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NUEVA ÉPOCA NÚM. 125 JULIO 2014 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Elena Poniatowska
La princesa que se la jugó con México


Héctor Vasconcelos
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 125| Julio 2014| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Vasconcelos, Héctor , "Elena Poniatowska
La princesa que se la jugó con México" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Julio 2014, No. 125 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=779&art=16244&sec=Art%C3%ADculos > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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El 25 de marzo pasado, Elena Poniatowska recibió la Medalla Bellas Artes. En esta oportunidad, Héctor Vasconcelos reflexionó en torno al significado que tuvo para la literatura y el periodismo de México el hecho de que la autora de La noche de Tlatelolco haya tomado la decisión vital de desvincularse de su clase social para dar voz a los marginados del país.

 

Mucho se ha hablado, y se hablará aún más, de Elena Poniatowska, la escritora, la periodista, ahora que ha recibido el premio Cervantes de literatura.

Yo quisiera referirme a algo más privado, pero que a la vez tiene repercusiones públicas. Me refiero a las opciones de vida que Elena tuvo, a las elecciones que, consciente o inconscientemente, uno hace en la juventud y que determinan la vida.

Desde muy joven, casi desde que era adolescente, Elena optó por una vida distinta a aquella para la que había sido programada. En vez de una existencia elitista, regida por convenciones de clase y acotada en sus horizontes a lo que esa clase determina, Elena escogió involucrarse con la curiosidad intelectual, el mundo de la inteligencia y finalmente con México, su encrucijada, sus heridas y sus mejores causas.

Porque conozco muy bien el medio en que ella nació, sé que en esos círculos no es bien visto que alguien, menos aun una mujer, se interese por algo que vaya más allá de sus circunstancias y conveniencias inmediatas, es decir, en el caso de una mujer en los años cincuenta del siglo pasado, el matrimonio y el desempeño adecuado de un rol social. A quienes desarrollan alguna vocación, algún interés apasionado por algo, así se trate de una vocación estética o aun filantrópica, se les describe con toda condescendencia y no poco sarcasmo como alguien que es “muy intenso”. Se sigue en esos lares aquella norma de las clases altas anglosajonas que determina que una persona “bien” sólo debe aparecer en los periódicos (léase en las secciones de sociales) tres veces durante la vida: cuando nace, cuando se casa y cuando muere. ¿Para qué habría que buscar notoriedad alguna si ya se está en la cima? ¿Para qué si el apellido de alguien es lo que determina su ubicación en la sociedad? Cualquier deseo de desarrollarse en alguna profesión más allá de lo indispensable es visto con sospecha como signo de ambición arribista o trastorno de la personalidad.

Conozco a otros miembros de la familia de Elena que sólo buscaron un horizonte personal, un destino relativamente convencional. Elena, en cambio, se involucró con su país de residencia, con causas sociales, con individuos extraordinarios, con una vocación: el periodismo y la literatura. Para ello se requería valor, talento, pero sobre todo, imaginación.

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Elena Poniatowska, con Juan Ramón de la Fuente y Juan Villoro en el Palacio de Bellas Artes
©CONACULTA

Porque se requiere imaginación para ir más allá de las convenciones de clase propias, más allá de mantener el estatus y el dinero a través de un matrimonio de conveniencia, para buscar otros horizontes y encontrar otros sentidos a la vida. Es evidente que Elena se fascinó con los personajes y los distintos medios que conoció a través de sus entrevistas y crónicas tempranas. Eligió ser libre y dar voz primero y luego comprometerse con causas que nada tenían que ver con el mundo de su infancia y primera juventud. No hay causa o asunto significativo en el México del último medio siglo con el que Elena Poniatowska no se haya comprometido: las luchas ferrocarrileras y sindicales de los años cincuenta; el 68; el terremoto del 85 y sus secuelas; los derechos humanos y los de las minorías; las batallas feministas; las luchas por la democracia electoral; el apoyo consistente a la causa de Andrés Manuel López Obrador y el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) son, en apretado recuento, algunos hitos en su trayectoria. Su apoyo a López Obrador, sostenido a pesar de toda suerte de presiones públicas y privadas, da muestra de una mujer que, lejos de la fragilidad que algunos observan en ella, ostenta un gran carácter. En suma, una mujer con brújula. La historia no olvidará que en estos aciagos días en que el subsuelo de México ha sido puesto en subasta, Elena Poniatowska ha estado en la primera línea de defensa del patrimonio nacional.

Esas luchas y esas militancias no desgastaron ni agotaron a Elena. Por lo contrario, la han alimentado y engrandecido. Ha llegado a los 82 años sin haber cedido, como otros, a la tentación de convertirse en intelectual orgánico del sistema que expolia a México.

Vuelvo al inicio de estas reflexiones. ¿Por qué una princesa franco-polaco-mexicana, avecindada en México desde la niñez, habría de asumir esos compromisos y al mismo tiempo dar voz a seres sin voz (llámense Jesusa Palancares o Angelina Beloff), y también dar testimonio de los muertos y heridos de Tlatelolco? Esencialmente, porque Elena tiene imaginación —y compasión—. Elena es sensible al predicamento del otro. Y para ella el otro incluye a todos los seres humanos, los animales y las plantas. Su casa —llena de flores, gatos y un perro— nos lo recuerda. Elena dio voz y testimonio a esas vidas que acaso hubieran quedado anónimas y las convirtió en literatura, esa literatura testimonial que, a la manera de Balzac o Mann, da cuenta de una época, una comunidad, un segmento de la sociedad, o bien un individuo único e irrepetible. Son esas cualidades las que la vuelven entrañable para cualquier mexicano inconforme con la atroz desigualdad que nos circunda como el esmog, cualquiera que se indigne con la ruina política y moral que, disfrazada de modernidad tecnocrática, carcome a la nación.

Las escritoras y periodistas de excelencia son numerosas; pero escritoras con el grado de compromiso social de Elena Poniatowska, no se me ocurre que exista otra. Por eso se ha convertido en un icono de la cultura mexicana contemporánea. Y por eso deseamos muchos años fructíferos, mucha salud, y muchos premios y medallas más para nuestra atesorada Elena.


   
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Héctor Vasconcelos

Nació en 1945. Diplomático. Estudió ciencias políticas y relaciones internacionales en la Universidad de Harvard, la Universidad de Oxford y la Universidad de Cambridge. Fue profesor de la Facultad de...


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