamente reconocidos, so pena de conducir a la intolerancia. Pero, al igual que en el texto de 1959, sostiene que el reconocimiento de sus propias esferas no significa que no estén relacionados. Desconocer esta relación —sostiene en Creer, saber, conocer— equivale a fomentar una ciencia desvinculada de intereses humanos y encubrir una forma de dominación. Sobre este último punto volveré más adelante. Antes quiero detenerme en los orígenes y en la caracterización de esta diferencia.

Como recordarán, Villoro caracteriza a la ciencia como un conjunto de conocimientos compartidos por una comunidad epistémica, un conjunto de enunciados objetivamente justificados, es decir, justificados por razones accesibles a cualquier miembro de esa comunidad. La sabiduría, en cambio, es un conocimiento basado primordialmente en la experiencia personal que no se puede transmitir mediante razones objetivamente suficientes. La primera tiene que ver con asuntos teóricos y abstractos que pueden ser útiles a cualquier persona independientemente de su actitud hacia la vida. Le interesan los objetos singulares en la medida en que representan relaciones entre conjuntos de objetos que pueden expresarse en enunciados generales. La segunda, en cambio, tiene que ver con asuntos prácticos, con actitudes morales y encarna una forma de vida que presupone una concepción del mundo, una visión global que le otorga sentido a nuestra existencia. Es conocimiento acerca de los fines y de los valores de nuestras acciones que pretende captar la vida en su especificidad. La manera en que se conforma una comunidad que comparte una sabiduría, una concepción del mundo, no tiene que ver con presentar pruebas que deban aceptar los miembros de esa comunidad, sino con la formación en una cultura, en una forma de vida.

Esta diferencia entre ciencia y sabiduría tiene su historia y vale la pena indagar sus fuentes para comprender el espíritu crítico con el cual Villoro abordaba cualquier corriente filosófica y la manera en que podía echar mano de ciertos planteamientos sin importarle las etiquetas y los prejuicios con los cuales una visión superficial de la filosofía desecha ideas valiosas. Lo primero que quiero señalar es que la importancia que le dio a la diferencia entre ciencia y sabiduría es algo que compartió con varios de sus contemporáneos, en particular con su amigo y colega Fernando Salmerón. Ambos fueron alumnos de José Gaos, quien distinguía filosofía y ciencia más o menos en esos términos: la filosofía era para él un saber inspirado en experiencias personales que pretendía ofrecer una visión del objeto más concreto que podemos pensar, la realidad en todos sus aspectos, pero que, precisamente por albergar semejantes pretensiones, tenía que fracasar y resolverse en confesión personal. En contraste con la filosofía, la ciencia era objetiva pero solo alcanzaba a ofrecernos una visión abstracta de la realidad en la medida en que tomaba de los objetos singulares solo aquello que puede expresarse en leyes generales. Esta distinción a su vez estaba inspirada en la diferencia que el joven Ortega y Gasset, maestro de Gaos, veía entre ciencia y arte como dos intentos por entender la vida: uno mediante la búsqueda de leyes generales que solo logra ofrecer una visión abstracta a la que llama “naturaleza”; otro, el arte, que intenta captar lo específico mediante ficciones. Creo que esta es la primera fuente de la diferencia entre ciencia y sabiduría que compartieron Villoro y Salmerón.


   
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Pedro Stepanenko Gutiérrez

Director del Instituto de Investigaciones Filosóficas (IIF) de la UNAM, para el periodo 2012-2016. Es doctor en Filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México y realizó estudios de doctorado en la...


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