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NUEVA ÉPOCA NÚM. 125 JULIO 2014 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Los raros
El amable desarme del Yo


Rosa Beltrán
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 125| Julio 2014| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Beltrán, Rosa , "Los raros
El amable desarme del Yo" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Julio 2014, No. 125 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=779&art=16262&sec=Columnistas > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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“Toda época tiene sus enfermedades emblemáticas”, dice Byung-Chul Han, el filósofo coreano residente en Alemania que ha revolucionado el pensamiento y cambiado la percepción que tenemos de nosotros mismos. La nuestra no es una época caracterizada por las enfermedades bacterianas ni virales. Nuestro tiempo está marcado por la enfermedad neuronal. Depresión, trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), trastorno límite de la personalidad (TLP), síndrome del desgaste ocupacional (SDO), todo ello como resultado de soñar el sueño del alto rendimiento. Ya no luchamos, como Sísifo, contra una realidad que se nos viene encima en cada intento; ya no buscamos medidas inmunológicas para combatir a aquello que amenaza. Estamos cansados.

Frente a épocas en que el pensamiento estaba regido por el mundo de los opuestos y aquello que representara lo otro era combatido a través de un esquema inmunológico, hoy el paradigma cambió. Nuestra época se caracteriza por la desaparición de la otredad y por su “normalización”. La explicación que da Byung-Chul Han es lógica: el paradigma inmunológico, es decir, el rechazo de lo diverso no es compatible con el proceso de  globalización.

Aceptar la diferencia se ha vuelto parte natural de la vida en Occidente, si no de pensamiento, al menos de palabra y obra. Esto no sólo se debe a que expresar lo contrario es visto como falta de corrección política, sino a una asimilación que se da a través de eficaces formas de consumo. Para muestra, un botón. Pensemos en el éxito que ha tenido Conchita Wurst en el festival Eurovisión. Conchita, un travesti (drag persona) que encarna la feminidad y el glamour a través de pelucas y vestidos vaporosos, lleva también barba para hacer ostensible la contradicción. Thomas, Tom, Neuwirth, quien encarna a Conchita, no sólo se “ha ganado el corazón de Europa”, según dicen las noticias y la multitud de talk shows a los que ha sido invitada, sino que ha impulsado el turismo en Austria a partir de su triunfo. Grupos numerosos acuden ahora a visitar un museo que exhibe una escultura de la primera mujer barbada: un Cristo vestido como una dama renacentista conocida como Santa Wilgefortis. La avalancha de turistas provocó que el director del museo, Tiny Kurz, expresara su deseo de que Conchita los visite y dado el éxito mundial de la convocatoria, ha considerado hacer de esa pieza una exposición itinerante.

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Conchita Wurtz
©imagebeautygeek.com

Que “aceptemos” lo diferente o tengamos deseos semejantes como sociedad, no quiere decir que todos tengamos acceso a lo mismo. Lo que compartimos es una convicción común: la idea de que somos o podemos ser el sujeto de alto rendimiento construido por imágenes y discursos. Alguien que cree que puede todo (“yes, we can”), pero que a la vez se siente fracasado y deprimido. Alguien que al pensar que “nada es imposible” está continuamente en guerra consigo mismo.

Y bien, ¿qué hemos hecho del animal laborans todomoderno? Un sujeto que se cree en libertad cuando de hecho se halla encadenado por la idea de la competencia y el consumo. Un individuo hiperactivo e hiperneurótico. Un ser convencido de que sólo “será” en la medida en que “dé lo mejor de sí”; a condición de que se convierta, nos convirtamos en súper mujeres y súper hombres. Individuos multitareas, multipantallas, multiamigos.  Prometeo luchando contra sí mismo, preso de un cansancio infinito.

La diferencia con épocas anteriores es que la explotación ya no viene de fuera o no solamente. Ahora somos víctimas de la autoexplotación. No es raro, por tanto, que estemos agotados.  

Y en cuanto a la motivación que nos ha llevado a ser lo que somos, la cosa parece ser más extraña aún. Como el individuo contemporáneo ha perdido o renunciado deliberadamente a sus narrativas sobre el mundo (historias como la religión, por ejemplo, que nos daban una idea de duración o pervivencia más allá de la vida), esas formas de entereza ya no nos sirven. “La desnarrativización del mundo,” dice Byung-Chul Han, “refuerza la sensación de fugacidad: hace la vida desnuda”. De modo que la vida de hoy en día es la del homo sacer, la de quien ha sido excluido o arrojado a los márgenes, sólo que en este caso se trata de los márgenes de nosotros mismos.  Y todo por voluntad y sin esperanza de parar. “En esta sociedad de obligación cada cual lleva consigo su campo de trabajos forzados”.

Ahora bien, ¿cómo poner fin a este castigo autoimpuesto? ¿Cómo detener el vértigo en que nos hemos sumergido? El brillante polemista de La sociedad del cansancio quien, pese a su complejidad, se ha vuelto best-seller más allá del ámbito filosófico, propone un remedio homeopático. Atender al “día del no”. El día del tiempo que no tiene un para qué. No un cansancio del Yo agotado, sino un estado que nos devuelva el asombro del mundo.


   
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Rosa Beltrán

Nació en la ciudad de México el 15 de marzo de 1960. Novelista, cuentista y ensayista. Estudió la Licenciatura de Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM y el Doctorado de Literatura Comparada en la...


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