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NUEVA ÉPOCA NÚM. 125 JULIO 2014 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Narrar desde el sufrimiento


Mayra González
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 125| Julio 2014| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

González, Mayra , "Narrar desde el sufrimiento" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Julio 2014, No. 125 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=779&art=16255&sec=Rese%C3%B1as > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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El pretexto de la novela es tan simple como efectista: ¿qué se requiere para mudar un pueblo? Esto de inmediato levanta nuevas preguntas que buscan respuesta en estas páginas. Hoy en día, en nuestro país, cuando una minera encuentra un nuevo yacimiento ubicado bajo un pueblo, hace lo necesario para excavar justo ahí, aunque el pueblo deba ser mudado. Esto no es nuevo y, en realidad, tampoco parte de la inventiva del autor. Es una idea surgida de una plática en la que se mencionó el hecho. Así pues, todo el efectismo que puede radicar en ese pretexto no parte de la pluma de Jorge Alberto Gudiño Hernández. Él tan solo se aprovechó de una circunstancia ajena, de una idea volcada como sin querer, para armar, a partir de ella, una novela.

Pero una novela no es solo su pretexto. Es cierto, muchos teóricos apuntan hacia el detonador como parte fundamental de lo narrado. Sobre todo, cuando los inicios son contundentes o cuando las ideas tienen altos niveles de recordación. Insisto: la idea de la mudanza de un pueblo resulta atractiva por sí misma. Más, si se le suman los componentes sociales que hacen eco de la miseria de los habitantes del lugar, de las condiciones infrahumanas de quienes trabajan en las minas. Y algo de todo eso se encuentra en Instrucciones para mudar un pueblo. Pero la novela va más allá de esos pretextos.

A partir de una estrategia narrativa que apunta a la brevedad, Gudiño establece varios planos narrativos. Cada uno de ellos protagonizado por diferentes habitantes del pueblo en cuestión; dos más focalizados sobre dos personajes externos. Así, se amplían las perspectivas. Ya no es la mudanza un abstracto sobre el que se teorizará. Al contrario, ahora se acumularán las historias personales de más de una decena de personajes que viven, de una u otra forma, sus propios duelos. Incluso aquellos a quienes la mudanza les significa una esperanza y no una pérdida.

Entonces podremos encontrarnos con la historia de un viejo que camina al lado de su nieto idiota, urgido por mandar una carta con su nueva dirección. También habrá un sacerdote que, víctima de las circunstancias, descubre que es más sencillo fundar una nueva religión que seguir profesando una fe en la que no cree. Hay una cantante afónica que, antaño, se propuso cantar en cada uno de los pueblos de la comarca minera. Ahora espera un milagro que le permita alzar la voz cuando se hayan mudado. Los personajes se acumulan: un enamorado que conmueve por su inocencia, un vendedor que va de pueblo en pueblo, un enfermo terminal, un niño que espera a que su padre regrese del otro lado e, incluso, un perro. Todos ellos con una historia dolorosa a cuestas. Cierran el elenco un asesino profesional que busca morir de tristeza y un licenciado dispuesto a cualquier cosa con tal de triunfar.

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Si el pretexto de Instrucciones para mudar un pueblo era la propia mudanza, el hilo conductor de la novela es el sufrimiento. Jorge Alberto Gudiño plantea personajes con una psicología compleja, falibles por donde se les vea. Y es a ellos a quienes hace sufrir al margen de la desaparición de su pueblo. Es cierto, algunos observan con odio al licenciado cuando, tras haber hecho todo el papeleo, se divierte destruyendo las casas ya abandonadas, para evitar que los antiguos dueños vuelvan a ellas. Sin embargo, ese solo es un primer nivel del dolor. Uno que se instala en la mayoría de los habitantes. Los otros, mucho más profundos, tienen que ver con la historia particular de cada uno de los involucrados. Así, se pasa del patetismo a la tragedia. Y es ahí donde la novela se vuelve conmovedora.

Conocedor de su oficio, el autor supo elegir una estrategia narrativa que articulara el dolor y la violencia sin regodeos, abriendo incluso una breve hendidura para la esperanza. Pese a la densidad narrativa de lo que se cuenta, la novela se deja leer de golpe, casi sin pausas. Si acaso el lector regresa, es para intentar descubrir el secreto oculto entre las frases cortas, en oraciones que parecen más salidas de un poema que de una novela.

Forma y fondo se combinan para abrir el cauce de la mudanza plena. Es necesario volver a los pretextos. Es en ellos donde se descubrirá que la idea original de la novela ha llegado a buen puerto. Sobre todo, porque la narración no es lineal, porque las instrucciones no son precisas, porque el hecho concreto de la mudanza se convierte en una abstracción cuando es medida por el conflicto interno de los personajes. Hacia el final, la desolación persiste: en el pueblo que está por desaparecer, con sus muertos y su tristeza; en el pueblo que se ha fundado, con sus esperanzas marchitas de tan gastadas. Leer Instrucciones para mudar un pueblo es, entonces, ubicarnos a nosotros mismos en la parte más dolorosa y más legítima de nuestras propias mudanzas.

 

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Jorge Alberto Gudiño Hernández, Instrucciones para mudar un pueblo, Alfaguara, México, 2013, 172 pp.


   
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Mayra González

Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad Intercontinental, en esa misma institución cursó la maestría en Administración y Mercadotecnia. Es conductora de “La Tertulia”, revista literaria que se...


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